Qué puede hacer el entrenador?

1. Profundizar en el conocimiento personal de los futbolistas que integran el equipo

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Qué puede hacer el entrenador?

1. Profundizar en el conocimiento personal de los futbolistas que integran el equipo

Es necesario para el entrenador conocer la personalidad, el nivel educativo y cultural, el contexto sociofamiliar, las metas por las que se motiva, las actitudes hacia el trabajo en equipo,… de cada futbolista que integra la plantilla. Tener un cierto conocimiento de cada miembro del equipo ayuda a situar el punto de partida en el trabajo del entrenador para así adaptarlo a la realidad del vestuario. Se trata de conocer bien el capital humano con el que se trabaja para conjuntamente lograr el mejor rendimiento posible.

    2. Potenciar en el vestuario una cultura de trabajo en equipo

    El vestuario debe acabar creyendo firmemente en la idea de que el talento tiene su auténtico sentido y cobra una relevancia especial siempre que es puesto al servicio del equipo. El entrenador es el responsable de este marketing interno, en el vestuario, del convencimiento por parte de los futbolistas de las bondades del trabajo en equipo. Más importante que sus comentarios son sus acciones y comportamientos.

    3. Favorecer la competencia interna, pero no de forma desmedida

    Estimular la cultura del esfuerzo mediante la competencia interna es un buen paso para potenciar el trabajo en equipo. La competencia excesiva es peligrosa ya que puede acabar atentando contra las relaciones personales, e indirectamente obstaculizar el sentimiento de equipo.

    4. Estimular la identidad del equipo

    El entrenador ha de hacer que el equipo se sienta único y diferente, con su propia marca o patente que le distingue de los demás. El currículum como equipo y el talento o calidad individual son las señas de identidad del Real Madrid. El trabajo colectivo es la patente que hace diferente al Valencia CF. El buen trato del balón y el fútbol de ataque son la marca que ha identificado al Barça en los últimos años. La importancia de la cantera y la representatividad de un pueblo son el sello que identifica al Athletic Club de Bilbao. La adversidad y la capacidad de superación son las credenciales del “pupas”, el Atlético de Madrid.

    5. Favorecer un compromiso común respecto a unas pautas básicas de conducta que potencian la convivencia efectiva en el grupo

    La convivencia interna favorece la posibilidad del trabajo en equipo. La convivencia es fruto de la implicación de todos los miembros. Llevarse bien, no necesariamente ser amigos, es un requisito previo para poder trabajar todos juntos.

    6. Establecer objetivos de equipo que resulten estimulantes pero accesibles

    Cuando el futbolista se identifica con los objetivos del equipo y siente que están al alcance le resulta más fácil implicarse en el trabajo cooperativo o de equipo. El futbolista ha de sentir que necesita al equipo para satisfacer sus intereses y ha percibir que no se trata de un imposible. El entrenador ha de lograr esta complicidad interesada pero legítima.

    7. Explicar los papeles individuales en el éxito del equipo

    Cuando cada futbolista tiene claramente identificada su función en el trabajo del equipo puede entender mejor su papel en el éxito del equipo. Así, se sentirá con una importancia relativa, como una pieza más del complicado engranaje del equipo. Con mayor o menor protagonismo pero con una importancia similar a la de los demás, siempre desde papeles diferentes.

    8. Impulsar y potenciar la aparición de líderes en el vestuario

    Cada vez es más absurdo entender el liderazgo del equipo desde un liderazgo individual exclusivamente del entrenador. Los equipos se mueven gracias al protagonismo de varios líderes, que aúnan esfuerzos y colaboran conjuntamente. Ya se ha comentado la necesidad que tiene el entrenador de contar con colaboradores en el vestuario. No puede esperar a que en el equipo haya o surjan futbolistas con un perfil personal de liderazgo. Esta condición la ha de tener presente a la hora de confeccionar la plantilla e incorporar los futbolistas al equipo. También es necesario su trabajo de observación, detección y potenciación del liderazgo entre los futbolistas. No se trata de que elija y nombre a sus líderes, que estarán a su servicio. Nada más lejos, ha de detectar y de ayudar a que afloren los auténticos líderes del vestuario.

    9. Desarrollar el sentimiento de orgullo dentro de los subgrupos

    Cada colectivo dentro del equipo debe ir potenciando su propia identidad. Cada uno va siendo diferente del resto de subgrupos dentro del mismo equipo. Los capitanes pueden ser los que han de “tirar del carro”; los defensas la garantía de la “seguridad”; los centrocampistas “el cerebro” o “motor”; los delanteros los “puñales”; los jóvenes los que “mueven la silla” a los veteranos con su trabajo e ilusión por progresar; los líderes informales la “alegría” del equipo. Son realidades diferentes pero necesarias en el funcionamiento del equipo.

