por David Wong Cam

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por David Wong Cam

Juan, de origen chino y fundador de una pequeña empresa familiar, de unos 75 años, no desea dejar las riendas de su empresa a ninguno de sus cinco hijos, aún cuando algunos de ellos cuenta con estudios universitarios y experiencia laboral en industrias importantes en los EE.UU. Aparentemente Juan es el patriarca de la familia: ofrece consejos a los familiares en problemas y cuando dispone de recursos, les presta dinero.

¿Nos preguntamos cómo es que una persona sabia y generosa puede ser tan egoísta, que debido a su avanzada edad, no cede el mando a sus hijos? Detrás de este comportamiento existe el ansia de poder y de control. Juan tiene un instinto desbordado por ser reconocido. Pero por otro lado está obsesionado con la necesidad de mantener todo el control posible sobre su entorno. Para elevar su baja autoestima necesita gente dependiente -contraria a tomar sus propias decisiones-. De esta manera se crea una relación disfuncional –dos o más personas interactúan mediante comportamientos destructivos- -el fundador puede propiciar una dependencia económica y psicológica en el dependiente- (Larsen y Goodstein, 1993). Esta vinculación también puede darse entre individuos de una segunda o mayor generación.

El lector puede comprender lo inconveniente de perpetuar una relación disfuncional. ¿Qué origina que Juan tenga esa ceguera por el control? Presumiblemente tiene un vacío emocional que se manifiesta a través de la soledad, el miedo y el resentimiento. Los comportamientos humanos no tienen una explicación simple, una respuesta es que Juan enfrenta el futuro con incertidumbre, por la influencia, desde niño, de su padre –probablemente adicto al alcohol, las drogas o al juego-. Cuando su progenitor estaba sobrio era un hombre amoroso.

Pero cuando bebía, regresaba a casa y sus acciones eran determinadas por su alma intoxicada: castigaba a Juan con razón o sin ella o analizaba con especial precisión las equivocaciones de su madre –aspecto que le fastidiaba- y no las propias. Sin ser consciente de ello y a través de un largo proceso, Juan aprendió que lo mejor era poder controlar su entorno –si esto es posible-. Años después, cuando Juan toma las riendas del negocio familiar, exige a sus subordinados seguridades absurdas. La vigilancia, que en niveles adecuados es deseable, al exagerarse lleva a la ineficiencia empresarial. Juan intenta llenar su vacío interior con la sumisión de sus familiares y subordinados.

El presente artículo es la continuación de otro publicado anteriormente. En él sosteníamos que los conflictos pueden ser de tres tipos: tareas, procesos y por relaciones (Kellermanns y Eddleston, 2004).  Los dos primeros tipos son positivos. Pero el de relaciones es el preocupante, concierne a la percepción de animosidad e incompatibilidad entre las personas. En este último tipo, las desavenencias no obedecen a la discusión de las tareas que deben ejecutarse y la distribución de responsabilidades, si no a los odios supuestamente gratuitos entre los familiares. Creemos que esta irritación se origina por los hábitos que adquieren las personas desde niños y que promueven comportamientos disfuncionales.

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Los tipos de comportamientos disfuncionales

Larsen y Goodstein (1993) proponen seis tipos de comportamientos disfuncionales. El primero, ya explicado, los guardianes (caretakes), los que tienen una ofuscación por el control. El segundo, los condescendientes (people pleaser), buscan siempre agradar a los demás aún ante pedidos incumplibles. El tercero, los mártires (martyrs), tienen miedo al éxito y al placer. El cuatro, los adictos al trabajo (workkaholics), la faena es un fin en sí mismo. El quinto, los perfeccionistas (perfectionists), buscan un trabajo bien hecho más allá de lo razonable. Y el sexto, los irresponsables (tap dancers), los que no asumen responsabilidades.

En cada uno de los tipos de comportamiento podemos inquirir por qué es un comportamiento disfuncional. Ya hemos observado el caso de los guardianes. Por qué es inadecuado; en el caso de los condescendientes, agradar a los demás; en los mártires, ser conservador; en los adictos al trabajo, laborar fuertemente; en los perfeccionistas, realizar un trabajo bien hecho y en los irresponsables, disfrutar de un día de ocio. Son adecuadas en la medida que la acción sea mesurada.

El problema es el comportamiento desmesurado y la impertinencia de llenar el vacío interior con actitudes egocéntricas.

Una persona que se vincula con un condescendiente puede sufrir a causa de promesas que no se cumplen; con un mártir, que la tarea sea boicoteada antes de su culminación; con un adicto al trabajo, laborar innecesariamente; con una perfeccionista, realizar una labor bien hecha más allá de los razonable y con un irresponsable, no asumir las responsabilidades que demanda la empresa.

¿Qué hacer con los conflictos por relaciones?

En términos ideales todo conflicto puede mejorarse si los involucrados reconocen su comportamiento disfuncional y si están dispuestos a comunicarse. Estas condiciones no son fáciles de cumplir. Modificar hábitos disfuncionales que han sido arraigados durante largo tiempo es difícil. No todos los individuos están dispuestos a enfrentar la verdad de su mundo interior ni a relacionarse sana y positivamente con otros. Conocemos personas que han buscado solucionar su vacío interior –que se manifiesta en culpas, miedos, depresión- les ha llevado muchos años –quizá hasta diez- o sencillamente no lo han logrado.

Una empresa familiar es una conjunción de individuos, familia y empresa que se relacionan de forma sistémica. Quizá la pista de solución a los conflictos por relaciones se ofrezca cuando la observamos como un sistema a nuestra medida. Aceptamos los aspectos negativos de negocio familiar, tratamos que los individuos mejoren su comportamiento disfuncional, y si no es posible, lo aceptamos por completo. Pero observamos además sus puntos positivos; por un lado, los valores que adopta la familia, la tradición –el conjunto de creencias y costumbres que se trasmiten de generación en generación- y que promueven una larga duración de la empresa; y por otro, una estrategia exitosa, que incita a los individuos con comportamientos disfuncionales a cambiar.  Conocemos un caso en el que tanto el fundador como su hijo son adictos al juego, pero supieron lograr un consenso mínimo que les permitió crear una exitosa cadena de 30 tiendas en todo el Perú.

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Autor David Wong Cam

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