Por Jero Sánchez

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51Por Jero Sánchez

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26. Revisa tus objetivos, misión y valores periódicamente. Con el tiempo todos evolucionamos y cambiamos, y con nosotros también lo hacen nuestros objetivos, misión y valores. Procura revisarlos con la suficiente periodicidad para asegurarte de que todavía son vigentes, o terminarás recorriendo un camino que no es el que querías.

27. Integra tus objetivos a tus compromisos diarios. Una vez tengas claros cuáles son tus objetivos a medio y largo plazo, crea proyectos que te permitan alcanzarlos. Por ejemplo, si quieres convertirte en un escritor, probablemente deberás empezar por escribir una primera novela, o a lo mejor tomar un curso de escritura creativa. Añade estas “ideas” a tu lista de proyectos y empieza a trabajar en ellos como en cualquier otra cosa que tengas pendiente en este momento.

28. Actúa siempre con perspectiva. Antes de iniciar una tarea piensa si esa tarea te aportará algún valor. ¿Te hará avanzar en tus proyectos importantes? Acostúmbrate a tener siempre contigo una lista de tus objetivos a medio y largo plazo –para ello, conviene que los tengas por escrito. Si esos objetivos son fruto genuino de tu misión y valores personales, la lista te ayudará a ganar perspectiva y a tomar la mejor decisión posible en cada momento. Por ejemplo, si de verdad quieres perder peso porque no quieres tener un infarto, en lugar de sentarte a ver la televisión cuando llegas a casa por la tarde, la perspectiva hará que te pongas ropa cómoda y salgas a caminar 30 minutos al parque. 29. Canaliza adecuadamente tus preocupaciones. Las preocupaciones son uno de los lastres de nuestra oportunidad, pues no nos permiten centrarnos en las cosas importantes. Curiosamente, las preocupaciones suelen ser fruto de la falta de atención a algún aspecto de tu vida. Si el sobrepeso te preocupa, entonces es porque no estás haciendo nada para remediarlo. Piensa exactamente qué cosas son las que te preocupan, define objetivos a medio y largo plazo, crea proyectos y ponte a trabajar ya para solucionarlo. A partir de ese momento dejará de ser una preocupación, porque te habrás convertido en parte activa de la solución.

30. Busca inspiración para motivarte. A veces resulta muy difícil hacer lo que uno tiene que hacer. No siempre tomar perspectiva funciona. En esos casos recurre a cualquier otra cosa. Utiliza la visualización positiva para imaginarte cómo será tu vida dentro de un tiempo si consigues tus objetivos. O imagina lo que haría tu ídolo o alguien que admiras en tu situación. También puedes buscar el apoyo de un amigo o un coach que conozca tu potencial y pueda impulsarte en los momentos bajos. No todo funciona para todos, ni todo el tiempo. Busca lo que funciona mejor para ti, y hazlo.

31. Simplifica, y luego vuelve a simplificar. Como dice mi compañero bloguero Berto Pena, “menos es más”. No compliques las cosas sin necesidad. Cuanto menos listas, herramientas, proyectos, objetivos… más sencilla será la gestión de tu vida. Sé muy analítico y revisa constantemente si no estás complicando demasiado las cosas.

32. Sácale partido a la tecnología. La tecnología puede ser un verdadero agujero negro para nuestra productividad, pero también puede ser un trampolín si la usamos con inteligencia. Tareas que antes llevaban horas de trabajo, hoy suponen apenas minutos o segundos. Por ejemplo, mantener un archivo digital puede ahorrarte mucho espacio, dinero y tiempo si sabes cómo hacerlo. No dejes que el miedo o el desconocimiento te haga menos productivo.

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33. Renuncia a todo aquello que no te aporte valor. Es muy tentador pasar horas jugando con la videoconsola, o navegar sin rumbo por Internet, pero es una gran pérdida de tiempo –a menos que lo hagas como parte de tu estrategia de desconexión mental. Todo lo que hagas debería tener un propósito claro, un por qué, en función de tus valores y objetivos. Todo lo que hagas sin ese propósito deberías desterrarlo de tus hábitos.

34. Reduce el tiempo que pasas leyendo y escribiendo. Una gran parte de nuestro trabajo consiste en leer y escribir, especialmente con un ordenador. Así que, cuanto menos tiempo emplees en leer y escribir, más trabajo podrás terminar en menos tiempo. Aprende mecanografía y utilizar técnicas de lectura rápida siempre que puedas.

35. Utiliza rutinas para organizar tus tareas repetitivas. Busca la forma óptima de organizar las tareas repetitivas que debes hacer todos los días. Luego escríbelas en forma de rutinas o listas de comprobación, y utilízalas como referencia hasta que las domines. De esa forma nunca olvidarás hacer algo, te será fácil eliminar o añadir nuevas tareas, y tu trabajo será siempre una alta calidad.

36. Domina las herramientas que usas. De la misma forma que leer y escribir rápido aumenta tu productividad, dominar los atajos de teclado, o conocer todas las funciones de los programas que usas habitualmente, te permitirá ahorrar mucho tiempo –y en ocasiones también te permitirá ganarte el reconocimiento de la gente que te rodea.

37. No hagas cambios sin un motivo justificado. La productividad se trata de hacer, no de lo que usas. A veces probamos nuevas herramientas, sistemas y métodos simplemente para eludir nuestra responsabilidad de hacer. Cambiar un sistema de trabajo o una herramienta requiere tiempo, y llegar a dominarlos mucho más tiempo. Piensa muy bien antes de cambiar nada. Antes de hacerlo procura ser honesto e informarte si el cambio te aportará alguna ventaja significativa –¿el nuevo programa de gestión de listas realmente te aporta más potencia, o lo estás probando simplemente porque te parece atractivo o está de moda?