    10. Permanecer en contacto con el equipo

    El entrenador ha de saber lo que se “guisa en la cocina”. Lo que se ha de confundir con una actitud supervisora obsesiva y desconfiada. Simplemente ha de saber estar, sin molestar al futbolista, observante y vigilante sin que el futbolista se percate de ello, dejando hacer a sus colaboradores pero coordinándolos. Digamos que el entrenador ha de saber casi todo lo que ocurre en el seno del equipo, sin estar continuamente presente. Todo ello no está reñido con impulsar el valor de la responsabilidad entre sus futbolistas. Les da responsabilidad pero también les rinde cuentas, especialmente en el trabajo (entrenamientos y partidos) y en la convivencia (vestuario).

    11. Celebrar reuniones con los líderes del vestuario

    El entrenador no ha de desgastarse en multitud de reuniones con el equipo. Los capitanes son los mediadores entre éste y el grupo de futbolistas. Reuniéndose con ellos y delegando en ellos algunas tareas se multiplica la capacidad de trabajo y de influencia del entrenador. El entrenador refuerza su propia autoridad dejando hacer a sus colaboradores. Estas reuniones no deben tener un calendario fijo, sino que se deben realizar de forma puntual conforme surgen los asuntos en el trabajo diario. No obstante, han de ser reuniones frecuentes. Pueden ser reuniones informales, cuando se busca el intercambio de pareceres.

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    12. Celebrar reuniones de equipo para resolver conflictos

    Aunque serán menos frecuentes las reuniones con todo el equipo también son necesarias. Siempre hay una excusa para sentarse a comentar juntos, lo que es una estrategia que hace equipo. No hay porqué tener miedo a las reuniones. Simplemente se han de preparar para que no degenere su desarrollo llegando al conflicto. Han de programarse en un tiempo, 20 a 30 minutos como máximo, girará en torno a un asunto concreto, y moderar su desarrollo hasta llegar a posturas coincidentes. Pueden realizarse de forma periódica, tras un ciclo de tres o cuatro partidos, o de forma puntual siempre que sea necesario. Afrontar conflictos, evaluar el rendimiento del equipo, redistribuir tareas, reformular objetivos señalados o formular otros nuevos, son cuestiones que merecen ser tratadas en reuniones de equipo.

    13. Observar como evoluciona la dinámica interna del grupo y evitar la formación de “pandillas”

    El entrenador ha de observar cómo evoluciona la dinámica interna del equipo, reforzando aquellas dinámicas que favorezcan la cohesión interna. La observación directa es un instrumento fiable cuando se tienen elementos para la observación del comportamiento de los grupos. Lógicamente ha de intervenir evitando la formación de “pandillas” y el rechazo social de algún integrante del equipo. La intervención se debe hacer desde la cultura del trabajo en equipo y a través de actividades específicas de dinámica de grupos o a través de pequeñas decisiones sobre aspectos de la convivencia interna del equipo (organización de los grupos para la realización de las actividades del entrenamiento, organización de las mesas del comedor,… también a través de actividades outdoor).

    14. Hacer las correcciones y reproches en el interior del “vestuario”

    Cuando se analice la comunicación se verá lo importante que es que el entrenador genere un clima de confianza para que el futbolista sea receptivo a sus críticas, reproches y correcciones. Ello exige que sea el vestuario el lugar idóneo para trasladárselas tanto al propio futbolista como al equipo. Desde luego, no pueden hacerse de forma pública, a través de los medios de comunicación. Tampoco es recomendable hacerlas en el campo de entrenamiento, ante aficionados y medios de comunicación. Es verdad que en ocasiones el entorno puede empujar al entrenador a mostrar su enfado en público, pero no debe caer en esa tentación. Puede abrir una grieta peligrosa en la cohesión interna del equipo. Hay que ser coherente, si el jugador no debe acudir a los medios de comunicación para mostrar sus discrepancias, el entrenador tampoco. Además, desde la filosofía del trabajo en equipo todos los miembros del grupo son responsables de los éxitos y de los fracasos.

