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Esta frase, que la hemos escuchado muchas veces de miembros de diferentes generaciones, pienso que merece una reflexión. ¿Realmente el protocolo hace cambiar el día a día de una familia empresaria?

La respuesta es que si se ha realizado de forma correcta y no como un mero trámite que culmina con la firma de un documento privado, sí que cambia y ordena las relaciones familia-empresa.

Cuando el Protocolo Familiar se aborda como un proceso en el que se busca la visión compartida y en el que los diferentes integrantes de la familia pueden aportar libremente sus ideas al tratar temas como el reparto de la propiedad, las reglas de acceso al trabajo, la jubilación, los órganos de gobierno, liderazgo y profesionalización, el efecto en la familia suele ser espectacular. 

¿Qué suele suceder?

En muchos casos, el protocolo se realiza porque está de moda, porque un amigo lo tiene o “porque el abogado o el asesor me lo ha ofrecido…”. Incluso nos hemos encontrado algún caso que en el que se ha utilizado el modelo de otra familia y se han cambiado los nombres, cifras y porcentajes.
 

Es verdad que cuando a nivel personal tenemos un problema de salud no dudamos en ir a un buen especialista. Pues cuando se trata de la salud futura de la empresa-familia empresaria debemos hacer lo mismo.
 

La estadísticas dicen que una familia empresaria que acaba realizando un Protocolo Familiar tarda de 5 a 8 años desde que oye hablar por primera vez del tema hasta que lo acaba firmando. Es muy importante que en el momento de contratar los servicios profesionales a tal efecto, la familia se informe de la valía de los profesionales que se encargarán del proceso y de su formación. Pensad que en el proceso, si se realiza bien, surgen temas delicados (política salarial, reparto de las acciones, el papel de los políticos, etc) que muchas veces la gente no se atreve a poner encima de la mesa, quedan mal cerrados y son garantía de conflicto futuro. Temas complicados que surgen cuando los facilitadores utilizan las herramientas adecuadas y se ganan la confianza y respeto de todos los que participan.

Tenemos la idea que el Protocolo Familiar es un documento legal y lo es, pero cuando se trata como proceso para llegar al consenso y la visión compartida del futuro de la familia empresaria, se convierte en un tema legal, económico, fiscal y hasta psicológico. Sin olvidar que se utiliza para alinear la estrategia familiar y la empresarial.
Enfocar el tema exclusivamente bajo la óptica legal nos lleva a, que como digo en el título del post, “nada cambie”.
 

Lectura relacionada  ¿Vender la empresa familiar?

Autor: Ricard Agustín, colaborador de Fundación Nexia – Blog Ricard Agustín (http://www.fb-solutions.es/blog)http://www.laempresafamiliar.com/networking/fondo-editorial/1507/al-fin-tenemos-protocolo-familiar-pero-nada-ha-cambiado 

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