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Empresas familiares: ¿más problemas que los Pérez García?

Por Daniel Galante

Muchas empresas tienen al mando a dos o más integrantes de una misma familia. Hermanos, padres, hijos o cuñados que tienen un sueño en común y ¿qué mejor que hacer negocios con alguien de confianza, apreciada y que nunca lo defraudará?

Las empresas familiares se crean en base a un sueño en común con la idea de ser en el largo plazo una gran compañía y dejar un legado.

Sin embargo, las estadísticas muestran que casi un tercio de estas empresas no sobreviven a los 2 primeros años, el 80% no pasa la primera década y son muy pocas las que pueden trascender a la tercera generación, tanto aquí como en el resto del mundo.

Una gran ventaja es que todos los integrantes de la familia luchan por un bien común, tienen puesta la misma camiseta y muchas veces con un apellido como punta de lanza. Comparten el compromiso de hacer crecer la empresa y que año a año sea más rentable con una mística inigualable aportando esfuerzo y tiempo que muchas veces es quitado a la vida familiar por no asumir horarios fijos. También se postergan las ganancias en pos de una reinversión en el negocio para potenciarlo. Una gran ventaja, propia de las Pyme, es que pueden adaptarse mucho más rápido que las grandes compañías a los cambios del mercado y coyunturales.

Sin embargo, a las empresas familiares les cuesta romper el paradigma de “tenemos que hacer lo que papá hacía porque así la empresa creció” y hoy viven en el pasado con productos no competitivos o cuasi obsoletos o con un servicio muy distinto al que requiere un cliente actual o con tecnología antigua. Conozco un caso de un taller mecánico que durante años fue líder en servicio de carburación y hoy sigue haciendo (sólo) lo mismo. El certificado de defunción ya está firmado.

Un problema habitual es la interacción continua “hogar – negocio”. Muchas de las peleas domésticas continúan en la fábrica y viceversa, transformando el conflicto en una gran bola de nieve que a veces cuesta detener, liquidando a la empresa y la paz familiar. También muchas veces se “protege” al empleado familiar, dándole mas oportunidades que un no familiar jamás tendría. Hay casos de compañías formadas por hermanos o matrimonios, que el día a día los ha llevado perder ambas sociedades.

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Con el tiempo, la empresa crecerá y requerirá de nuevo personal. ¿Buscamos empleados a través del diario o llamamos al marido de nuestra hija que es tan buena persona?

La respuesta, en la mayoría de los casos, no es oportuna: “Es buena persona, hace ricos asados y es un gran padre de familia, pero necesitamos una persona capaz, con conocimientos de electrónica y una formación profesional.” Ser familiar no necesariamente es sinónimo de idóneo. El management verticalista y concentrado en los dueños no deja ingresar a gente ajena a la familia. ¿Y si el yerno resulta ser una malograda adquisición?

¿Cómo lo despido si es el marido de la nena? O al revés, si el yerno resulta ser un excelente colaborador y se divorcia, ¿Qué hace? “¿Lo despide por no ser mas parte de la familia a pesar de que siga siendo el padre de sus nietos o lo mantiene e implanta un conflicto familiar?” ¡Todo un dilema!

Definitivamente, el gran problema de este tipo de empresas es la sucesión, tanto si el fundador decide retirarse o lo sorprende la muerte.

En el primer caso, los que crearon la empresa casi nunca quieren dejarla en manos de otros y muchas veces (no todas) su presencia impide que los herederos realicen cambios trascendentales.

Conozco un empresario que ya pasó los 85 años, al que recién ahora sus hijos convencieron, por su edad, de que no era necesario que esté todo el día en la fábrica. El fundador accedió y ahora sólo va medio día. “Desde que mi papá redujo su tiempo en la empresa, estorba part time”. Jubilarlo a la fuerza es lapidarlo. Su experiencia y sus ganas, son elementos invalorables que pueden ayudar al crecimiento de la empresa siempre.

El segundo caso, la sucesión por muerte, puede llevar a peleas entre hermanos por quién tomará su lugar. ¿El más grande? ¿El que estudió? ¿El que estuvo siempre al lado del padre dentro de la empresa pero no es ni el primogénito ni el profesional?

Otra situación es que alguno de los hermanos quiera seguir con la empresa y otro no, pero quiere los mismos dividendos.

Y una tercera es que ninguno de los hijos quiera hacerse cargo y sólo piensan en vender la empresa o conservarla sólo por la historia familiar. Cuando fallece el dueño de la empresa, la herencia le corresponde a la viuda y a los hijos, resultando frecuentemente un reemplazo automático por gente que no tiene noción del negocio. Este resulta exponencial cuando se pasa de una segunda a una tercera generación.

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Al momento de la sucesión, es importante pensar en que no tiene que ser prolongación de lo que se hacía, sino una reestructuración positiva de toda la organización. Es cierto que llevará a cambios de liderazgo y a conflictos emocionales, que deben solucionarse rápidamente.

La compañía familiar puede perdurar en el tiempo sólo si evoluciona, se reestructura e incorpora personal extra familiar cuando sea necesario. Y recuerde: “No hay nada mas lindo que la familia unida…”

Fuente: http://www.iprofesional.com/notas/200204-Empresas-familiares-ms-problemas-que-los-Prez-Garca

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