    15. Organizar actividades Outdoor

    Las actividades outdoor tienen un potencial enorme de cara a favorecer el desarrollo del grupo. Se entiende por actividades outdoor aquellas que se realizan fuera del contexto del trabajo diario y que no están directamente relacionadas con la actividad profesional. De ahí su nombre. Estas actividades pueden servir para:

  1. observar a cada uno de los miembros del grupo en tareas que exigen para su resolución un trabajo colectivo, de forma que se pueda identificar cómo cada una de ellos desempeña diferentes roles del grupo (liderazgo, planificación, sentido del humor, egoísmo o búsqueda del protagonismo individual, actitud pasiva de dejarse llevar…)
  2. potenciar el conocimiento personal entre los miembros del equipo y estimular las relaciones entre ellos
  3. ilustrar la dinámica interna del grupo y hacer que sus miembros tomen conciencia de ello
  4. fomentar la cultura del trabajo en equipo
  5. potenciar la cohesión interna
  6. estimular la aparición de nuevos líderes para el grupo
  7. fomentar la diversión y el entretenimiento, como mecanismo para el descanso emocional respecto a la competición. La realización de actividades outdoor es especialmente recomendable en pretemporada, aunque también deben programarse varias a lo largo de la temporada. Las actividades outdoor deben realizarse por grupos organizados previamente. Estos grupos deben competir entre sí en la resolución de diferentes tipos de tareas. Algunos ejemplos de actividades outdoor son las siguientes: una carrera de orientación, resolver algún problema de supervivencia en un contexto de montaña, competir por montar una tienda de campaña en el tiempo más breve posible, tripulando canoas individuales y organizados en equipos luchan por mantenerse en la canoa y no caer al agua, etc…

    16. Evitar la rotación excesiva, dar continuidad a una parte amplia de los integrantes del grupo

    Las plantillas no se pueden renovar en gran parte de una temporada a otra. Menos aún a mitad de temporada, en el período de diciembre para la incorporación de nuevos jugadores. Hay equipos que no tienen identidad alguna, ni su vestuario es poseedor de valor alguno, debido a que hay una movilidad excesiva en la plantilla. Se incorporan y salen de ella los futbolistas con mucha facilidad. Además, muchas de las incorporaciones suelen ser futbolistas que no tienen relación alguna con la ciudad o la región donde se encuentra el Club. Toda una sinrazón desde la cultura de trabajo en equipo. La calidad de plantillas hay que mejorarlas poco a poco, temporada tras temporada, con la incorporación de algún futbolista, pero manteniendo una base importante del grupo. Así, el grupo permanece, crece y se desarrolla

    17. Asegurarse que en la plantilla hay futbolistas procedentes de la misma región o zona, vinculados y comprometidos con la historia y los objetivos del equipo

    La existencia de futbolistas vinculados emocional y personalmente con la ciudad o la región a la que pertenece el Club es una garantía de mayor implicación en el trabajo deportivo y en la transmisión de valores inherentes a dicha sociedad

18. Planificar el proceso de construcción de la cohesión interna y programar acciones que contribuyan a lograr este objetivo

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    Los entrenadores suelen dar mucha importancia al trabajo colectivo, a que el grupo funcione como un auténtico equipo, unidos formando una “piña”. Sorprende que esta inquietud se quede muchas veces en una mera declaración de intenciones. Son pocos los entrenadores que programan acciones dirigidas a la construcción de la cohesión interna. Aún hay demasiado apoyo en la intuición y en la experiencia anterior. El entorno del fútbol cada vez es más exigente con los responsables de la gestión de los clubes y con los entrenadores de forma que conviene ir dando un paso hacia la tecnificación, también en el ámbito de los recursos humanos.

¿Qué pueden hacer los futbolistas?

1. Tratar de conocer y entender a los compañeros

Conocer a los compañeros entendiendo y respetando las diferencias individuales, aceptándolos como son, es un requisito para poder permanecer juntos y trabajar por la consecución de unos objetivos comunes. El respeto personal es una de las claves que hace posible el trabajo en equipo. Para entender al compañero basta con ponerse en su piel, y tratar de analizar las cosas desde su cultura, sus valores, su educación. Entender el punto de vista no es compartirlo. Se puede discrepar desde la comprensión y el respeto de las diferencias individuales. En todo caso hay que poner el énfasis en lo que a uno le une con sus compañeros más que en lo que les puede distanciar

2. Ayudar a los compañeros siempre que esté en sus manos

La ayuda hacia el compañero no es totalmente altruista. Realmente es una ayuda interesada ya que apoyar al compañero revierte sobre el buen funcionamiento del equipo, lo que va en beneficio de todos, también de uno mismo. De todas formas ha de ser una actitud común de apoyo mutuo ya que cuando algún miembro rompe este equilibrio se puede resentir la convivencia del grupo

