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Un espacio para aprender que no es necesario ser una empresa grande para ser una Gran Empresa
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Una vez superada la creación de la empresa, con todos los trámites y pegas que ya conocemos, el emprendedor puede encontrarse en una extraña situación.

Ya no hay problemas administrativos que resolver, ya no hay gobierno al que culpar; es como el barco que se ha alejado de la costa y ahora sólo avista mar por todos los lados.
 

Después de todo, la empresa sólo se crea una vez, pero sobrevivir en el mercado es algo que debe hacerse cada día. En esta etapa es cuando más útil va a resultar el Plan de Empresa. Ahora es cuando mostrará su utilidad como herramienta de planificación y, sobretodo, de trabajo.

Sin otros referentes a la vista, el Plan de Empresa es la carta de navegación en este nuevo medio. 

Según los estudios realizados, dado un conjunto de nuevas empresas, por ejemplo 100 nuevas empresas, estadísticamente irán fracasando por diversos motivos a un ritmo de un 10% anual. Así el primer año sobrevivirán un 90%; el segundo, sólo quedarán el 80%. A los 5 años, tan sólo el 50% de las nuevas empresas seguirán en funcionamiento.

Independientemente de la validez estadística de estos estudios, lo importante es darse cuenta de que crear la empresa, con todas sus dificultades, no es más que el primer paso de la aventura. Y que haber creado la empresa y llegar a los 12 meses de vida, por ejemplo, no es mayor garantía de éxito.

Sólo demuestra que una vez se pudo crear una empresa en unas condiciones determinadas, pero no dice nada del futuro.
 

Peligros que pueden surgir.
 

En este nuevo entorno la nueva empresa deberá encarar una serie de peligros que pueden afectar gravemente al proyecto. Conocer algunos de ellos es una buena manera de, al menos, verlos venir para poder obrar con un cierto margen de maniobra.
 

Muchos de los peligros que pueden surgir en el nuevo proyecto se caracterizan por una falta en alguno de los aspectos claves de la empresa. A continuación, se comentan algunos de estos peligros. Desde luego, la lista no es exhaustiva, así que siéntase el lector-emprendedor totalmente libre para crear y añadir sus propios peligros y ponerlos en su propio camino. Aquí no hay límite para la imaginación.
 

Falta de recursos.
 

La falta de capital suficiente para superar los primeros meses (o años, depende del proyecto) hasta que la empresa genere con vigor sus propios recursos es una de las causas principales de fracaso. De ahí la necesidad de calcular con la máxima exactitud posible el capital que será necesario, y no limitarse a aportar el mínimo capital posible.
Y no sólo el capital inicial es importante. Hay que darle el relevo lo antes posible y conseguir que la empresa genere sus propios recursos vía el margen obtenido de las ventas y el beneficio final después de restar los costes.
 

Falta de control de costes.
 

En la primera fase de la nueva empresa se deben realizar muchas inversiones, normalmente cuantiosas. Esto puede crear una cultura de “gasto necesario para la empresa” que lleva a la empresa a no controlar el gasto, y menos aún la necesidad de éste y el rendimiento obtenido posteriormente por ese gasto o inversión.
 

Falta de control de tesorería.

  Si algo mueve una empresa es el dinero disponible. Y quedarse sin dinero en la empresa por infinidad de motivos es una causa clara de fracaso. El control y la planificación de la tesorería es fundamental para el nuevo proyecto, especialmente, si este empieza a tomar velocidad.
 

Falta de ventas.
 

Lógicamente, unas ventas insuficientes y por tanto una generación de recursos insuficientes para los costes que debe atender la empresa acabarán tarde o temprano agotando los recursos de la empresa.
 

Exceso de ventas.
 

Y curiosamente, un exceso de ventas puede terminar también con los recursos financieros de la empresa. Bien sea por la aceptación de proyectos demasiado ambiciosos o arriesgados para los que la nueva empresa no está preparada, bien sea por la entrada “forzada” en una nueva actividad o simplemente por el coste financiero que representa absorber esas nuevas ventas, se puede llegar a morir, literalmente, de éxito.
 

Falta de delegación.
 

Uno de los factores clave para el desarrollo de una empresa es la creación de un equipo no sólo directivo sino literalmente a nivel de toda la empresa. Y así, si la “dirección” no sabe, puede o quiere delegar convenientemente en el resto del equipo, la capacidad de desarrollo del proyecto estará claramente limitada.
 

Falta de motivación.
 

