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Empresas Familiares: fijarse un calendario

por Josep Tapies

Pensar que retirarse no cuesta un gran esfuerzo, sería tanto como negar la evidencia. Es perfectamente comprensible que a la persona que ha creado una empresa (o ha revitalizado la que le entregaron) le cueste mucho abandonar la obra de su vida. Pero precisamente para perpetuar esa obra la única opción es retirarse a tiempo.

A partir de determinada edad, aunque las facultades físicas y mentales no entren en declive, no retirarse del cargo puede ser una imprudencia, porque la dirección han de ocuparla personas con las competencias adecuadas y esas competencias que hacen distinta a nuestra empresa van mutando a medida que va mutando el entorno competitivo. Aunque el fundador esté en plena forma, los hábitos desarrollados durante años pueden ser un lastre para la competitividad de la empresa. Sin que él mismo se dé cuenta, pueden haber quedado obsoletas su manera de entender el negocio, el entorno, la competencia, la tecnología o lo que demanda el mercado.

Es difícil encontrar el momento de retirarse. Un emprendedor en activo siempre tendrá en marcha proyectos y negociaciones a punto de culminarse, constantemente irán surgiendo imprevistos que aconsejan retrasar la sucesión.

Admitido el principio innegable de que no somos inmortales lo más razonable es pensar en que el fundador ha de marcarse un calendario. El calendario puede adoptar muchas modalidades. Al cumplir determinada edad o al llegar un evento señalado, por ejemplo en la junta general de accionistas de dentro de equis años.

Otras posibilidades serían fijarse una determinada meta empresarial: al culminar la compra de tal empresa con la que ahora estoy negociando, en el momento en que esté implantada sólidamente la internacionalización o haya acabado la remodelación del equipo de ventas o al lograr determinada cifra de facturación. Estas modalidades tienen un riesgo evidente: el hipotético plazo está sometido a demasiadas incertidumbres.

Demasiado incierto es poner un número mágico a la cifra de ventas, que pueden disminuir por un cambio en el mercado de divisas, la aparición de un competidor, una desaceleración de la economía, un fallo que ralentice la producción. Son condiciones con excesivos imponderables. Como excusas no van a faltar, mejor no ponerlas fáciles.

En todo caso, con la antelación suficiente cada uno ha de fijarse su propio calendario, que no tiene por qué hacer público hasta que considere que la situación está madura. El principal responsable de que esto ocurra es el fundador (y sus sucesores cuando les corresponda). Es una cuestión sobre la que uno debe reflexionar y quizá contrastar sus ideas con alguien de confianza.

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Por supuesto si el fundador ha sido capaz de crear un órgano de administración con presencia de independientes de peso, resultará mucho más fácil ver las cosas con cierta objetividad.

Fuente http://blog.iese.edu/empresafamiliar/2014/fijarse-un-calendario/

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