38. No te cierres al cambio. Aunque no es bueno estar cambiando todo el tiempo, hay que estar siempre atento a las novedades. A veces surgen herramientas o formas de trabajo que pueden resultar más efectivas para tus circunstancia. Mantén un ojo crítico, y no tengas reparos en probar algo nuevo si honestamente crees que te puede ayudar.

39. Capitaliza los recursos de la gente que te rodea. Nadie puede llegar muy lejos sin la ayuda de los demás. Trabajar de forma aislada es casi un suicidio productivo. Aprende a delegar eficazmente, descubre y utiliza las capacidades de la gente que te rodea, ayúdalos a alcanzar sus propios objetivos, y ellos te ayudarán a ti.

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40. Da seguimiento a las cosas que delegas. Un asunto delegado no significa un asunto terminado. Recuerda que tú sigues siendo el responsable último de que ese algo se realice. Así que registra todos los asuntos delegados en una lista, y dale seguimiento todos los días.

41. Termina las cosas que empiezas. Está muy bien tener un sistema de listas, utilizando un programa de ordenador de última generación, y disponer de una bonito sistema de archivo. Pero si te limitas a organizar y no concluyes, tu trabajo es una pérdida de tiempo. La productividad es hacer, de terminar, no de los programas o sistemas que utilizas para organizarte.

42. Date permiso para abandonar cosas a medias. Aún cuando la productividad es cuestión de hacer, no todo lo que empiezas merece ser terminado. Debes revisar permanentemente tus objetivos, proyectos y tareas en curso. Si algo ya no tiene sentido o ha perdido el interés, no dudes en eliminarlo de tu sistema. No importa el tiempo y recursos que le hayas dedicado: seguir con ello será una pérdida de tiempo y recursos todavía mayor.

43. Di NO con más frecuencia. Lo ideal es que no empieces nada que no te aporte valor. Aprende a deshacerte de proyectos y compromisos antes siquiera de que entren a tu sistema productivo. Y si finalmente tienes que darle entrada –porque forma parte de tus responsabilidades–, procura prometer poco y dar más de lo prometido, en lugar de prometer mucho y luego no cumplir lo prometido. Tu imagen personal ganará muchísimo.

44. Haz las cosas con la máxima calidad posible. Haz un esfuerzo consciente por terminar las cosas bien y a la primera. Un trabajo pobre siempre termina regresando, lo que implicará más tiempo y recursos –justo lo contrario de lo que pretendías–, por no hablar del daño que puede causar a tu reputación. Recuerda: el descuidado SIEMPRE trabaja doble.

45. Aprende a vivir con los “no productivos”. No trates de cambiar a las personas que rodean para que trabajen como tú. La productividad es algo que debe entenderse y aceptarse de forma voluntaria. Tratar de cambiar a los demás no sólo es una pérdida de tiempo, también suele ser una fuente de discusiones y roces –especialmente con la familia. Ten cuidado, no vaya a ser que al intentar convertir a los demás al “productivismo” tengas que pagar un precio demasiado elevado en comparación con los supuestos beneficios.

46. Sé optimista y positivo. Sí, aunque no lo creas, el optimismo es fundamental para afrontar los retos de una forma constructiva. Alguien optimista siempre se centra en la solución a los problemas, en lugar de en las dificultades, lo que en última instancia te permitirá ser más productivo.

47. Prémiate por el trabajo bien hecho. La productividad no siempre es fácil. Cada vez que consigas un objetivo, superes un obstáculo o avances significativamente en un proyecto, celébralo. Haz algo que te guste, date un respiro. Ve a tu restaurante favorito, o cómprate el libro que llevabas meses queriendo comprar. Ser productivo requiere disciplina, pero también requiere motivación. Y una forma excelente de motivarte es dándote un pequeño lujo cada vez que consigues batir un reto.

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48. Disfruta lo que haces. Todas las actividades que llevamos a cabo tienen sus momentos buenos y malos. Pero la mayoría del tiempo, tu actividad principal debería ser placentera. De otro modo estarás desaprovechando gran parte de tu potencial, además de que no estarás en sincronía con tu misión y valores –haciendo virtualmente imposible que seas productivo realmente.

49. No bajes la guardia en ningún momento. Aunque lleves tres meses trabajando de forma productiva, la desmotivación, la baja energía y el caos están siempre al acecho. Al menor descuido tu productividad puede verse seriamente amenazada –de hecho, todos nos hemos caído del tren productivo en más de una ocasión. Así que nunca te confíes.

50. Sé indulgente contigo mismo. Si a pesar de todo terminas cayendo del tren de la productividad, no te desanimes. Como la mayoría de los logros en la vida, ser productivo es cuestión de constancia –como reza el lema de este blog, “la gota de agua no horada la piedra por fuerza, sino por constancia”. Date permiso para fallar, pero no abandones. Si te caes, tómate un descanso, gana un poco de distancia, toma fuerza y vuélvelo a intentar.

51. Nunca dejes de leer sobre productividad. La productividad, como cualquier otra disciplina, siempre está en constante evolución. Uno nunca deja de aprender. Lee lo que otros tiene que decir, analízalo, pruébalo y quédate con lo que te ayude a ser cada día más productivo.

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