por Wifredo Rizo Chico de Guzmán

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Un espacio para aprender que no es necesario ser una empresa grande para ser una Gran Empresa
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Ser empresario es una tarea harto complicada, sobre todo si diriges una PYME y tu radio de acción, tu mercado, es fundamentalmente el nacional. Prontamente te encasillan, te encuadran, presuponen tu ideología. Ya digo, eres lo que se espera de ti, no debes ser otra cosa. Somos como mercenarios de la ideología, ésta es la que hay y no es conveniente defender otra. Ni en un lado ni en otro te toleran ni te comprenden.

Soy nieto, hijo, padre y ojalá que abuelo de empresarios. La empresa que hoy dirigimos no es la de mi abuelo. Aquella, por o tras los avatares de la guerra civil, desapareció. El bueno de mi abuelo, acuciado por los problemas inherentes de aquella fatídica época, tuvo que finiquitar su empresa.

Era exportador de azafrán puro. No sabía conducir, pero se recorrió toda Europa en coche, al lado, claro está, de un chófer que lo llevaba. Siempre se ha dicho que en Novelda el más tonto hacía relojes, porque ya, por desgracia, no los hace, ni siquiera los repara. Era un pueblo que se expandió por todo el mundo, que exportó sus aromas, sus sabores, su sentido, gracias a empresarios como mi abuelo. Novelda, siempre lo he dicho, tiene el sabor de sus especias.

Ser empresario, y lo digo con el convencimiento de mi dilatada experiencia, es ser un creador, un artista. El pintor, pinta, el poeta compone poemas y nosotros somos los artistas de lo cotidiano, de lo diario. Todos los días creamos. La sociedad, toda, está impregnada de nuestro arte.

En un zapato, en una baldosa de mármol, en un bote de azafrán, en cualquiera de nuestros productos está nuestra mano, nuestra pasión, nuestro esfuerzo y cariñoÉ nuestro arte, en definitiva. Un esfuerzo compartido, diferente quizá, al de los manufactureros que lo elaboran. Somos como dos partes fundidas en una, por más que absurdas “reformas laborales” se empeñen en separarnos. Pero ambos son grandes esfuerzos. Parte de nuestras vidas está en esos productos.

La empresa de mi padre, la que ahora ya va por la tercera generación, goza ya de setenta años. No tiene semblanza alguna con la de mi abuelo. Setenta años, se dicen pronto, pero han sido siete décadas de lucha, sobresaltos, a veces desesperación, pero siempre, siempre, hemos salido adelante. A base de dentelladas, pero adelante. Somos como una pareja de ancianos enamorados: juntos para siempre.

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Nuestro patrimonio siempre está expuesto al devenir de nuestras empresas. Una mala racha, un bucle de desatinos inesperado te puede conducir a arruinarte tú, y, lo que es mucho peor, a tu familia. Pendemos de un hilo como si fuéramos funambulistas de la economía.

Pero lo de ahora, este continuo sinvivir, estos sobresaltos, esta incertidumbre no la he visto, ni siquiera imaginado en mi vida. Todos los valores que tenías, que tanto respetabas, que eran inalterables se han mancillado, se han venido abajo por culpa de esta maldita crisis y por una ristra de ineficaces politiquillos cuya única finalidad es, entre otros despropósitos, poner trabas al empresario y al trabajador, y no fortalecer el sistema financiero.

Nadie ayuda ni piensa en las pymes y somos la solución de todos los problemas. Me duele la boca de pedirlo, pero con créditos blandos, con la fluidez del dinero menguaríamos en gran medida este maldito jinete del Apocalipsis que es el paro. Somos millones de pymes las que necesitamos financiación barata. Y esto se traduciría en millones de puestos de trabajo y el final de las pesadillas, el final de los Sánchez Gordillo o arribistas expertos en pescar en aguas revueltas. Estos salvapatrias a mí me aterran.

Los bancos han cerrado el grifo de la financiación. Las entidades bancarias son entes sin alma, sin corazón. No sienten, nunca dan la cara, simplemente ejecutan. El ambiente, allí dentro, es denso, espeso, se puede cortar con un cuchillo. Yo he conocido, siendo joven, al “banco amable”, pues lo hubo: comprensivo, al que le exponías un problema, una idea y con el beneplácito sólo del director arrancabas un proyecto. Hoy todo pasa por mil filtros, y todo se ha de ver, consultar, estudiar y ya veremos… Con la de sandeces que los bancos han cometido y no digamos ya las cajas.

Sus errores, su nefasta gestión sobre todo en las cajas, dirigidas principalmente por ineficaces políticos, las están pagando empresas que tanto trabajo han dado, que tanta mano de obra han absorbido. Los dirigentes de estas cajas, los políticos que acuden a por un retiro dorado, las hunden y, luego, como aquí todo es permisible y nunca pasa nada, se van de rositas pero con los bolsillos bien llenos de euros y de poca vergüenza. ¿Para cuándo responsabilidades penales para esta banda de facinerosos? ¿No hay justicia -justa- para ellos?

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Lo que nunca haremos es rendirnos, bajar los brazos y continuaremos partiéndonos la cara para seguir creando, que para eso somos artistas.

Autor Wifredo Rizo Chico de Guzmán

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