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reyAnte un problema, muchos líderes recurren a personas que tienen grandes conocimientos y que -supuestamente- deberían darles “la solución”. Sin embargo, ellas no siempre pueden hacerlo. Consideremos la siguiente historia:
Había una vez… un reino, muy famoso por la riqueza de sus cultivos. Hasta que un año, padeció una brutal sequía que arruinó toda su producción
.

Como era su costumbre ante problemas muy delicados, el rey acudió a su consejo de sabios. Ellos habían pasado muchos años estudiando todos los asuntos del reino y los conocían en profundidad. Rápidamente advirtieron la gravedad de la situación y desarrollaron un nuevo método de riego que aprovechaba la poca agua disponible.

Luego de escuchar la explicación de los sabios, el rey consideró que la idea era brillante. Feliz con la noticia, envió a los sabios por todo el reino para que explicaran a los campesinos este nuevo método.

Pero las semanas transcurrían y las tierras seguían sin mejorar. La situación del rey era cada vez más difícil. Por un lado, los campesinos le acusaban de ser incapaz de encontrar una solución y, por el otro, los sabios se quejaban de que él les había hecho perder el tiempo, enviándoles a hablar con personas sin cultura.

El rey, tras escuchar todo esto, reflexionó y llegó a una extraña conclusión: había que llamar a los juglares. Sorprendidos por la decisión del rey, sus súbditos pensaron que la sequía había afectado algo más que los cultivos…

Pero, para sorpresa y admiración de todos, un mes más tarde el reino recuperó su esplendor… y el rey recuperó la confianza de sus súbditos!
¿Cual fue el plan del rey? ¿Por qué llamó a los juglares?
¿Estaba tan loco como todos pensaban? ¿Cuál fue la solución?

El rey se dió cuenta que los campesinos no entendían el método y decidió que alguien debía explicárselos urgentemente. Por tal motivo convocó a los juglares, que eran personas que dominaban perfectamente el lenguaje y, además, gozaban de la confianza de los campesinos. El rey, lejos de estar loco, tuvo un “momento creativo”: vio que los juglares eran las personas ideales para transmitir el conocimiento, porque rápidamente podían difundir un mensaje con sus historias y canciones. Además, frecuentaban los mismos lugares que los campesinos.

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De esta manera, el nuevo método de riego fue difundido por todo el reino de manera muy comprensible y “pegadiza” y los campesinos pudieron aplicarlo con éxito.

¿Qué sucedió en realidad?

El rey se equivocó en su primer intento. Si bien fue acertado consultar a los sabios, no lo fue enviarles directamente a trasmitir su conocimiento a la gente.

Ante el agravamiento del problema, el rey reconoció su error y buscó la solución en otro nivel. Se reunió con sabios, juglares y campesinos y -entre todos- elaboraron una nueva estrategia. Así, acortaron el mensaje (comprendieron que era mejor perder una parte, que perderlo todo). Luego “tradujeron” el conocimiento de los sabios al lenguaje de la gente y, por último, acordaron difundirlo rápidamente en todas direcciones.

Si trasladamos esta historia a nuestras organizaciones, podemos extraer algunas lecciones muy útiles:

los problemas nuevos requieren soluciones nuevas
– un mismo problema afecta a diferentes personas, de diferentes maneras
– la solución depende más de la comunicación que de la información
– el conocimiento debe estar adaptado al lenguaje de quien lo necesita
– si el problema afecta a muchas personas, la solución debe ser encontrada entre todas
– quienes poseen el conocimiento, no siempre poseen la solución

Al igual que nuestro rey, los líderes de las organizaciones piden ayuda a sus “sabios” (los especialistas) cuando surge un problema. Pero muchas veces, todos los conocimientos que reciben de ellos no representan exactamente la solución. Aún hoy, que vivimos una época marcada por la velocidad de la información, los líderes tiene mucho trabajo por delante antes de pasar del conocimiento… a la solución!

 

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Comentarios (0)

  1. Piedad Arias dice:

    Compartir el conocimiento es un arte y como tal hay que fortalecerlo y cada día mejorarlo. Capacitarnos para ser mejores es la clave. Todas las herramientas que tenemos a nuestro alcance nos motivan para seguir el camino y poder compartir de la mejora manera lo que sabemos con todos los demás.

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