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Un espacio para aprender que no es necesario ser una empresa grande para ser una Gran Empresa
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En los negocios, el mito del Ave Fénix se repite una y otra vez. Bancarrotas y golpes en principio insalvables dieron origen a negocios millonarios. Cómo superarse y dar vuelta la historia. Los casos emblemáticos. Testimonios y estrategias.

En este verdadero “boom” de emprendedores (entrepreneurs, según su denominación académica internacional) hay muchas y muy estimulantes historias de éxitos. Personas que pasaron de vender medialunas en el barrio a exportarlas congeladas a Miami; jóvenes que iniciaron un delivery de refinadas picadas y que a sólo dos meses de su lanzamiento ya piensan en franquiciar la marca; chefs que hacen suceso preparando cenas íntimas a domicilio; delivery de videos; etcétera.

Pero también hay historias de fracasos, que en muchos casos no fueron sino la amarga antesala de éxitos aun más sonoros que aquellos. Acaso el mejor ejemplo de esto sea Fernando Crespo, el fundador de El Noble Repulgue, una marca de delivery de empanadas muy arraigada en la ciudad de Buenos Aires y en el conurbano.

Antes de consolidar su éxito, Crespo tuvo dos duros golpes. Hijo de una familia de clase media acomodada y egresado de Agronomía, debió enfrentar la molestia familiar por haber encaminado su vida laboral hacia el ámbito comercial. Una primera experiencia en Bariloche, alquilando equipos de esquí, terminó abruptamente al segundo año con un insólito invierno sin nieve. Luego, ya con El Noble Repulgue en expansión, quedó al borde de la quiebra cuando no pudo cobrar un pedido de 100.000 unidades de pan dulce en la Navidad de 1988.

Sin embargo, pudo rehacerse y salir adelante. Hoy, ya desvinculado de la empresa, su caso sigue siendo un ejemplo de cómo se puede “volver del fondo”.

Pero las preguntas que todos se hacen son: ¿Por qué fracasa un negocio más allá del “riesgo país”, con su cuota siempre pesada de devaluación, caída del consumo, etc? ¿Cuáles son los errores más comunes que los nuevos empresarios cometen?

Por un fracaso, millonarios. De acuerdo con Sergio Postigo, coordinador de la Cátedra Karel Steuer de Entrepreneurship en la Universidad de San Andrés, “los emprendedores son personas que hacen que las cosas pasen. Son quienes logran poner en marcha un proyecto propio, de cualquier característica: cultural, social, empresarial, etcétera. Cualquiera puede ser un emprendedor”.

En ese sentido, insiste en no vincular a los entrepreneurs sólo con lo empresarial. “Juan Carr, de Red Solidaria, es un excelente ejemplo de emprendedor, en su caso social”.

El especialista explica que “el sector de los emprendedores es muy dinámico, que presenta una tasa muy alta de nacimiento y de mortalidad de proyectos. Los emprendedores suelen fracasar de dos a tres veces antes de acertar: como aprenden de sus fracasos, cada vez se equivocan menos”.

En definitiva, se trata de lo que dijo una vez un inquieto emprendedor: “No hay que cometer siempre los mismos errores. ¡Hay tantos nuevos por cometer!”

La magia de emprender. Quien sabe -y mucho- de fracasos y éxitos es Esteban Wolf, Ceo&Founder de Plus Time, una empresa que se dedica a la optimización de puntos de venta. Entre sus clientes está Metrovías, Telefónica de Argentina y una parte importante del sector farmacéutico. Wolf define todo con una frase: “Emprender es una magia difícil de comparar. Los que emprendemos, sabemos que esa magia existe cuando fracasamos, aprendiendo en el intento y cuando reincidimos para lograr el éxito”.

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Wolf no oculta sus fracasos en varios negocios: “Fueron 4 ó 5 frustraciones, ya no recuerdo…Y siempre por la misma razón: no haber montado los negocios como correspondían”.

El hoy consolidado empresario cree que el punto más crítico de un emprendedor es determinar con exactitud cuándo va a llegar a alcanzar al punto de equilibrio y cómo hará para financiar su negocio hasta alcanzar ese objetivo.
Muchos hacen planes de negocios muy optimistas y hacen cálculos de gastos que después son rápidamente superados. “No hay dudas, el éxito de un emprendedor es la consecuencia de múltiples fracasos”, señala Wolf.

Decálogo del Ave Fenix. Postigo acerca una estadística internacional: “De cada 10 emprendimientos sólo el 50% logra sobrevivir al primer año. De los que quedan con vida, entre el 80% y el 90% cae en los siguientes cinco años. Es decir que sólo 1 de los 10 proyectos iniciales estará abierto al sexto año”.

¿Qué se debe hacer entonces para que un negocio resulte exitoso?
El especialista acerca diez consejos valiosos:

No enamorarse trivialmente de la idea, cerrándose a las sugerencias de los demás. La pregunta que siempre debe estar a mano es: “¿Hasta dónde tengo razón”?

Tener un enfoque completo y racional del negocio.

Poder presentar la idea de manera efectiva, ya sea para convencer a un inversor como para, simplemente, tener realmente claros los propios objetivos. (En este sentido, el programa que Postigo dirige en San Andrés ideó un trabajo original: el emprendedor debe convencer a un inversor en tiempo que tarda un viaje en ascensor: apenas un minuto).

Lograr equilibrio entre investigación y acción, esto es actuar en base a un riesgo calculado. Iniciar un emprendimiento no se trata ni de pasarse la vida investigando ni de salir rápidamente al mercado sin haberlo estudiado previamente.

