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Los “políticos” en la empresa familiar

por Carlos Folle

Con frecuencia los “políticos” no tienen el mismo estatus en la empresa familiar que los miembros de la familia, aunque sean una mejor alternativa. Típicamente tienen que trabajar más duro para probarse frente a la familia, y aun así muchas veces no terminan de obtener los mismos beneficios. Están bajo permanente escrutinio, rindiendo examen en forma continua.

Esta conducta es fruto de temores con fundamento. Los problemas que pueden surgir por incorporar a un pariente político a la empresa tienen impacto en dos niveles: el de la empresa y el de la familia. ¿Qué pasa si el “político” no sirve para la responsabilidad que le fue dada? ¿O proviene de un ambiente de empresa donde la forma de hacer era más formal y profesional, y no se adapta a un esquema más informal o emocional para tomar decisiones? ¿Lo despedimos? Asimismo, ¿qué pasa si resulta ser un ejecutivo o ejecutiva clave para el desempeño de la empresa, pero aparecen desavenencias conyugales y se separa de la o el miembro de la familia empresaria? ¿Priorizamos la armonía familiar o la empresa? Estas son algunas de las posibles situaciones que se pueden dar en las empresas familiares.

Para esbozar algunas respuestas a estas interrogantes, cabría comenzar por entender por qué es que se invita al “político” a entrar en la empresa familiar. Aquí surgen varias posibilidades: que el dueño de la empresa concibe a la empresa como una bolsa de trabajo familiar, donde todos tienen espacio y lo invite a ingresar; que el dueño entienda que la formación y las competencias del “político” sean necesarias para la empresa y genuinamente lo invite a participar, porque necesita a alguien con su perfil en la empresa; que el “político” necesite el trabajo, tenga escasas alternativas, y se lo haya hecho ver al cónyuge para que a su vez presione a su familia; que el “político” o su cónyuge se sientan con el derecho a exigir que se le abra una posición por ser miembro de la familia. En estos últimos casos vale la pena detenerse, porque en varias oportunidades me he encontrado con la posición de empresarios que se cuestionan si los cónyuges son o no parte de la familia, y por lo tanto de si merecen tener el mismo tratamiento que sus hijos en la empresa.

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Frente a este planteo es útil recurrir al modelo de Tagiuri y Davis que identifica los tres sistemas que interactúan en la realidad de la empresa familiar: la familia, el trabajo en la empresa familiar y la propiedad de la empresa familiar. El “político” pasa a formar parte de la familia al casarse con un miembro de la familia empresaria, por lo tanto pasa a ser parte de la familia. Esto no necesariamente le da derecho de ningún tipo a trabajar en la empresa familiar, ni mucho menos a tener parte de su propiedad, aunque ambas situaciones se puedan dar luego por otros motivos.

Así que lo primero es el ingreso a la familia. Aquí ya se puedan dar varios tipos de situaciones. Entre ellas, la de la familia que acoge al “político” con apertura y gradualmente lo va asimilando como un miembro más, pero lo mantiene fuera del
negocio familiar. Un “fuera” hasta cierto punto relativo, sobre todo si el cónyuge trabaja en la empresa familiar –porque, como acostumbra decir un colega– existe el “bedroom meeting”. Este es el ámbito donde el cónyuge que trabaja en la empresa familiar descarga sus frustraciones con el “político”, dando una visión frecuentemente sesgada de sus habilidades, frente a las incompetencias que quizás llevan a largas horas de trabajo en la empresa o por los desaires de otros miembros de la familia que trabajan en la empresa. Esta situación –que es muy humana– lamentablemente tiene efectos bastante perniciosos en la percepción que en este caso tiene el “político” sobre su familia política y puede redundar en retroalimentar un sentimiento que poco tiene de bueno en el cónyuge que trabaja en la empresa familiar. Solo reforzará su sentimiento de frustración o de que sus contribuciones son subvaloradas y comience a mirar con otros ojos a su familia y a la empresa familiar.

Otras situaciones igualmente complicadas surgen a partir de que el “político” –por cualquiera de las razones descriptas más arriba– ingresa a trabajar en la empresa familiar. De más está decir la importancia que tiene el establecer una relación de confianza con su familia política. Este es un activo que no puede parar de nutrirse y donde el “político” tiene que asumir y demostrar que vive los mismos valores. El tacto para moverse en este entorno resulta clave para que su desempeño sea bien evaluado; un choque de personalidades en este contexto entre miembros de la familia de sangre es perdonable, ahora con familiares “políticos” difícilmente sea aceptable. El problema muchas veces surge más adelante, cuando el verdadero carácter del “político” se asoma. Con el tiempo, va tomado confianza y la prudencia suele decaer.

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Esto también puede ser fruto del éxito. Quizás la gestión competente del “político” sea la que lleve a la empresa a tener buenos resultados económicos, incluso con situaciones de lastre para la empresa por parte de sus cuñados. Aquí el “político” hábil será el que no se deje llevar por éxitos que lo tienten a tomarse libertades o prerrogativas que no le corresponden, sobre todo en ambientes familiares hostiles donde la incompetencia o las falsas inseguridades del resto de la familia empresaria terminen jugándole una mala pasada, para mal suyo, de la empresa y también de toda la familia. De la misma manera, hay que tener cuidado con el éxito efímero que rápidamente se olvida frente a dificultades en el mercado o crisis que van más allá de la gestión del “político”, pero igualmente lo terminan condenando.

Para que la participación de los “políticos” sea exitosa, tanto para la familia como para la empresa, hace falta una clara definición consensuada de su rol, sus objetivos y las expectativas de la familia.

Fuente http://socrates.ieem.edu.uy/2014/10/los-%E2%80%9Cpoliticos%E2%80%9D-en-la-empresa-familiar/

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