por Boris Matijas 

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 por Boris Matijas 

En nuestros tiempos modernos regidos por el consumo, casi toda actividad humana pasa por la evaluación marcada por las leyes del mercado. El capital domina el trabajo y establece una jerarquía de valores que crea dependencias y  condiciona las relaciones humanas. 

En un complejo entramado entre afecto y dinero, como es una empresa familiar, donde mejor se manifiestan estas relaciones es durante el proceso de sucesión. 

Existen muchos profesionales que se dedican a ofrecer soluciones para establecer reglas para una sucesión planificada y ordenada. El conocimiento, el rigor, la ética y la calidad humana del profesional externo son los principales criterios que determinarán la calidad del servicio que el profesional ofrecerá a la familia. Pero el trabajo de un consultor no se debería percibir solamente como un servicio profesional, sino como un arte de transformación.

Es un arte multidisciplinar, cuyo resultado depende del material del que dispone, de la capacidad de plasmar y concretar las ideas y también del pensamiento abstracto, capaz de plantear los distintos escenarios y las distintas soluciones hipotéticas. Porque en el fondo, durante el proceso de sucesión el principal criterio a tener en cuenta es el amor y las relaciones derivadas de él.

 La sucesión sigue siendo el talón de Aquiles de las empresas familiares y por ello representa el proceso que exige un gran sacrificio tanto económico como emocional por parte de toda la familia. Por ello, la mejor inversión de una familia empresaria precursora es contar con los mejores profesionales que ayudarán a que se establezcan las bases de futuro con el consenso de todos los familiares. Esos profesionales que ayuden a la familia a ver las cosas como son, y no como cada uno quisiera que fueran. Ante la decisión sobre la contratación de un profesional externo, la familia se tiene que hacer una sola pregunta: ¿Cuál es el precio del futuro de nuestra empresa familiar? 

Pero hay un paso previo aún más importante.

Es cuando la familia tiene que decidir si existe consenso sobre la pregunta esencial: ¿Merece la pena el esfuerzo seguir como empresa familiar? 

Si la respuesta es afirmativo, el proceso de sucesión liderado por un profesional experimentado, comprometido y preparado tiene muchas posibilidades de éxito. 

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Independientemente del tamaño y la estructura accionarial de la empresa familiar, el amor condiciona la toma de decisiones, mucho más que en otro tipo de empresas. Durante el proceso de sucesión son el amor paterno y el materno los que definen una gran parte de las relaciones familiares. Citando a Erich Fromm, el amor paterno se rige por el criterio del “hijo que más se me parezca”, mientras que el amor materno tiende a ser mas equitativo, incondicional.

Tradicionalmente se ha defendido que el amor del padre es un amor merecido.  Al mismo tiempo el padre es quien enseña al hijo “lo que es el mundo”, le introduce conceptos como aventura, exploración y pensamiento. Sin embargo, la figura paterna sigue dominando las dinámicas familiares que genera la sucesión. Su figura esta estrechamente vinculada con la ley y orden. Es el amor que apremia el respeto y su principio es: “te amo porque llenas mis aspiraciones, porque cumples con tu deber, porque eres como yo”. 

Pero el amor también es un activo importante de las empresas familiares.  Desde el punto de vista comercial, una familia empresaria cohesionada, trasmite la confianza a los inversores y clientes, indicando que detrás hay una familia  comprometida. Y, al mismo tiempo, tiene un gran valor emocional, ya que el bienestar de la familia motivará a la propiedad a invertir un esfuerzo adicional para hacer que la empresa crezca y siga también el crecimiento de la familia y sus necesidades económicas. 

El amor paterno está en las bases del comportamiento social convencional, pero la evolución de nuestra sociedad ha permitido que sus efectos en el conjunto sean cada vez más equilibrados. 

La clave está en la responsabilidad compartida. Tanto durante el proceso de sucesión en una empresa familiar, como en cualquier otro tipo de institución.

Porque, como hace poco afirmó Carlos Slim, el empresario familiar más rico del mundo: “Es importante dejar un país mejor a nuestros hijos, pero es aún más importante dejar unos hijos mejores a nuestro país”. 

Autor Boris Matijas, Director de comunicación, Fundación Heres boris.matijas@fundacionheres.com  

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