La reingeniería personal

No podremos hacer por otras personas, aquello que aún no hemos hecho por nosotros mismos, porque un seco manantial ¿Qué sed puede saciar? Y un estéril terreno ¿Qué frutos puede dar? Obviamente que nada, pues ¿cómo puede alguien ofrecer aquello de lo cual carece? ¿Con qué moral exigimos a los demás lo que no tenemos? Ya no hay tiempo para contemplaciones, para ver la vida pasar, para quedarnos a un lado del camino observando a otros triunfar.
Llegó la hora de detenernos en este instante y comenzar a reflexionar acerca de lo que hasta ahora ha sido la vida, ésa que Dios nos encomendó, que puso en nuestras manos porque en sus hijos confió. Comencemos una reingeniería desde el interior. Revisemos desde muy adentro aunque duela un poco el tener que hurgar, al explorar en ese lugar donde tenemos miedo de llegar, de ver lo que no queremos y llorar si hay que depurar, porque las heridas duelen mientras las tengamos que curar