por Adina Chelminsky

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Bien manejados dan la fuerza y la gasolina para salir adelante aún de las situaciones más críticas. Tratar de cumplir con las expectativas de los demás es una pérdida de tiempo.

¿Por qué emprender? Para esta pregunta hay tantas respuestas como hay emprendedores. La idea de iniciar un nuevo negocio nace de manera diferente en cada una de las personas. Se tienen que alinear dos factores: el carácter y la situación externa. Hay personas “emprendedores seriales” que ante cualquier situación tienen la idea o ven la oportunidad para emprender. Otros necesitan de más presión o eventos externos para atreverse a dar el paso. Según estudios del GEM, en México 19.4% de los emprendedores lo hace por necesidad (o sea, es la única opción viable para salir adelante) y 54.5% lo hace porque, aun cuando tiene otras opciones de vida, ve en este camino una oportunidad para crecer en diversos aspectos: mayores ingresos, mejor futuro, mayor flexibilidad laboral…

Lo que es un hecho es que aun cuando cada quien tiene una causa diferente para emprender, todos los emprendedores tenemos miedos comunes. Miedos que aun por su prevalencia no dejan de ser menos angustiantes. El decir “no te preocupes, a todos les pasa lo mismo por la cabeza” es la traducción perfecta de “mal de muchos, consuelo de tontos”.

Estos miedos tienen doble cara. Bien manejados dan la fuerza y la gasolina para salir adelante aún de las situaciones más críticas, mal manejados llevan a la parálisis o a cometer errores costosos. Los miedos nunca se acaban de vencer… pero en el momento en el que los identificamos es mucho más fácil poder manejarlos.

Miedo al fracaso: El primero, más grande y más común. Este miedo engloba una enorme cantidad de aspectos, desde el ego personal hasta la responsabilidad por la gente que trabaja contigo o por las deudas contraídas La imagen mental de “poner el cerrojo en la puerta del negocio” atormenta incluso a los emprendedores más experimentados. Deshacerse de este miedo no sólo es imposible, es peligroso. Este miedo es el que nos impulsa una y otra vez a salir adelante de los problemas.

Miedo al qué dirán… Y si no tengo éxito qué va a decir la gente que me advirtió que no iniciara esta locura… O, la gente que tanto me admiraba por haberla empezado. Este es un miedo ridículo, pero prevalente y uno que, definitivamente, debemos desaparecer. El tratar de cumplir con las expectativas de los demás es una pérdida de tiempo.

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Miedo a lo inesperado: Si hay algo seguro en la vida del emprendedor es que las cosas se van a salir de control. No importa cuán estructurado sea el plan de negocios o cuán previsor seas, siempre va a haber días en donde el Titanic pareciera un juego de niños. Cuando trabajar en una empresa grande las sorpresas de lo inesperado se diluyen entre los diferentes departamentos o áreas o jefes, cuando tú eres el emprendedor, todo el balde de agua fría cae encima de ti. ¿Solución? No existe. El endurecer la piel y aprender a actuar coherentemente en situaciones inesperadas es algo que poco a poco vas a aprender. Este miedo tiene un hermano gemelo (algo así como Cerberus, el perro de tres cabezas, guardián del infierno). Miedo a ser mi propio jefe y asumir la responsabilidad final de las decisiones.

Miedo a la inestabilidad personal: Otro miedo muy justificado. Para la mayoría de los emprendedores el iniciar un nuevo negocio implica un cambio total en la vida fuera de la oficina, desde los horarios de trabajo hasta las finanzas personales. Fundamental no sucumbir a él y tratar de solucionarlo de antemano.

¿Cómo? Hablando y teniendo el apoyo verbal y directo de las personas que se vean “afectadas” por tu cambio en estilo de vida y tener una base de protección sólida (la mayor parte de ahorros posibles, minimizar deudas, tener los seguros en regla y un plan de contingencia financiera en caso de ser necesario).

Estos miedos, y otros más son inevitables. Pero quizá a lo único que hay que “temerle es al temor mismo”.

Y ustedes, amigos emprendedores o emprendedores en potencia, ¿de qué miedo sufren? ¿Qué los mantiene despiertos en la noche?

Autora Adina Chelminsky– adinachel@gmail.com    @AdinaChel

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