3. Valorar y alabar a los compañeros

La crítica por sistema o el reproche permanente genera un clima de crispación y enfado en el que es imposible el trabajo en equipo. El ánimo, la alabanza, y el reconocimiento justo y sincero contribuyen a generar un clima de estar a gusto, lo que tiene consecuencias sobre la dinámica interna del equipo y su rendimiento

4. Ser responsable

Cuando el rendimiento del equipo no es el previsto, cada miembro del equipo debe realizar un análisis de su propio trabajo con la intención de mejorarlo, en la medida de lo posible. Las normas, las tareas y las obligaciones que cada uno tiene respecto al funcionamiento del equipo se han de cumplir de forma responsable. De ello depende el rendimiento del equipo

5. Tratar de integrar a los nuevos compañeros

Los nuevos compañeros necesitan el apoyo de los más veteranos para acelerar su integración real y plena al equipo. Necesitan resolver situaciones familiares y personales que les ayudará a estar más a gusto y así poder centrarse más en el trabajo diario. También conviene trasladarles los valores y las normas que rigen dinámica interna del equipo. Si todo ello se ha de encarar solo siempre es más dura y más lenta la integración y adaptación al equipo.

6. Servir de ejemplo para los más jóvenes

Los jóvenes futbolistas se miran en el espejo de los más veteranos. El comportamiento de éstos es la referencia para los más jóvenes. Así que el papel de los veteranos se vuelve fundamental. El equipo en parte depende de cómo éstos guíen o conduzcan a los más jóvenes.

7. Comunicarse con el entrenador con franqueza y sinceridad

El futbolista debe superar esa posición de inhibición o de falta de implicación por temor a posibles dificultades en la relación con el entrenador o con los compañeros. Cualquier punto de vista puede enriquecer el trabajo del grupo. Hay que tomar la iniciativa de exponerlos de forma asertiva, siempre desde el respeto personal y entendiendo el rol de cada uno de los miembros del equipo, especialmente el del entrenador. El mejor servicio al equipo es no decir “si” cuando quiere decir “no”. Exponer el punto de vista no debe confundirse con imponerlo y tener razón.

8. Ejercer el control “social” del vestuario

Los futbolistas deben ser los primeros interesados en el buen funcionamiento del equipo. Deberían estar vigilantes para reconducir actitudes y comportamientos que atenten contra la convivencia y el trabajo bien hecho, contra el equipo. Deben ser los primeros en tratar de convencer a los propios compañeros de la necesidad de hacer posible entre todos el trabajo en equipo.

9. Afrontar los conflictos con la intención de resolverlos lo antes posible

Recuérdese que el enfado siempre es un mal consejero. Nunca resuelve nada. Todo lo contrario. Ante el conflicto lo inteligente es reconducir la situación problemática, cambiar los hechos, sin caer en la tentación de la atribución de culpas o responsabilidades ni del ataque personal. Cuando surge el conflicto todo el mundo se moviliza por trabajar en la búsqueda de soluciones.

 10. Respetar la intimidad del vestuario

Lo que ocurre en el interior del vestuario no debe trascender fuera, especialmente en lo que hace referencia a las discrepancias y conflictos. El equipo debe saber guardar en su interior aquellas dinámicas que van surgiendo en el trabajo diario. Cuando alguien traslada fuera del vestuario las dinámicas internas del equipo atenta gravemente contra su cohesión y demuestra un gran egoísmo y una escasa inteligencia emocional. Realmente no se hace merecedor del respeto de sus compañeros. En esto se distinguen los equipos con madurez, que actúan de forma cohesionada, de aquellos que no pasan de ser meros grupos en los que gobierna el egoísmo de sus miembros.

    11. Esforzarse al máximo en todo momento

    El esfuerzo común, realizar un trabajo duro por parte de todos, no regatear esfuerzo ayuda a mantener el equipo unido. La dedicación y el compromiso son contagiosos en el seno de un grupo. Generan un clima de esfuerzo y trabajo, unen a sus miembros, y hacen al equipo fuerte ante la adversidad y la dificultad.

