por Marc Vidal

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Un espacio para aprender que no es necesario ser una empresa grande para ser una Gran Empresa
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por Marc Vidal

Dicen que las crisis son tiempos para las oportunidades. Eso es demasiado genérico como para aceptarlo como norma. Una época de dificultad como la actual no deja de ser un escenario de dificultad añadida al ya difícil mundo de la emprendeduría. El coste de poner en marcha una empresa o un proyecto cualquiera es muy alto en tiempo, esfuerzo y sacrificios. Se debe asumir desde el principio el enorme reto que se te presenta en frente justo en el instante en el que decides arrancar.

El emprendedor tiene una morfología particular. Se diferencia de otros individuos por ser creativo en mayor o menor medida, disponer de una gran intuición, incluso si fracasa, de un grado de optimismo patológico que puede perfectamente mezclarse con un espíritu crítico y analítico de la realidad, un emprendedor no es un iluso, es un valiente que decide tirarse por un acantilado sin saber, muchas veces, que le espera allí abajo.

El emprendedor tiene un ADN compuesto por empuje, decisión, observación y energía para soportar los temporales que se encontrara en su camino. En España, además, el emprendedor suele tener dos caracteres más: la paciencia para tolerar la pesada administración pública y su burocracia e inconsciencia bien entendida para sobrellevar el riesgo de exclusión si te arruinas en este país.

Me gustaría destacar que no sólo de emprendedores es la tarea de mejorar nuestro entorno, tiene que ver con muchos otros elementos sociales. La multitud es el todo y es quien debe poner en marcha los resortes del cambio. Los gobiernos y los poderes políticos, públicos, financieros y privados, todos son la clave, pero la sociedad en su conjunto, emprendedores y emprendidos, todos adeudan ese impulso hacía un futuro más equilibrado y activo, donde ser concursante de Gran Hermano no sea el objetivo de millones de jóvenes por que consideran que siendo famoso la vida será más fácil.

No sólo de emprendedores va este libro como veremos, también de todo lo que conlleva estimular cambios de conducta para tomar las riendas de tu propia vida, seas o no empresario, joven o anciano. No hablamos de estereotipos, pero si de actores. Hay personas que han nacido con una actitud en la vida que los posiciona como agentes de cambio, otros que se ven impulsados a ello.

La crisis debería despertar en muchos ciudadanos su inquietud por emprender. Este momento, aparentemente poco propicio para poner en marcha proyectos, es uno de los más complejos por los que pasará la mayoría de las generaciones que les tocaron vivir. Con un endurecimiento del crédito, sin dinero público para invertir en reflotar la economía, con el consumo cayendo y sin expectativas de mejora, el horizonte no parece el más brillante para los que han decidido arriesgarlo todo por una empresa.

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Siempre hay quien se pone en marcha en contra de las probabilidades. Sin apenas opciones, a veces aparecen los más intrépidos, esos que consideran que una crisis es un grato escenario pues limpiará de ineficiencia su entorno. Ese es el grado máximo de la confianza en sus propias aptitudes. Está claro que quienes toman este camino son lo más fresco del panorama laboral en el que se mueve nuestra actualidad.

Sin embargo no todo es el ADN. No todo está gravado en la biología de las personas. Hay motivos diferenciados para emprender. Por un lado los que ven una oportunidad como decimos, pero también los que lo hacen por necesidad. Cuando no hay ninguna otra opción y todo queda a expensas de si tú mismo pones en marcha un proyecto, eso poco o nada tiene que ver con lo innato y pasa a ser la consecuencia. En Colombia o Perú, por citar algunos países, la emprendeduría es muy alta, los niveles de activación de negocios es de las más importantes del mundo. Se debe a que no hay prestaciones por desempleo prácticamente y el microcomercio es una opción laboral de autoempleo que cualquiera puede afrontar. Hay miles de paradas de mil productos. Son idénticos aparentemente los unos a los otros, todos parecen vender lo mismo, pero no es así. Ciertamente es la manera que tienen en esos países por salir de la exclusión, no hay otro modo. Lo curioso, como decía, es descubrir como de un día para otro, una parada que vendía hasta ayer mismo diferentes divertimentos fritos y publicaciones diversas, incluye en su catálogo algún nuevo servicio como la plastificación de documentos. Es a partir de esa innovación e inversión, que consigue la atención de nuevos potenciales clientes.

