por Ana Amador

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Un espacio para aprender que no es necesario ser una empresa grande para ser una Gran Empresa
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por Ana Amador

Hay jefes acaparadores que deciden echarse sobre sus espaldas todo el peso del equipo. Otros, sin embargo, prefieren ceder todas sus responsabilidades y llevarse los méritos ajenos. Aprender a delegar es un arte complicado y aún es una asignatura pendiente para muchos directivos.

La delegación es una de las funciones más complejas en la gestión de un equipo y la que diferencia a un mando de un verdadero líder. Aprender a delegar es todo un arte, que se basa en la humildad del directivo para reconocer que no puede hacerlo todo solo. Delegar no es ‘ordeno y mando’, significa confiar en tus colaboradores y darles las herramientas necesarias para hacer aflorar y brillar las máximas capacidades de todos los miembros y dirigirlas hacia la construcción de un objetivo común.

Sin embargo, hay directivos que siguen sin diferenciar entre asignar tareas y responsabilidades. Por ello, continúan dándose casos indeseables como el del directivo indeciso que cede su responsabilidad a otros y se cuelga méritos ajenos o el autócrata insaciable que ejerce su control absoluto sobre todas las tareas del equipo. Estas situaciones forman parte del día a día de muchas empresas.

Fernando Botella, CEO de Think & Action, expone dos comportamientos que son especialmente dañinos para el compromiso, la motivación y el desarrollo del potencial:

1.El síndrome de la oveja Dolly: El directivo considera que todos sus colaboradores deben ser clones suyos, razonar y hacer las cosas igual que él.

2.Los jefes que piensan que están para ser servidos: Esta práctica es un error ya que liderar en realidad significar dar. La función del líder es inyectar en el grupo la energía y motivación necesarias para que logren los objetivos.

El líder no debe olvidar que dirige a personas, no a sirvientes, y que debe aportarles los estímulos adecuados y personalizados.

Aprender a delegar

Un verdadero líder no es un solitario ni un visionario, alguien que va por libre, sino que hace partícipe a su equipo, comparte, escucha y colabora. Es capaz de crear un grupo y ofrecerle el entorno adecuado para que puedan desempeñar sus funciones y alcanzar el éxito. Es importante que cada miembro perciba que está contribuyendo, mediante su esfuerzo, dedicación y sacrificio, en el desarrollo del proyecto.

Enrique Alcat, experto en comunicación, está convencido de que aún hay dos tareas que los jefes deben mejorar: aprender a informar sobre el objetivo que se persigue y saber encargar tareas.

José Manuel Casado, presidente de la consultora de recursos humanos 2C propone un decálogo sobre lo que un buen líder no debería hacer si quiere delegar correctamente:

1.Pensar que lo puedes hacer todo.

2.No dar a los colaboradores la información necesaria para ejecutar el cometido y sólo asignarles para las tareas más aburridas.

3.Evitar delegar en los mismos de siempre y no dar oportunidades a otros miembros del grupo.

4.No nombrar a un colaborador del equipo coordinador del proyecto.

5.Retener trabajos que otros podrían hacer más rápido y mejor.

6.No hacer un seguimiento de la tarea que se ha delegado.

7.Retener al equipo información que puede ser importante para sacar adelante el proyecto.

8.No reconocer los logros de los trabajadores.

9.Sobrecargar de trabajo sólo a los mejores.

10.Al finalizar el proyecto, no hacer una evaluación de los resultados para sacar conclusiones.

Margarita Álvarez, directora de márketing y comunicación de Adecco, considera que normalmente “los directivos se quedan cortos a la hora de transferir cometidos” y cuando delegan, deberían evitar entrometerse. Así que lo recomendable es aportar el apoyo necesario para que el trabajador se sienta respaldado.

Lo que nunca se debe delegar

El ejercicio del liderazgo está estrechamente relacionado con el nivel de talento del que dispone cada colaborador. Según Fernando Botella (Think & Action), un ejecutivo puede delegar sin ningún problema en el caso de un profesional experto, pero si el trabajador no es diestro en ese cometido, el deber del líder es instruirle. Por tanto, un buen jefe tiene que identificar a los miembros más formados y capacitados para sacar adelante un proyecto.

Aun así, hay tareas y responsabilidades que sólo corresponden al directivo y que nunca hay que ceder:

– Asuntos trascendentales o de gravedad que precisan de toma de decisiones rápidas y correctas.

– Cuestiones con cierta repercusión para la vida de la empresa y su continuidad.

– Evaluación de recompensas o castigos al personal (directivos, mandos intermedios, empleados de base

Autora Ana Amador – http://www.expansion.com/2012/07/23/empleo/desarrollo-de-carrera/1343059605.html

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