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    El grupo debe ir acostumbrándose a trabajar siempre con la misma actitud, desde el máximo esfuerzo, sin que circunstancia alguna pueda sacarle de esta actitud. Por encima de todo debe estar el trabajo colectivo como garantía del éxito del equipo. Ni el sistema táctico, ni el estilo de dirección del entrenador, ni el rival, ni una racha de resultados negativos, ninguna circunstancia puede alterar la actitud del esfuerzo máximo desde el trabajo colectivo. Lo ideal es llegar a un grupo autogestionado, capaz de trabajar juntos siempre igual, con el mayor esfuerzo físico y emocional, para superar cualquier dificultad.

¿Qué puede hacer el club?

  1. Potenciar la cultura de trabajo en equipo de todos los estamentos del Club, empezando por el propio Consejo Directivo o de Administración.
  2. Implantar un sistema de salarios, de fichas y de incentivos justo, equitativo, proporcionado al rendimiento individual, con el objetivo de evitar los agravios comparativos.
  3. Seleccionar al entrenador valorando en él, entre otros aspectos, sus habilidades de liderazgo y su capacidad para dirigir al equipo y hacer efectivo el trabajo en equipo
  4. Seleccionar a los futbolistas valorando en ellos también aspectos tales como su capacidad de trabajo en equipo, la madurez personal, y la existencia de recursos que ayudan a competir
  5. Dejar todo el protagonismo para el entrenador y los futbolistas
  6. Aún conociendo bien las urgencias del contexto futbolístico, hay que dar tiempo para poder aplicar los procesos de trabajo programados.

A modo de conclusión…

    Cuando se me propuso realizar un ensayo teórico sobre un tema de psicología no tuve ninguna duda en centrar mi labor de búsqueda bibliográfica en el tema de la cohesión. La razón que me impulso a esta selección fue la pertenencia en la actualidad a un equipo de fútbol sala en el que desde comienzo de temporada vengo apreciando unos déficits bastante considerables de cohesión entre los miembros del equipo. Toda mi vida estuve jugando en el mismo equipo. A pesar de ir cambiando de nombres y patrocinadores, los integrantes del equipo éramos básicamente los mismos, y al mismo tiempo, formábamos mi círculo de amistades más cercano, de forma que no sólo jugábamos juntos sino que compartíamos más momentos de nuestra vida.

    Con este grupo, si bien individualmente no teníamos un nivel muy superior al de otros equipos, sí que se podía apreciar que funcionábamos como un verdadero equipo. Cada jugador sabía lo que iba hacer su compañero mucho antes de que éste lo realizara. Podíamos ayudarnos mejor unos a otros, y ya sabíamos por dónde podía fallar cada uno de los miembros, así que nos anticipábamos a su error para ayudar a enmendarlo, lo que repercutía positivamente en los resultados del equipo.

    También es cierto que el hecho de que hubiera tanta confianza entre los miembros de aquel equipo, provocaba en muchas ocasiones discusiones, que posiblemente no se hubieran producido en un equipo donde sus miembros se desconocieran, pero esto tampoco lo considero negativo, pues así todo el mundo tenía claro lo que unos pensábamos de los otros.

    Como he dicho al comienzo, esta temporada juego en un equipo dónde no todos nos conocemos. Del anterior equipo sólo permanecemos 4 jugadores, y el resto han sido fichajes traídos por la directiva, y que además de no conocerlos nosotros, no se conocen entre ellos.

    Este año se puede apreciar una importante falta de sentimiento grupal dentro del vestuario, donde cada uno va por su cuenta, no existe esa ayuda mutua de la que hablábamos antes, a cada uno le importa bien poco si su compañero lo hace bien o mal…

    Además, los resultados del equipo este año no están ayudando a generar un buen ambiente, puesto que después de encadenar al principio de temporada una buena racha de victorias, comenzamos a perder bastantes partidos seguidos y la moral se resintió bastante.

    Una vez realizado este trabajo, veo que prácticamente todos los puntos tocados son aplicables a mi equipo. Todas las características que estudiamos en los puntos anteriores se echan en falta en el equipo del que hablo, y al mismo tiempo, muchos de los enemigos que afectan a la cohesión también tocados en este trabajo se pueden percibir claramente dentro del vestuario.

    Considero por lo tanto, que no sólo de manera intuitiva puedo afirmar que el problema de mi equipo actual es la falta de cohesión entre los miembros, sino que a partir de lo observado en este trabajo, son muchos los indicios que me llevan a pensar que realmente los malos resultados deportivos pueden ser debidos a un problema de cohesión.

Autor  Oscar González Figueiras    figo_dido@hotmail.com

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Comentarios (1)

  1. Julio César Casales F. dice:

    Muy instructivo y adecuado.
    Gracias

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