Superada la puesta en marcha algunos emprendedores pueden llegar a perder el interés en el proyecto. Después de todo, ahora “sólo hay que trabajar” en lugar de crear.
También puede darse el caso que los roces personales entre los miembros del equipo emprendedor empiecen a adquirir consistencia ahora que se ha superado el primer objetivo en el que todos estaban de acuerdo: crear la empresa. Pero ahora hay que decidir hacia donde dirigirse y eso puede ser fuente de problemas que desvíen la atención de los objetivos del proyecto.
 

Factores que ayudan a sobrevivir.
 

Vistos algunos de los peligros “clásicos” a los que puede tener que enfrentarse el nuevo proyecto, podemos evaluar unos pocos factores claves que ayuden a alcanzar esa supervivencia que tanto deseamos.
 

Recursos.

Aparte de la necesidad de disponer de capital suficiente para garantizar un mínimo de supervivencia, generar recursos por la propia empresa es la estrategia básica y a veces olvidada que todo proyecto debería seguir. Para esto es necesario determinar convenientemente el nivel de precios y el nivel de beneficios con la finalidad de intentar garantizar el desarrollo del proyecto.
 

Formación.

Los estudios realizados en este punto son concluyentes, si alguna diferencia está clara entre emprendedores que no consiguen sacar adelante su proyecto y los que sí lo consiguen, esa diferencia es la formación.

Esto no significa que se deba necesariamente hacer un “master” para poder sacar adelante una empresa. Sin embargo, un emprendedor interesado en aprender contínuamente sobre su negocio, que se forma en gestión de empresas, tiene más probabilidades de éxito que otro que no lo haga. Es puro sentido común.
 

Información.

Una de las razones clásicas a las que atribuir el fracaso de un proyecto es a la situación económica adversa. Sea cierto o no para cada proyecto en particular, ya no vivimos en la época de las cavernas y la información acerca del estado de la economía fluye constantemente y está a disposición de todo emprendedor. Como también está a su alcance el saber que hace la competencia o que piden los clientes.
 

Supervivencia, éxito y fracaso.

Finalmente, conviene caer en la cuenta de un pequeño detalle:

 supervivencia no equivale a éxito.

La supervivencia es sólo un requisito previo para alcanzar el éxito (entendido como el cumplimiento de los objetivos establecidos). Pero se puede sobrevivir y, sin embargo, sentir que el proyecto ha fracasado.

Si no se cumplen los objetivos que inicialmente se perseguían (crecimiento, cuota de mercado, nivel de beneficios, etc. los que sean) la supervivencia en sí no habrá aportado nada al proyecto.
 

Análogamente, el fracaso en un proyecto no debe ser el fin de la ambición emprendedora de una persona. Las historias acerca de algunos de los emprendedores de más éxito demuestran que muchos de ellos alcanzaron éxito, después de haber fracasado en anteriores aventuras.
 

En definitiva, la supervivencia no es más que el segundo paso después de la creación de la empresa. Mucho más complejo que el primero, y por tanto mucho más difícil y, qué demonios, más fascinante.

 Y por cierto, esta etapa nunca acaba.

Ya no existen empresas “seguras”.

Toda una buena noticia para los nuevos emprendedores.

(Fuente: Odisea Web   http://www.odiseaweb.com/)

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Comentarios (0)

  1. Estimado Juan Carlos:
    Coincido plenamente con tu texto y por mi parte quiero añadir que los emprendimientos requieren Espíritu Empresarial, que es un comportamiento crítico para lograr el avance hacia la prosperidad y que, afortunadamente, lo podemos encontrar en muchas pequeñas empresas.
    Empresario no es solo aquel que tiene un negocio, más bien es alguien que sabe ver en el mercado una necesidad no satisfecha. Es aquel que descubre una manera rentable de satisfacer esa necesidad y organiza los recursos y personas para entregar el mejor valor posible a los clientes.
    Por lo general se define al empresario como alguien que tiene una empresa, pero a veces le falta visión, tiene mente estrecha, su innovación es cero y no proporciona un exquisito servicio al cliente.
    El espíritu empresarial requiere, además de la independencia y la creatividad, la individualidad y el riesgo. Corresponde a alguien que no quiere ser atrapado en un trabajo, pero porque tiene un espíritu pionero. No solo tiene un sueño, sino que es capaz de seguirlo y seguirlo, hasta conseguirlo. Es una mezcla de cabeza en las nubes y los pies en el suelo.
    ¿Dónde voy y cómo voy a llegar?
    Además de poner todo su corazón y alma en ello, necesita la perseverancia.
    El espíritu empresarial es una forma de vida.

  2. egarias dice:

    Gracias por compartir esta información, hemos estado trabajando sobre información de empresas, aqui te indico nuestro último proyecto Empresas y Administradores Un saludo

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