por Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez

 

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 por Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez

 

Después de que saliera a la luz la desmedida preferencia que algunos servidores públicos dan a sus parientes para ocupar empleos con cargo al Erario público en ciertos municipios y estados de la República, el adjetivo ―familiar‖ en el medio político ha adquirido una connotación negativa e incluso corrupta. Connotación que sin lugar a dudas, se ha extendido también al ámbito de la empresa…En especial, de la empresa familiar. Pero, ¿acaso el nepotismo en la empresa familiar es una desventaja? ¿Qué no se supone que la característica única de la empresa familiar es precisamente su carácter familiar? La mayoría de la gente asume que el miembro de la familia que ocupa un puesto clave en una empresa familiar está ahí debido a favoritismos derivados de la consanguinidad y no gracias a sus propios méritos. Cierto es, que muchas veces esto sucede (al igual que en el ámbito político); no obstante, cuando los dueños de un negocio –o la generación al mando—se enfrentan con el dilema de si deben o no contratar a un familiar, suelen hacerse estas preguntas:

¿Está el miembro de la familia enterado y comprometido con nuestro sueño empresarial y familiar?

¿Posee las habilidades, aptitudes y actitudes para llevar a cabo el trabajo que le será asignado?

¿Desea trabajar en el negocio familiar y contribuir a su crecimiento?

¿Está capacitado técnica y operacionalmente para el empleo?

¿Dispone de los valores morales que nuestra familia practica? 

De hecho, la cuestión no debe ser si tenemos o no trabajando con nosotros a miembros de la familia (e.g. hijos, sobrinos, hermanas, yernos, cuñadas); sino, si estos miembros de la familia valen o no para estar en el negocio, si están comprometidos con los objetivos de la empresa—es decir, si comparten el por qué de la compañía, y si se han establecido las políticas y requisitos de entrada mínimos necesarios como para no tener problemas más adelante cuando algún otro familiar desee colaborar con nosotros. El nepotismo no es malo…Todo depende de cómo, bajo qué circunstancias y en qué magnitud se utilice. De hecho, así como a lo largo de la historia se ha visto que el ―favorecer‖ a ciertos allegados ha malogrado imperios y empresas, también hemos visto cómo el contar con gente de confianza en puestos vitales ha ayudado a políticos y empresarios a alcanzar grandes metas.

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 Ejemplos notables incluyen a Julio César, Carlomagno, Napoleón Bonaparte, Benjamín Franklin, John F. Kennedy, y Henry Ford, quienes confiaron a sus familiares y/o amigos cercanos puestos claves en sus proyectos, primero porque les cuidarían la espalda; y segundo, porque cumplían con las capacidades necesarias para el empleo. En efecto, para que la aportación de un miembro de la familia que trabaje en la empresa familiar valga la pena—es decir, añada valor—, éste debe cumplir ciertos requisitos básicos: 2

1) Compromiso Familiar y Sueño Compartido Cuando un emprendedor se lanza a la aventura de formar su propia empresa, lo hace impulsado por ciertas ideas, sueños y objetivos personales. Son precisamente estas ideas, sueños y objetivos personales los que los miembros de la familia que laboren en el negocio deben compartir y transmitir a futuras generaciones. Los valores y tradiciones familiares marcarán no sólo el rumbo la empresa, sino también las decisiones y acciones de las personas que los comparten.

2) Voluntad, Talento y Educación Un miembro de la familia sin voluntad, sin talento y sin educación hace un flaco favor al negocio familiar. Lo que deseamos (y necesitamos) es gente comprometida con el sueño familiar, parientes que deseen trascender y rejuvenecer el negocio; allegados que innoven, creen, desarrollen y hagan crecer el proyecto común de la familia. Quien se una al negocio debe poseer habilidades empresariales y de liderazgo, tener buenas relaciones con otros miembros del negocio y la familia (comunicación), ofrecer una visión clara del futuro, estar preparado para los nuevos retos, saber enfrentar y sopesar los riesgos contraídos; y conjuntamente, tener la vocación para formar nuevas generaciones que garanticen la continuidad.

3) Ética, Honestidad y Justicia Comportarse dentro de los estándares morales de la familia, realizar transacciones razonables y justas, así como contribuir a la buena reputación de nuestro apellido y/o negocio deben ser prácticas comunes del miembro de la familia que labore con nosotros. Nadie conoce mejor a los miembros de la familia que nosotros mismos…Si sabemos perfectamente que tal o cual familiar no cumplirá con sus obligaciones y/o compromisos, no compliquemos las cosas invitándole por necesidad o recomendación a trabajar con nosotros. Evaluémoslo crítica y objetivamente—siguiendo ciertas políticas de empleo familiar (reglas de entrada)—, y teniendo en cuenta que nuestra decisión repercutirá no sólo en nuestro patrimonio, sino también en el de futuras generaciones. Sentemos precedentes que nos permitan gestionar efectiva y eficientemente la incorporación al negocio de otros miembros de la familia, evitando posibles conflictos a futuro. En conclusión, el nepotismo por sí sólo no es malo; de hecho, si esta práctica se sabe utilizar bien y con medida, puede ser un factor que asegure la continuidad de la empresa familiar y el logro de grandes metas.

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La clave está en asegurarnos de evaluar con honestidad e imparcialidad a nuestros familiares, determinando si cumplen o no con las capacidades básicas necesarias para el puesto y con las reglas de entrada establecidas. Si lo hacen, son bienvenidos al negocio; si no, ayudémosles utilizando otros medios. La pregunta que nos hacemos es si en el ámbito político los servidores públicos siguen la misma lógica que los empresarios familiares y eligen a los familiares que saben están comprometidos con el proyecto de país que queremos construir —y que cumplen con las ―reglas de entrada‖. O si por el contrario, para quitarse un peso familiar de encima o un compromiso contraído, incluyen en las listas del Erario a cuanto ―nepote‖ encuentran en su camino.

Autora Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez –  Directora del Centro de Empresas Familiares EGADE-TEC de Monterrey 

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