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La felicidad está en el camino

Por Pablo Arango

“Las personas felices planean acciones, no planifican los resultados” —Dennis Waitley

Muchas veces estamos tan enfocados en llegar, en alcanzar nuestro destino, que no percibimos el hermoso paisaje que acompaña nuestra travesía.
Un grupo de amigos nos fuimos a hacer senderismo con nuestros hijos, ninguno de los cuales tenía más de siete años.
Los niños, como es propio en ellos, cada pocos metros encontraban algo fascinante. Entonces se detenían para investigar, jugar o, simplemente, admirar.
Los padres, acostumbrados a trazar planes, cumplir metas, lograr objetivos… a menudo les llamábamos la atención para que no se detuvieran tanto y así poder llegar más pronto a nuestro destino.
Yo, por mi parte, iba realizando complicados cálculos mentales: «tantos kilómetros de ida, tantos de vuelta… tanto tiempo para comer… hum, haremos la travesía en unas cinco horas», y al final concluí: «muy buen tiempo para ir con los niños».
Por fortuna, poco tiempo después me di cuenta de lo equivocada que era mi actitud. El propósito de nuestra expedición no era llegar a un punto determinado en el menor tiempo. No andaba en búsqueda de eficiencia.
El sendero era nuestro destino, y toda la diversión de la jornada la íbamos a encontrar durante el recorrido, no en el sitio de llegada.
Así que no había ninguna prisa por llegar. Podíamos relajarnos, disfrutar, y apreciar con calma cada exquisita vista que conmoviera a nuestro espíritu.En esa excursión más extensa que es la vida, a menudo cometemos el mismo error: fijamos con obstinación nuestra atención en el punto de llegada, en el objetivo, en la meta por cumplir; y no apreciamos toda la diversión que hay a nuestra disposición durante el camino.
Vamos postergando la felicidad en espera de que algo llegue: «seré feliz cuando termina la carrera», «seré feliz cuando obtenga el ascenso», «seré feliz cuando compre la casa más grande», «seré feliz cuando al fin me jubile».Y resulta que, al igual que en la montaña, la mayor diversión la hallamos durante el camino. Si, alcanzar una meta, cumplir un objetivo, resulta gratificante. Somos felices cuando al fin obtenemos aquello por lo que tanto nos hemos esforzado.
Pero, como reportan una y otra vez quienes han conquistado grandes desafíos, esa felicidad dura muy poco. Y pronto se dan cuenta que fue en el camino que los condujo hasta ahí donde hallaron la mayor dicha.

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Sigmund Freud nos quiso prevenir contra esta equivocación:

Un buen día, echando la vista atrás, se dará usted cuenta de que esos años de lucha han sido los más hermosos de su vida.

El esfuerzo y los sacrificios realizados son lo que le da valor a los objetivos que alcanzamos. Sin una gran lucha, no existe una gran satisfacción.
Pero es equivocado atar nuestra felicidad a la consecución de un objetivo, pues no controlamos los resultados. Nadie nos puede garantizar el éxito.
Lo que sí está bajo nuestro control es marchar, y la actitud con la cual viajamos.
Así que compañeros caminantes, avancemos, con una sonrisa en la cara y una canción en el alma.
Disfrutemos ya de este viaje que es tan corto. Seamos tan buenos como podamos ser. Esforcémonos. Que quizá cosas buenas terminen llegando.
Pero solo quizá.
​Fuente: http://notasaprendiz.weebly.com/blog/la-felicidad-esta-en-el-camino

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