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¿Cómo pueden el dominio personal y el aprendizaje florecer en el trabajo y en el hogar?
 
En 1990 una nota de tapa de la revista Fortune, titulada “¿Por qué óptimos ejecutivos son pésimos padres?”, observaba que los hijos de los ejecutivos de éxito muestran mayor tendencia a sufrir ciertos problemas emocionales y de salud que los hijos de padres “de menor éxito”.

Por ejemplo, un estudio realizado en Michigan por la institución Ann Arbor descurió que el 36 por ciento de los hijos de ejecutivos se someten a tratamiento psiquiátrico o por abuso de drogas cada año, contra un 15 por ciento de hijos de no ejecutivos de las mismas compañías. El autor citaba las largas horas de trabajo y las características personales de los ejecutivos (perfeccionismo, impaciencia, eficiencia) como principales culpables y señalaba que los managers enérgicos deben aprender a alentar la “autoestima” de los hijos. Sin embargo, lo más interesante del artículo era lo que no decía. No mencionaba en qué medida las organizaciones de esos ejecutivos contribuían a los problemas ni qué podían hacer para mejorar las cosas. El autor parecía aceptar, como la mayoría de nosotros, que el trabjo inevitablemente está en conflicto con la vida familiar, y que la organización no tiene ningún papel en la corrección de los desequilibrios entre trabajo y familia.


En años recientes he notado un creciente interés en la cuestión trabajo-familia entre quiens participan en nuestros programas de Liderazgo y Dominio. Muchos participantes citan el “equilibrio entre mi trabajo y mi familia” como primera prioridad.
Las organizaciones tradicionales innegablemente alientan el conflicto entre el trabajo y la familia. A veces esto se hace conscientemente, a través de la amenaza: “Si usted desea progresar aquí, debe estar dispuesto a hacer sacrificios”. Con más frecuencia se hace inadvertidamente, creando un conjunto de exigencias y presiones que inevitablemente chocan con la familia y el tiempo personal del individuo. Estas exigencias incluyen viajes, cenas, desayunos de trabajo, retiros de fin de semana y las tradicionales y largas horas en la oficina. Las presiones nacen primordialmente de un estrecho foco en las metas y objetivos de la organización, con exclusión de las metas y objetivos personales. En otras palabras, si sólo importan las metas de la organización, no hay “espacio” para pesar el coste que representan estas metas para un individuo o su familia.
Creo que las disciplinas del aprendizaje eliminarán el tabú que ha rodeado el tema del equilibrio entre trabjo y familia y lo ha mantenido fuera de los tópicos empresariales. La organización inteligente no puede respaldar el dominio personal sin alentarlo en todos los aspectos de la vida. No puede impulsar una visión compartida sin invocar visiones personales, y las visiones personales son siempre multifacéticas, siempre incluyen deseos profundos acerca de nuestra vida personal, profesional, organizacional y familiar. Por último, el límite artificial entre el trabajo y la familia es anatema para el pensamiento sistémico. Hay una conexión natural entre la vida laboral y los demás aspectos de la vida. Vivimos una sola vida, pero durante largo tiempo nuestras organizaciones han operado como si este sencillo hecho pudiera ignorarse, como si tuviéramos dos vidas aparte.
La estructura del desequilibrio trabajo/familia
Hay un arquetipo sistémico que subyace al desequilibrio trabajo/familia. Se llama “Éxito Para Quien Tiene Éxito”, porque consiste en dos procesos reforzadores que tienden a alimentar niveles crecientes de éxito, aunque en actividades rivales. Este arquetipo subyace una amplia gama de situaciones donde individuos, grupos u organizaciones compiten por un recurso limitado. El éxito permite mayor acceso al recurso, lo cual reduce luego el éxito de los demás. El recurso pueden consistir en dólares limitados para invertir en las divisiones que compiten dentro de una corporación. Puede consistir en los elogios limitados de una maestra en un aula atestada. O puede consistir en el tiempo limitado de un manager atareado:
En la parte superior del diagrama está el proceso reforzador (amplificador) del crecimiento del tiempo y el compromiso laboral: más tiempo lleva a mayor éxito, lo cual lleva a oportunidades más interesantes y más deseo de pasar tiempo en el trabajo, lo cual lleva a más tiempo en el trabajo. En la parte inferior del diagrama hay un ciclo similar de tiempo en el hogar: más tiempo en el hogar genera más “éxito” (relaciones familiares satisfactorias, hijos sanos, diversión en familia) en el hogar, lo cual induce el deseo de pasar más tiempo en el hogar. Los dos procesos reforzadores están conectados, porque si aumenta el tiempo en el trabajo hay menos tiempo disponible para el hogar y viceversa.
Como otras estructuras dominadas por realimentación reforzadora (como en la “estructura de escalada” de la carrera armamentista), el arquetipo Éxito Para Quien Tiene Éxito es intrínsecamente inestable. Una vez que se desplaza hacia un lado u otro, el desplazamiento se acentúa. Y por varias razones tiende a inclinarse cada vez más hacia el trabajo. Primero, está la cuestión de los ingresos. Si el tiempo laboral decae demasiado, los ingresos bajan y crean presión para pasar más tiempo en el trabajo. (Esto se podría representar como un proceso compensador que controla el tiempo laboral, pero por razones de simplicidad lo hemos omitido en el diagrama.) Segundo, el proceso reforzador de “tiempo familiar” tiende a ser muy fuerte en la dirección negativa de la espiral viciosa. Si el escaso tiempo en casa genera relaciones familiares insatisfactorias, hay fuertes presiones psicológicas para evitar aún más los problemas familiares. Los esfuerzos laborales se convierten en cómoda excusa para evitar la angustia de regresar a un hogar donde aguardan una cónyuge desdichada e hijos problemáticos. Al pasar menos tiempo en el hogar, el “éxito familiar” disminuye aún más, generando aún menos deseo de tiempo familiar. Tercero, para la mayoría de los profesionales de éxito, hay más presiones “externas” para el tiempo laboral que para el tiempo familiar: días de doce a quince horas, nuevas oportunidades que requieren más viajes, sutil presión de pares por parte de los colegas que tienen sus propios problemas familiares.
Dada la realimentación reforzadora que predomina en el Éxito Para Quien Tiene Éxito, los desequilibrios no se autocorrigen, sino que empeoran con el tiempo. Por eso las cuestiones trabajo/familia son tan desgarradoras.
Durante años hemos trabajado con este arquetipo en nuestros programas de entrenamiento. Es fascinante ver con cuánta frecuencia la gente repara en la futilidad de tratar de manejar sus vidas desde el interior de esta estructura. Toda mejor en el éxito familiar queda abrumada por las crecientes presiones del tiempo laboral. En algunos casos la gente comprende que es preciso cambiar la estructura misma. Es imposible afrontarla con éxito si uno desea hallar un equilibrio entre trabajo y familia, porque la estructura siempre genera desequilibrio.

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Tomado de Peter Senge, La quinta disciplina: el arte y la práctica de la organización abierta al aprendizaje (Granica, 1999), pp. 379-382.

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