por Miguel Richante

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por Miguel Richante

La diferencia entre ser exigente y ser excelente es una cuestión que nos lleva a situaciones no deseadas a nivel personal y profesional.

Me gustaría que pensaras con cuál de estas tres frases te sientes más identificado:

“Puedes continuar para terminar la carrera y las piernas te dolerán por una semana o puedes renunciar y tu mente te dolerá por toda la vida.” Mark Allen – corredor de Ironman (Ironman es una prueba que combina maratón, ciclismo y
natación en un mismo día)

“Por que sólo aquellos que se arriesgan a ir muy lejos…pueden llegar a saber lo lejos que pueden ir…” T.S. Eliot – corredor de pruebas de 100km

“Ahora me importa más la preparación que el torneo de Wimbledon, en tratar de llegar bien” Rafa Nadal, al día siguiente de ganar su sexto Roland Garros

Las dos primeras hablan de deportistas exigentes. La exigencia es la obligación de hacer las cosas de la mejor manera. Por el contrario, Rafa Nadal nos presenta un ejemplo de excelencia, en el sentido de tener la actitud e interés por hacer las cosas del mejor modo que uno pueda.

Desde niños se nos inculca la importancia de esforzarnos para dar lo mejor de nosotros mismos, para ser los mejores, para superarnos en los estudios, en el trabajo y en el deporte.

En otro ámbito, encontramos con frecuencia directivos y profesionales que asumen este tipo de creencias con gran convicción y que se exigen enormemente a sí mismos. Esta exigencia se orienta sobre todo a obtener resultados para cumplir con el “mandato” de tu jefe o de la empresa para la que trabajas (y que te paga), en definitiva complaciendo a otras personas (una afición, tu mujer, etc…), olvidando muchas veces su propia necesidad, lo que es importante o deseable para ellos.

En este proceso de complacer y de cumplir con mandatos que vienen de los demás se encuentra mucha insatisfacción, porque la exigencia nunca se sacia, los logros nunca son suficientemente buenos, las cosas siempre pueden hacerse mejor… Desde este enfoque, son habituales los pensamientos enfocados a mirar lo que falta o lo que no se pudo completar y también las descalificaciones porque el esfuerzo no fue suficiente.

Las personas comprometidas con la exigencia tienen dificultades para  separar “lo que soy” de “lo que hago”, así es que cuando las cosas salen mal lo viven como un gran fracaso; cuando los demás hacen una crítica, lo viven como una crítica personal y sienten amenazada su propia integridad o su profesionalidad. Los personas comprometidos con la exigencia tienen mucha más dificultad para aceptar otros puntos de vista y admitir críticas o sugerencias.

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La excelencia, sin embargo, no mira tanto el hacer y los resultados, como el ser y mi compromiso con mis objetivos, con aquello que es prioritario para mí. La excelencia se centra en el proceso, en el camino, más que en la meta.

Como decía Nadal, “me importa más la preparación que el torneo”. En el  camino hay aprendizaje, creatividad, potenciación de mis habilidades, disfrute, celebración… Si algo sale mal, no soy yo, es una parte de lo que hago lo que
se puede mejorar.

Las personas comprometidas con la excelencia viven el fallo como una oportunidad de aprendizaje, no como un fracaso. Buscan alternativas, aceptan otros puntos de vista, admiten las críticas y las sugerencias, porque no se sienten amenazadas y cualquier aportación es una oportunidad para seguir aprendiendo y avanzar hacia el objetivo.

Según cada persona y situación, se llega a diferentes grados de desempeño, pero los que demuestran la actitud y el interés por hacerlo de la mejor manera posible estarán en la excelencia.

Resumiendo, ser exigente es:

“ Si no lo consigo seré un fracasado”.
“Yo soy muy exigente conmigo mismo y con los demás…
“Si realmente quieres lograr la excelencia, entonces debe ser exigente”.

Ser excelente es:

“ Voy a hacer todo lo que está en mi mano…”.
“ No lo he conseguido pero he aprendido….”.
“ Estoy comprometido con mi objetivo”.

Y tú, ¿qué prefieres?

Autor Miguel Richante, coach acreditado CORAOPS de ICE Coaching 

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Comentarios (8)

  1. LAURA dice:

    Me encanto, me ha hecho ver q uno de los motivos del bajón en mi trabajo es la exigencia q tengo conmigo misma. Ahora mismo lo voy a trasladar a otros ámbitos de mi vida, y si lo hago ahí esta, es q me han enseñado a ser exigente, pero voy a intentar la excelencia… Sueña hasta mejor.
    Muchísimas gracias.
    Me gustaría apuntarme a vuestras News es posible?…

  2. Verónica dice:

    MemMe co. M
    Me consideraba exigente pero acepto que me aconsejen y ayuden, y si algo no me sale bien busco el lado positivo, no sabia la diferencia entre exigencia y excelencia . Me siento mas identificada con la excelencia. Muchas gracias

  3. Clemencia dice:

    Brillante el artículo! Hacer el recorrido, aprender del mismo, poner lo mejor de uno respetando las capacidades propias y de los demás es armar la propia vida sin responder a las autoexigencias ni a las exigencias de la sociedad. Interesante para llevar a cabo!

  4. Esther dice:

    Esta lectura me ayudo mucho a enfender mi comportamiento. Soy una persona exigente conmigo misma y con los demas. Creia que mi comportamiento es justificado pero este articulo me ayudo a identificar cual es en realidad la conducta que debo elegir. Ser excelente , no exigente.

    Muchas gracias por compartir

  5. Holmans Vela dice:

    Me gustó mucho el artículo, es muy importante tener en claro el equilibrio cuando se maneja exigencias más que todo laborales. Soy una persona que busca más la excelencia, pero si me gustaría saber manejar la exigencia en varios aspectos de la vida. Sé identificar rápidamente cuales son mis fallos, pero es cuestión de voluntad al momento de ponerlo en marcha para ser más exigentes con uno mismo. Muchas gracias.

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