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Porqué las organizaciones también enferman?

Entre las diferentes maneras de clasificar a las organizaciones, también puede hacerse una taxonomía basada en estados emocionales de la organización. Hay organizaciones confiadas, cuyo éxito, en el mejor de los casos, las lleva a ejecutar estrategias sin miedo y ser consistentes, pero, en el peor de los casos, puede llevarlas a la arrogancia, a construir un ambiente de sobre confianza e ilusión, donde minimizan a competidores, tecnologías y productos nuevos.

Hay organizaciones ansiosas, o incluso paranoicas, como lo describió Andy Grove (Intel), que en el mejor de los casos están activas y abiertas a nuevas oportunidades pero que en su lado negativo pueden lucir eternamente preocupadas y vivir un desgaste porque “falta algo” o están sumergidas en el miedo. Hay organizaciones de personalidad múltiple, que en el mejor de los casos exploran diferentes mercados o segmentos, pero que en el peor pueden convertirse en esquizofrénicas; tienen tantos frentes, tantas prioridades, tantas iniciativas, que no son contundentes en su estrategia ni pueden alinear recursos.

Hay organizaciones introspectivas y tranquilas que en el mejor de los casos son maduras en sus procesos y sólidas en sus prácticas, pero que en el peor se deprimen, se “dejan caer”, como si se hubiera desvanecido la energía y la vitalidad para hacer nuevos emprendimientos. Y claro que se trata de un ciclo, donde, por ejemplo, la arrogancia lleva a una organización a que pierda momento, a que caiga su rentabilidad, pierda participación de mercado y eventualmente caiga en depresión. Y, si la organización tiene alguna esperanza de sobrevivir, de la depresión tiene que seguir la ansiedad para que la empresa se reactive, y así sucesivamente.

El estado de una persona moral (empresa u organización) es muy parecido al de una persona física: exhiben características similares y discutiblemente podrían ser tratadas de manera similar. Javier Fernández Aguado, pensador y speaker español, socio fundador de MindValue y miembro de Top Ten Management Spain, es autor del libro Patologías Organizativas, donde analiza el comportamiento y principales enfermedades que pueden sufrir las organizaciones. Podría hablarse de diferentes grados de intensidad: la depresión severa interfiere con la capacidad para trabajar, estudiar, dormir, comer y disfrutar de actividades que antes eran placenteras. La distimia, un tipo de depresión menos grave, incluye síntomas crónicos (a largo plazo) que no incapacitan tanto, pero interfieren con el funcionamiento y el bienestar de la persona. Otro tipo de depresión es el trastorno bipolar.

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¿Puede una organización padecer depresión?

Según Fernández Aguado las empresas también pueden padecer depresión. Desde un punto de vista organizacional podría definirse como: “Organizaciones sumidas en crisis, con incapacidad para hacer frente a los cambios (del entorno, de los clientes, de los competidores, de la regulación, etc.). Sensación de desánimo generalizado, con falta de impulso o energía a la hora de afrontar sus actividades diarias o sus retos futuros”.

Fuente: http://www.psicologiaorganizacional.net/2017/10/porque-las-organizaciones-tambien.html

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