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Si preguntásemos al líder de una organización en qué consiste su trabajo, muy probablemente nos respondería que en tomar decisiones, diseñar estrategias y administrar procesos, recursos y personas. Ciertamente, un líder hace todo esto…
                        Pero bajo estas tareas existe una fundamental, de la cual muchos líderes no son conscientes: la generación de compromisos. Desde que llega a la empresa hasta que se retira al finalizar la jornada, un líder establece permanentes compromisos: con el personal, con los clientes, con sus colegas, con los socios del negocio, con la competencia, con la comunidad en su conjunto… y con él mismo!
                        Un compromiso es un acto que obliga a realizar una determinada acción -o a seguir una determinada conducta- en el futuro. De alguna manera, un compromiso es un “mensaje” que se envía del presente hacia el futuro. Por ejemplo, en el matrimonio una pareja se “obliga” a amarse durante toda la vida. Asimismo, cuando se firma un contrato laboral, tanto el empleador como el empleado están diciendo que cumplirán con su parte durante el tiempo que fije ese acuerdo.

                        Los compromisos pueden ser de dos tipos: explícitos o tácitos. Los explícitos son aquellos evidentes, que consisten en decir “me comprometo a….”, en firmar un contrato, o en realizar una promesa. Los tácitos -en cambio- no son tan evidentes, porque se esconden detrás de otros actos.
                        Es importante comprender los compromisos tácitos, porque son tanto -o más- frecuentes en el trabajo de un líder que los explícitos. Con cada decisión que toma y cada estrategia que define, un líder compromete -de manera tácita- a su organización a comportarse de determinada manera en el futuro. Así, cuando invierte en una tecnología, entra a un nuevo negocio, incorpora un innovador método de producción, contrata o despide personal, o se asocia a otra compañía, está generando compromisos. Con cada una de sus gestiones, el líder no sólo establece compromisos explícitos (por ejemplo, la firma de contratos), sino también compromisos tácitos hacia determinado paradigma, proyecto o visión de empresa.
                        Un líder también se compromete cuando crea y refuerza las estructuras y los sistemas organizacionales. Por ejemplo, si implementa un sistema de medición del desempeño, o de remuneración, está comprometiéndose (e induciendo una obligación en el personal) a actuar de determinada manera y a obtener ciertos resultados.
                        Finalmente, a través de sus diferentes comunicaciones internas y externas, un líder crea compromisos. Por ejemplo, en una declaración pública puede comprometer a su organización en determinada dirección, simplemente por anunciar una alianza, ofrecer ayuda a la comunidad, o mostrarse a favor -o en contra- de terminada tendencia de la industria. También, en algo tan trivial como puede parecer un discurso de fin de año, un líder puede comprometerse con determinada “visión” ante el personal de la compañía.
                        Todas éstas son formas de compromisos tácitos que están presentes en el trabajo diario de un líder, aunque pocos lo adviertan.
                        Crear compromisos -tanto explícitos, como tácitos- reporta beneficios para un líder y para su organización. Un compromiso contribuye con el logro de la misión, la visión, los valores y la estrategia de una organización, tanto externa como internamente. Puede inclinar a los clientes a comprar un producto, desalentar a la competencia de ingresar en determinado mercado y atraer socios al negocio. Además, puede aumentar la confianza y la moral del personal y orientar su atención hacia aquellas actividades que generan valor.
                        Sin embargo, los compromisos también implican riesgos, ya que un líder puede sentirse obligado a persistir en un curso de acción, a pesar de que las circunstancias exijan un cambio de dirección. Cuando esto sucede, toda la organización puede resultar perjudicada. Más de una vez escuchamos líderes que deben “desdecirse” y organizaciones que rompen compromisos por una cuestión de supervivencia (por ejemplo, despiden empleados). Estas situaciones son altamente inefectivas, porque arrastran un costo operativo, estratégico y -sobre todo- ético, ya que restan credibilidad a un líder y a su organización.
                        Uno de los mayores peligros que encierra un compromiso es perpetuar una creencia o una visión de la realidad, más allá de su “ciclo de vida”. La mayoría de los compromisos que genera un líder (especialmente aquellos tácitos) responden a algo que él cree o ve, que le lleva a actuar de determinada manera. Sin embargo, esas ideas pueden ser erróneas, o perder sentido con el paso del tiempo. Por ejemplo, tal vez un líder haya comprometido -en actos y en palabras- a su organización a trabajar bajo determinada estructura y con procesos definidos de cierta forma, creyendo que ese era el “modelo” de organización correcto, o que esas “fórmulas” perdurarían por siempre. Ante cambios en el entorno, esos compromisos pueden atentar contra el sostenimiento de la organización.
                        El permanente cambio que viven las personas, organizaciones y comunidades, obliga a los líderes a prestar mucha atención a los compromisos que realizan, en especial a aquellos tácitos. Lamentablemente, esto no sucede a menudo porque -atrapados por las presiones y problemas cotidianos- muchos líderes descuidan las consecuencias de sus acciones presentes en el futuro. Concretamente, no advierten los condicionamientos a largo plazo que impone ese accionar. Es decir, no toman conciencia del tipo de compromisos que crea cada acción que realizan.

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                        Cuando los líderes comprenden que prácticamente todas sus acciones encierran compromisos, comienzan a verlas como “mensajes” que envían del presente hacia el futuro: cada cosa que hacen hoy, dice algo que resonará mañana y que condicionará aquello que hagan mañana.

                        Todo líder que desee actuar responsablemente y evitar problemas en el futuro, debe preguntarse, día a día: ¿A qué me obligan mis acciones actuales? ¿Qué tipo de futuro estoy construyendo con este presente? ¿Qué está diciendo… aquello que estoy haciendo? ¿Con qué estoy comprometiéndome? Comprender los compromisos que se asumen y las condiciones bajo las cuales se asumen… es practicar un liderazgo comprometido.

                                
                              Fuente: El club de la Efectividad.

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Comentarios (4)

  1. Leo Molina dice:

    muy buena informacion, gracias

  2. Elizabeth dice:

    Hola,
    Espectacular la información dispuesta en esta página, que resulta muy útil para entender que un líder no es solo una persona que tiene cualidades, sino que además asume una gran cantidad de responsabilidades con las cuales se compromete. de verdad, ¡gracias!

    • juancarlos dice:

      Muchas gracias por tus participacion Elizabeth
      Asi es, un lider asume responsabilidades de manera continua y lo hace de modo natural, esta en su ADN
      Recibe un cordial saludo
      JC

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