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En efecto, en el planeta del principito había, como en todos los planetas, hierbas buenas y hierbas malas. Por consiguiente, de buenas semillas salían buenas hierbas y de las semillas malas, hierbas malas. Pero las semillas son invisibles; duermen en el secreto de la tierra, hasta que un buen día una de ellas tiene la fantasía de despertarse. Entonces se alarga extendiendo hacia el sol, primero tímidamente, una encantadora ramita inofensiva. Si se trata de una ramita de rábano o de rosal, se la puede dejar que crezca como quiera. Pero si se trata de una mala hierba, es preciso arrancarla inmediatamente en cuanto uno ha sabido reconocerla. En el planeta del principito había semillas terribles… como las semillas del baobab. El suelo del planeta está infestado de ellas. Si un baobab no se arranca a tiempo, no hay manera de desembarazarse de él más tarde; cubre todo el planeta y lo perfora con sus raíces. Y si el planeta es demasiado pequeño y los baobabs son numerosos, lo hacen estallar.

“Es una cuestión de disciplina, me decía más tarde el principito. Cuando por la mañana uno termina de arreglarse, hay que hacer cuidadosamente la limpieza del planeta. Hay que dedicarse regularmente a arrancar los baobabs, cuando se les distingue de los rosales, a los cuales se parecen mucho cuando son pequeñitos. Es un trabajo muy fastidioso pero muy fácil”.
(“El Principito” ~ Antoine de Saint-Exupery)

Para los que hemos completado algún ciclo educativo (primario, secundario,  terciario, etc.) hemos visto cómo las instituciones colocaban para nuestro conocimiento lo que denominaban como “Reglas de disciplina” o “Normas disciplinarias” ó más recientemente “Código de convivencia”, en donde se encontraba una suerte de reglamento que constituía una instrucción sistemática para seguir un determinado código de conducta u “orden”. Y toda vez que ese código o reglamento no era cumplido en tiempo y forma, entraban en escena las “sanciones”, “amonestaciones”, “castigos” o “correctivos”. Con todo esto, es fácil intuir el porqué de la “mala prensa” de la disciplina…

Si miramos a la palabra disciplina desde la etimología, veremos que está compuesta por el prefijo “discere”, que significa “aprender”, y por el sufijo “pullina” que proviene del verbo pellere, pulsum (empujar, impulsar), viéndolo de este modo, disciplina sería “impulso al aprendizaje”.

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Desde esta perspectiva, lograr una disciplina (o auto-disciplina) sería el componente básico y necesario para poder obtener cualquier resultado que estemos buscando, ya sea en lo individual como en equipos de trabajo. Sin disciplina no hay aprendizaje, sin aprendizaje no hay aumento de poder (hablamos aquí del poder como “capacidad de acción efectiva”), y sin aumento de poder no hay logros (o resultados satisfactorios).

Con disciplina podemos modificar una conducta, y esto lo logramos mediante actos recurrentes que solidifiquen hábitos, que conviertan a este proceso en un círculo virtuoso.

¿Qué se necesita para lograr disciplina?

  • Encontrar un valor (algo que sea valioso para uno mismo) para QUERER cambiar un hábito o conducta. Tiene que ver con la ACTITUD, los VALORES y los DESEOS personales. Esto me revelará cuál es el COMPROMISO para conmigo mismo o para con el equipo. Preguntas poderosas: ¿Qué me motiva al cambio? ¿Para qué quiero cambiar?
  • Diseñar una ESTRATEGIA (un “modo” que nos sirva para convertir en realidad un nuevo hábito) y un PLAN que nos permita SABER cómo realizarlo. Esto tiene que ver con APTITUDES, o sea, CONOCIMIENTOS y RECURSOS que es necesario adquirir. Preguntas apropiadas: ¿Cómo haré para cambiar? ¿Qué necesito (de mí, de otros)?
  • Ponerse en ACCION, responder con HABILIDAD (hacerse responsable) frente al desafío de alcanzar el nuevo hábito, para PODER lograr cerrar el círculo virtuoso de la disciplina, a través del nuevo COMPROMISO asumido. Preguntas adecuadas: ¿qué pasará si no me pongo en acción ahora? ¿hasta cuándo seguiré comprometido a lograr el círculo no-virtuoso?

“Disciplina es pagar el precio para traer esa visión a la realidad. Es abordar los hechos duros, pragmáticos y brutales de la realidad y hacer lo que haga falta para que ocurran las cosas. La disciplina surge cuando la visión se une al compromiso” ~ (Stephen Covey)

Recibe mi total agradecimiento por permitirme compartir contigo estas reflexiones y te agradeceré las reenvíes a quien consideres les puede ser de utilidad.
Para mí es de mucho valor lo que piensas, así que me sentiré honrado si me lo compartes en un comentario.

Autor Marcelo Molina – http://entrenatuvida.wordpress.com/2013/02/15/es-cuestion-de-disciplina/

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