Es muy destacable ver como algunos de los ejecutivos que han ido cayendo al lodazal del paro en los países de occidente, han tardado de media un mes en iniciar un nuevo proyecto, mientras que los trabajadores de esas mismas empresas, muchos de ellos, apuran el subsidio. El estudio que fijaba este dato pertenece a la propia administración y reseñaba la diferente actitud ante el mismo problema. Está claro que la cantidad obtenida por la paga por desempleo está en una de las implicaciones de dicha diferencia pero es significativo. Si el directivo ve mermada su capacidad adquisitiva hasta en un tercio o más en cuanto se queda en paro, el trabajador de escala inferior puede prácticamente quedarse en un estadio muy similar.

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Podemos decir que el ADN del emprendedor no es tan claro ni evidente. Ponemos en marcha proyectos por otros motivos, atendemos en base a otros factores. Ahora bien, si las crisis generan oportunidades o no  está por ver, pero que algunos de esos nuevos emprendedores que han afrontado la crisis como oportunidad si entran en el listado de los que han descubierto su aptitud y su innata voluntad por emprender.

Un emprendedor “de nacimiento” verá en una recesión como esta el momento ideal. Como el zapatero que detectó una necesidad en Africa, el que acomete una empresa en estos momentos ve un campo por abonar. Es cierto que hay compañías que han abandonado por necesidad o por estrategia algunos nichos de negocio que ahora podrían ser ocupados por otras mucho más eficientes por un tema de tamaño. Las pymes suelen ser más directas en algunos modelos de gestión que una gran compañía que tiene que atender modelos productivos a gran escala.

El emprendedor no deseo feliz 2010 la nochevieja de 2008. La broma por aquellas fechas era no desear un buen año 2009 ya que todo hacía presagiar que sería un año lleno de calamidades en lo económico. Así fue no obstante, pero los que tenían en su mente emprender o hacía poco que se habían puesto en marcha con un nuevo proyecto (como era mi caso), desearon un 2009 lleno de éxitos. Eso no sé si está en el ADN, pero donde seguro reside es en el deseo de impulsar cosas, de no acomodarse a un mundo cada vez más incierto y donde no es preciso hacer nada para vivir puesto que “alguien” se encarga de borrar tu voluntad a cambio de que tus necesidades mínimas queden cubiertas.

Tengo claro que sembrar en tiempos de crisis repercute en una empresa mucho más robusta posteriormente. Enfrentarse al paro estructural de países como España sólo se podrá hacer a partir de la creación de negocios nuevos y eso si que tiene que ver con una manera de interpretar la vida y la existencia por parte de los que nos sentimos emprendedores.

Las dudas sobre el perfil de un tipo que se dedica a montar empresas y casi ni a disfrutarlas es algo difícil de calibrar. Es posible que esté tatuado en alguna especie de versión molecular de su organismo. No lo sé pero suena siniestro que así fuera. Es como si el resto de la sociedad, esa que duerme la siesta en el sofá social sin inquietarse, no tuviera ninguna función más que esperar a que les despierten puesto que los “emprendedores con ADN de emprendedor” ya se encargarán de poner patas arriba esta sociedad. Pues no.

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Creo que todos tenemos esa titularidad. Plantearse un objetivo y un plan para lograrlo es algo que ha hecho todo el mundo en algún momento de su vida. Calcular como se logrará, que exactamente, quien nos ayudará, cuanto costará y desde donde lo haremos son las preguntas que cualquier individuo se plantea ante un reto personal. Lo mismo que los negocios, pero al igual que en lo cotidiano, las empresas requieren que arriesguemos, que nos la juguemos. En esas preguntas hay alguna que va implícita como ¿qué me va a pasar si no lo logro? Precisamente esa última cuestión es la que frena muchos proyectos.

Fragmento que aparece en el libro “Contra la Cultura del Subsidio”

Fuente http://marcvidal.cat/2011/07/el-adn-emprendedor.html

 

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