por Marcelo Molina

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por Marcelo Molina

Te has puesto a pensar alguna vez, ¿Qué pasaría si en un momento dado te quedaras sin la capacidad de ver? ¿Si de repente dejaran de existir para vos las formas, los colores, la posibilidad de medir la distancia hacia los objetos y las personas circundantes, la luminosidad o brillo de las cosas? ¿Si en lugar de ver, solamente nos quedara la posibilidad de imaginar —a través de la información que nos provea el resto de los sentidos—, lo que está frente a nosotros?

Sin duda, al inicio, sería una experiencia realmente traumática. Poco a poco, conforme pasa el tiempo y luego de un necesario período de aceptación y adaptación, te irías “acomodando” a la nueva situación y, naturalmente, comenzarías a relevar un nuevo “mapa” del mundo.

Los “Murciélagos”, tal es el apodo que ha recibido el seleccionado nacional argentino de fútbol para ciegos, son portadores de un merecido reconocimiento internacional debido al indudable mérito de sus hazañas deportivas. Quizás porque tienen lo que a muchos equipos deportivos con “visión” les falta: pasión, disfrute y diversión. Pero lo interesante de destacar es que estos muchachos no ven la pelota, no ven el arco, no ven a sus contrincantes, y por supuesto… no ven los límites ni los obstáculos!

Les comparto un cuento aparecido en el libro “Cuentos para pensar”, de Jorge Bucay que ilustra sobremanera esta temática de los obstáculos, palabra que da título a dicho cuento:

Voy andando por un sendero. Dejo que mis pies me lleven.
Mis ojos se posan en los árboles, en los pájaros, en las piedras. En el horizonte se recorte la silueta de una ciudad. Agudizo la mirada para distinguirla bien. Siento que la ciudad me atrae.
Sin saber cómo, me doy cuenta de que en esta ciudad puedo encontrar todo lo que deseo. Todas mis metas, mis objetivos y mis logros. Mis ambiciones y mis sueños están en esta ciudad. Lo que quiero conseguir, lo que necesito, lo que más me gustaría ser, aquello a lo cual aspiro, o que intento, por lo que trabajo, lo que siempre ambicioné, aquello que sería el mayor de mis éxitos.
Me imagino que todo eso está en esa ciudad. Sin dudar, empiezo a caminar hacia ella. A poco de andar, el sendero se hace cuesta arriba. Me canso un poco, pero no me importa.
Sigo. Diviso una sombra negra, más adelante, en el camino. Al acercarme, veo que una enorme zanja me impide mi paso. Temo… dudo.
Me enoja que mi meta no pueda conseguirse fácilmente. De todas maneras decido saltar la zanja. Retrocedo, tomo impulso y salto… Consigo pasarla. Me repongo y sigo caminando.
Unos metros más adelante, aparece otra zanja. Vuelvo a tomar carrera y también la salto. Corro hacia la ciudad: el camino parece despejado. Me sorprende un abismo que detiene mi camino. Me detengo. Imposible saltarlo
Veo que a un costado hay maderas, clavos y herramientas. Me doy cuenta de que está allí para construir un puente. Nunca he sido hábil con mis manos… Pienso en renunciar. Miro la meta que deseo… y resisto.
Empiezo a construir el puente. Pasan horas, o días, o meses. El puente está hecho. Emocionado, lo cruzo. Y al llegar al otro lado… descubro el muro. Un gigantesco muro frío y húmedo rodea la ciudad de mis sueños…
Me siento abatido… Busco la manera de esquivarlo. No hay caso. Debo escalarlo. La ciudad está tan cerca… No dejaré que el muro impida mi paso.
Me propongo trepar. Descanso unos minutos y tomo aire… De pronto veo, a un costado del camino un niño que me mira como si me conociera. Me sonríe con complicidad.
Me recuerda a mí mismo… cuando era niño.
Quizás por eso, me animo a expresar en voz alta mi queja: -¿Por qué tantos obstáculos entre mi objetivo y yo?
El niño se encoge de hombros y me contesta: ¿Por qué me lo preguntas a mí?
Los obstáculos no estaban antes de que tú llegaras… Los obstáculos los trajiste tú.

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Preguntas para la reflexión personal:
¿Qué me sucede recurrentemente cuando me encuentro con obstáculos? ¿Cuál es mi actitud?
¿Observo que en mi vida existen “demasiados” obstáculos? ¿Cuánto es “demasiado”?
¿De qué manera puedo resignificar lo que observo, para que lo que interpreto como obstáculo que me frena se convierta en algo que me abra posibilidades?

Autor Marcelo Molina http://entrenatuvida.wordpress.com/2012/10/30/limites-y-obstaculos-ilusiones-o-realidad

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Comentarios (0)

  1. ¡Muy interesante este artículo y sobre todo, el ejemplo al que hace referencia del equipo de fútbol con jugadores ciegos! Los obstáculos son lo que son, cuando lo convertimos en ello. De cualquier otra manera, pueden verse como circunstancias de la vida y nada más.

    Es por ello lindo cuando el niño dice “los obstáculos los trajiste tu”, porque es así. Quizás lo que para mi es un obstáculo, para otra persona no lo sea tanto 😀

    Compartiendo!

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