Ser flexible para adaptar la idea original de acuerdo con las necesidades que impone el mercado acerca del concepto del producto o servicio, su precio, el canal de comercialización, etcétera.

No confundir los roles del emprendedor, el técnico y el gerente. El emprendedor suele creerse omnipotente, por lo que corre el riesgo de meterse en todo y equivocarse.

Ser capaz de evolucionar con el negocio una vez que está en marcha.

No suponer que lo único que se necesita es dinero. Este es un error muy frecuente: quizás el dinero sea lo último que se requiera. Antes están la idea, un estudio del mercado, etcétera.

Entender la diferencia entre una mera idea y una oportunidad de negocio.

Tratar de crear el negocio en base más a una oportunidad de mercado que a una necesidad (laboral, de ingresos, de realización personal).

Lo que abunda no daña. Un aspecto también importante es que no necesariamente las ideas de los emprendedores deben ser originales o inéditas para ser exitosas. “Un estudio demostró que de 100 proyectos que resultaron exitosos, sólo 6 ofrecían un producto o servicio que no existía en el mercado. Los emprendimientos que tienen un sustituto idéntico o cercano son 58% del total; los que difieren por precio o funcionalidad, 36%”, explica Postigo.

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Ahora bien, ¿qué es lo que hace singular a un emprendedor? ¿Se nace con esa condición o se la desarrolla? ¿Las oportunidades de negocios se crean o se descubren?

“El emprendedor es alguien que ve cosas que otros no ven. Pero tiene un problema: no puede dejar de encarar desafíos. Muchas veces, tras poner en marcha un proyecto, se aburre y lo abandonan para buscar un nuevo desafío”, dice Postigo. Y cuando trata de conseguir un inversor que financie su negocio, su personalidad es un rasgo fundamental.

“El inversor pone plata en el emprendedor y no en el proyecto. Confía más en quien lo va a llevar adelante que en la propia idea”, añade.

También hay que tener en cuenta la existencia de ciertos mitos, que muchas veces inhiben a gente que querría poner en marcha un negocio. Entre éstos están los que dicen que trabajar en un proyecto propio es más estresante o que el emprendedor es alguien más arriesgado que el promedio de la gente.

Por otra parte, la tasa de supervivencia más alta se da entre los emprendimientos puestos en marcha por haberse detectado una oportunidad de negocio. En estos casos, las tasas de crecimiento pueden ser tan elevadas que muchas veces resultan difíciles de controlar. Mientras tanto, los iniciados por necesidad (“no me alcanza el dinero, tengo que hacer algo”) suelen correr una suerte más adversa.

Otro aspecto a considerar es el de la formación profesional. Según estadísticas del trabajo conjunto de San Andrés y la Universidad de General Sarmiento, en América Latina el 50% de las nuevas empresas que resultan más dinámicas son creadas por graduados universitarios.

Aunque aspectos como la personalidad, el espíritu de trabajo y la organización de las tareas en equipo son clave para el éxito, la formación académica da innegables ventajas, por ejemplo a la hora de trazar un buen plan de negocios. De la mano de esto, puede constatarse que en los últimos 25 años se ha dado en el mundo un impactante aumento en el número de programas de entrepreneurship, pasándose de sólo 16 universidades que los ofrecían en 1970 a 400 en 1995.

En la Argentina, la Universidad de Buenos Aires se mantiene, lamentablemente, al margen de esta tendencia. “Las universidades no sólo tienen que formar empleados”, dice Postigo.
San Andrés, cuyo programa es patrocinado entre otros por el empresario Francisco de Narváez Steuer, ha seguido el camino opuesto, incorporando los cursos de Entrepreneurship en la currícula de todas las carreras.

En ese sentido, la Argentina tiene a priori ventajas sobre otros países de la región debido a su elevada tasa de personas con estudios universitarios, que pasó de 149 por cada 10.000 habitantes en 1980 a 478,8 en 2000, un crecimiento de 221% en dos décadas.

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Usar la reserva. De acuerdo con el estudio de las universidades de San Andrés y General Sarmiento, en la Argentina la mayoría de los emprendedores financian el lanzamiento de sus proyectos con ahorros personales o familiares, en muchos casos para comprar equipamiento de segunda mano, y sumando como complemento el apoyo de proveedores y clientes.
Los créditos bancarios o de entidades públicas y privadas suele estar ausente y el capital de riesgo es marginal.

“El rol del Estado es fundamental para este sector. El Estado no debe estar para otorgar créditos, ésa no es su función. Lo que debe hacer es crear las condiciones económicas que permitan la generación de negocios. En este sentido, hoy la Argentina atrasa y mucho. Por ejemplo, una empresa que recién se crea está obligada a tributar inmediatamente, sin tener tiempo para su consolidación. Tiene que haber incentivos a la creación de empresas, incentivos para el capital de riesgo”, señala Sergio Postigo.
“En otros países, el tema es impulsado desde el propio Estado, como en Gran Bretaña. Pero es que le da más importancia es Taiwán, que hasta tiene un Ministerio Entrepreneurship”, agrega.

Por la necesidad de combatir un alto desempleo que será una compañía molesta para la sociedad durante muchos años, el país debería favorecer una multiplicación de emprendimientos.
Las condiciones que impone el default, las dudas de los inversores por volver a apostar por la Argentina y hasta las reticencias de muchos compatriotas por regresar al país sus colocaciones en el exterior, obligan a la cúpula dirigente a idear nuevas estrategias para el desarrollo.

En medio de la crisis, los emprendedores quizás tengan una oportunidad.

Fuente: http://www.fortuna.uolsinectis.com.ar
Autor:Francisco H. Silva

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