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por Alberto Tovar
México – Las empresas familiares tienen enormes retos en su organización, sucesión y sobrevivencia. A esto se añade la toma de decisiones en torno al patrimonio y a la administración de su riqueza.
Para abordar el tema con mayor profundidad, este columnista tuvo una conversación con la doctora Rosa Nelly Trevinyo, experta en el tema y con dos magníficos libros: Empresas familiares, visión latinoamericana, editado por Pearson, y uno reciente en coautoría con Salvador Rus, Alejandro Magno, ser rey no es suficiente, editado por LID en su colección Leo.
Es muy frecuente que el hacer diario lleve al dueño de una empresa familiar, en su primera generación, a desvalorar el patrimonio y la responsabilidad de legarlo en forma adecuada a sus hijos, quienes en ocasiones desconocen con certeza lo que se tiene.
Trevinyo comenta que los conceptos de justicia y transparencia son los que provocan mayor conflicto. Para empezar a tomar decisiones en la materia, hace hincapié que el término de riqueza trasciende lo económico e involucra valores, cultura e incluso la carga emocional.
Las familias deben visualizar el patrimonio y sugiere contratar a buenos asesores en el ámbito fiscal y legal; además de enseñar a los miembros de la nueva generación a cuidar esos recursos.
Es conveniente conocer el funcionamiento de un fideicomiso de control accionarial o inmobiliario. Por ejemplo, se blinda algún inmueble, sobre todo porque los hijos podrían estar en desacuerdo sobre el uso del mismo. Así, todos gozan de los beneficios de la renta sin tener conflicto.
El riesgo es que exista una “parálisis por análisis”, argumenta. Por ejemplo, si dos hermanos tienen el 50 y 50 por ciento de una empresa, podría haber conflicto y dejar de avanzar.
Es recomendable visualizar a los hijos que van a participar y a quienes no van a entrar en el negocio para determinar cómo se benefician todos.
El fideicomiso, además de ayudar al manejo de la equidad, también da seguridad. “A lo mejor se tiene un hijo que le gusta el juego de azar y tarde o temprano pueden embargar acciones.
“Con esta figura legal, es difícil que lo hagan, porque ya se cedió la administración de ese patrimonio a un fideicomiso. Es una forma de blindar la compañía.”
Ante la pregunta de si este mecanismo es accesible a las pequeñas y medianas empresas, Trevinyo asegura que hay fideicomisos desde un costo de seis mil pesos y cobran una comisión por el manejo de los recursos, y esto bien puede ser pagado por una Pyme exitosa, con el fin de asegurar que la familia siga con la propiedad.
Insiste en que el primer aspecto a cubrir es el patrimonio “no heredado”; es decir, “no económico”. Esto es, la educación, los valores, la unidad de los hijos, porque cualquier mecanismo como lo es el fideicomiso, fallará si se carece de un compromiso y de nada servirá la riqueza, si hay carencia de preparación financiera: “dejaste la ecuación a la mitad”, afirma con contundencia.
En relación con la constitución de una “oficina familiar”, se justifica más en la segunda o tercera generaciones, cuando hay un consorcio grande y es posible hacerlo mediante un outsoursing o contratar personal para ello.
La utilidad radica en ponerse de acuerdo con el uso de activos, para pago de impuestos, compras en grupo o contratar seguridad. Incluso para la negociación de mejores rendimientos y menores comisiones en instituciones financieras, al sumar los recursos de todos.
Los pasos que plantea Trevinyo para iniciar la administración patrimonial son los siguientes:
1) Revisar el testamento y los estatutos de la empresa, con el fin de alinearlos.
2) Hacer un inventario de activos y revisar qué propiedades se tiene, como una lista de riqueza. Sugiere tres grandes áreas: inmuebles, acciones y dinero en efectivo. Esto permitirá una mejor gestión.
3) Revisar si se tienen en orden, separarlos y, a partir de ahí, comunicar a los hijos la decisión, con el objetivo de promoverlo.
Rosa Nelly Trevinyo nos deja una última moraleja: “Planifiquen, comuniquen, acuerden y déjenlo por escrito, tanto en términos legales como con una buena estrategia fiscal”.
Autor Alberto Tovar
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