por Santiago María Guerrero

“Si quiero que las cosas salgan bien las tengo que hacer yo mismo”.

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por Santiago María Guerrero

“Si quiero que las cosas salgan bien las tengo que hacer yo mismo”.

“¿Porqué me preguntará a cada rato sobre el trabajo que me pidió? Ya le dije que lo tendría terminado para mañana a la tarde”

En ambas expresiones lo que está puesto en duda es la confianza.

Un estilo basado en el “mando y control” funciona apoyado en la emocionalidad del miedo. El jefe ordena lo que hay que hacer y cómo hay que hacerlo, y luego controla el cumplimiento. El colaborador obedece pues teme las consecuencias que resultarían de no hacerlo.

La confianza (que también es una emoción), está fundamentada en la autoridad de quien la ejerce. Y ésta como tal, es otorgada por los miembros del grupo, por lo que puede ser siempre revocada.

Como toda emocionalidad, la confianza tiene un juicio detrás (de sí confío o no confío) basado en:

A. Sinceridad

Las conversaciones y compromisos públicos de quien hizo la promesa son consistentes con sus conversaciones y compromisos privados.

B. Competencia

La persona que hizo la promesa puede ejecutarla efectivamente, de manera de proveer las condiciones de satisfacción acordadas. Tiene con qué responder (respaldo, recursos, conocimientos, habilidades, etc.).

C. Credibilidad

El historial de cumplimientos o incumplimientos de compromisos pasados de quien hace la promesa. Su registro de “Antecedentes”.

D. Involucramiento

Es el juicio que hago respecto de que al otro le importa lo que a mí me importa y que “está dispuesto a jugársela por lo mismo que yo me la juego”. En síntesis, le importa que a mí me vaya bien.

“En definitiva, el confiar siempre incluye estar dispuesto a asumir un riego en la coordinación de acciones con los demás”

En efecto, como vemos en el gráfico de arriba, a la resultante de fundar debidamente nuestros juicios (evaluando su sinceridad, competencia, credibilidad e involucramiento) es necesario también desarrollar nuestra capacidad de asumir riesgos, a los efectos de no quedarnos en una postura de aislamiento (incapaz de poder delegar en los demás) o de estancamiento (el que no arriesga, no gana )

Autor Santiago María Guerrero –  sguerrero@latambmc.com

 

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Comentarios (2)

  1. Javier Rubio dice:

    Como Coach he leído y estudiado los tres pilares básicos de la confianza, Rafael Echeverría los explica muy bien en su libro, pero me ha gustado mucho la introducción del Involucramiento y la Capacidad para correr Riesgos. Son dos elementos fundamentales, aunque pienso que, mientras el segundo no merma la confianza en la persona pero sí la confianza en la capacidad de realizar ciertas acciones y por lo tanto puede no ser básico, el primero, el Involucramiento, resulta fundamental.
    ¿Podría un exceso de Involucramiento hacer caer en la des-confianza?

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