por Juan José Romero Crusat

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Un espacio para aprender que no es necesario ser una empresa grande para ser una Gran Empresa
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por Juan José Romero Crusat

¿Cuál es la mayor diferencia entre un adulto y un bebé? El tamaño. Nada más que eso. No les diferencia, por ejemplo, que para poder vivir ambos (adultos y niños) necesitan tener los mismos órganos vitales.

Pasemos al mundo empresarial: ¿cuál es la mayor diferencia entre una multinacional y una PyME? El tamaño, otra vez. Nada más que eso. Tampoco les debiera diferenciar el hecho de que para poder sobrevivir ambas (remarco: ¡¡ambas!!) necesitan tener unos mismos órganos vitales llamados departamentos en este caso.

Al hablar de órganos vitales en un ser humano a todos se nos viene a la mente… el corazón, el cerebro, los pulmones, los riñones, el hígado, etc. Los órganos vitales de la empresas son sus departamentos: el financiero, el de producción, el de marketing/ventas, el de recursos humanos, etc. Ni las personas pueden vivir sin sus órganos ni las empresas aguantan mucho tiempo sin sus departamentos.

Un error demasiado frecuente en el mundo empresarial es pensar que una pequeña empresa (PyME o autónomo) puede vivir sin desarrollar sus funciones “vitales”. Es demasiado común que el empresario piense que el pequeño tamaño de su organización le permite obviar alguno de sus componentes y esto, a la larga, se paga. Puede abocarle incluso a la quiebra del negocio. ¿Podría un bebé sobrevivir si careciera de alguno de sus órganos vitales? Pues las empresas, tampoco.

Concretemos; vamos a pensar en un emprendedor que monta un pequeño negocio de fontanería. Su enfoque principal es hacia el oficio que desempeña: ésta es la función de producción. Pero… ¿podría este empresario sobrevivir sin tener unos mínimos conocimientos de finanzas? Es más, ¿podría sobrevivir sin “vender” su servicio? Y a pesar de tener pocos empleados a su cargo, ¿podría tener problemas en el futuro si no posee unas mínimas nociones de cómo gestionar los recursos humanos? Ese pequeño emprendedor puede (y suele) caer en el error de pensar que su labor principal es hacer buenas labores de fontanería y que el resto de funciones, por tratarse de una empresa pequeña, o no existen o no son importantes. Hacer esto es como pensar que un bebé sólo puede vivir con el corazón, que el cerebro o los pulmones no tienen por qué existir en un ser tan diminuto. ¿Van comprendiendo la metáfora?

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Uno de los datos más demoledores referido a los emprendedores en este país, es que solamente una de cada cuatro empresas que se montan sobreviven a los cinco años. Si tuviéramos oportunidad de hablar con aquellos empresarios cuyos proyectos quebraron antes del quinto año, estoy seguro que todos dirían que su idea era buena, que tenían toda la ilusión del mundo, que contaban con el apoyo económico necesario para echar a andar su aventura… Si esto es así, ¿qué es entonces lo que falló? Ese “bebé” no falleció en el parto, sino en su subsiguiente desarrollo. Y el fallo más frecuente suele ser que la criatura echó a andar sin alguno de sus órganos, lo cual, más tarde o más temprano, le condujo al fallecimiento prematuro.

Una pequeña empresa debe tener los mismos departamentos “vitales” que una grande, aunque sea frecuente que esta última tenga otros a mayores. Es cierto que la multinacional cuenta con más personas en las que delegar las funciones -está mucho más fragmentada- y esa sí es una diferencia. Mientras en una PyME la mayoría de las funciones recaen en una misma figura (el directivo de turno), en una gran empresa son varias las personas que asumen la responsabilidad de cada uno de los departamentos. Pero eso es una cosa y otra muy diferente es empezar a eliminar funciones importentes porque pensemos que en una pequeña empresa no son necesarias. ¡¡No cometamos este error!! Todo emprendedor, sea un simple autónomo, el dueño de una PyME o el directivo de una empresa de 300 trabajadores, debe saber que su empresa es la suma de una serie de “órganos” y que el éxito de su negocio dependerá de lo bien que gestione cada uno de ellos.

En este caso sí podríamos decir: ¡¡el tamaño no importa!! Grandes y pequeños no se deberían diferenciar en los órganos que poseen, sino simplemente en la cantidad de personas que asumen esas tareas: una sola en el caso de un autónomo o una PyME y muchas en el caso de una gran empresa.

Autor Juan José Romero Crusat – rcrusat@hotmail.com

 

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