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¿Te formas o te informas?

Por David Barreda

“…pidió que le leyeran un libro

que siempre era más cómodo (que leerlo uno mismo)…”

 ‘El aprendiz incompetente’, de Fátima M. Roldán

Última mente estoy “dilemoso”, no sé si esta palabra existe… vamos, que me surgen dilemas con más frecuencia de la habitual… o al menos, soy más consciente de ello que en otros momentos de mi vida… quizás esté en uno de esos “momento-dilemas”.

La verdad, reconozco que no me molestan, ni lo veo como una debilidad ni nada. Todo lo contrario.

Sí te reconozco, y aquí pierdo, que además de “dilemoso” me noto preguntón (con cierto punto de impertinencia), cuestionador y algo quisquilloso… quizás sea la falta de vacaciones, o unas creencias sobre determinadas cosas demasiado consolidadas (que te inyectan cierta soberbia en las maneras), o “la prisa del aprendizaje” (que precisamente te hace descarrillar en este sentido) …o un poco de todo eso …no sé, espero que se me pase… seguro que sí.

[por cierto, si alguien después de leer esto intenta hacerme coaching -como pudiera haber ocurrido tras la publicación del anterior post-, en serio… los tiros no van por ahí, gracias]

La cuestión es que, en los últimos meses, y quien haya asistido a alguna formación mía probablemente me lo haya escuchado, siento que… si bien me encanta mi trabajo, amo la formación, me gusta lo que hago… cada día estoy más convencido de que mi trabajo no sirve de nada… de absolutamente nada…

…si no tiene un impacto fuera el aula, si no se aplica y se pone en valor trascendiendo del proceso formativo.

Informar vs formar

En este sentido, cabe diferenciar que no es lo mismo participar en una formación en la que te estás informando, que de otra que en la que te estás formando.

En la formación en la que te informas (aunque creas que te formas), lo que ocurre es que recibes un golpe de información. Esa información puede ser más o menos interesante, incluso más o menos útil, incluso en el momento en el que la estás recibiendo puedes visualizar posibles aplicaciones prácticas… voy más allá, incluso además puedes realizar algún ejercicio, algunas simulaciones, etc., que te acrecientan la sensación de “aprendizaje” …aunque el aprendizaje no ocurra.

Es cierto que ese conocimiento, esa información, es necesaria. Forma parte de la materia prima del aprendizaje. Siempre (o casi siempre) suma. Es cultura. Es riqueza. Son nuevas perspectivas. Es información. Recuerda que en la sociedad en la que vivimos el conocimiento es el nuevo capital… un capital que se pone en valor según lo juegues, imagina ¿de qué te sirve tener un millón de euros debajo del colchón?… sí, para saber que lo tienes, o para creerte que eres rico… pero si no repercute y genera riqueza en tu vida ¿de qué puñetas sirve?

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Los contextos no invitan al aprendizaje

Lo realmente jodido es que en mi opinión (es solo una opinión, así que puedes pasar olímpicamente de ella, de hecho, deberías hacerlo) …

…lo que te decía, en mi opinión, después de 19 años impartiendo formación, observo que desgraciadamente los contextos de las acciones formativas que se proponen invitan más a informar que a formar… aunque nos digan y nos juren lo contrario.

A veces por culpa de las propias propuestas formativas (con objetivos ambiciosos, exceso de contenidos, poco tiempo y menos recursos), otras por culpa del cliente que las demanda (con muchas necesidades abiertas, muy exigente, poco tiempo y escasa intención de invertir en ellos), y otra veces, por supuesto, por culpa de nosotros, los formadores (con tendencia a contar aunque sea a calzador lo que sabemos, a inflar las clases para no quedarnos cortos, a controlar lo que vaya a ocurrir en el aula por encima de todas las cosas, etc.)… seguro que me dejo otras cosas más… y seguro que la concurrencia de culpas en este ámbito se da… emborronándolo todo aún más.

Cuando volcamos conocimiento en los demás, informamos. Cuando facilitamos la integración de esos contenidos, la resolución de problemas, la replicación en el futuro de estrategias efectivas, la automatización de estas soluciones… entonces, formamos. Se genera aprendizaje, se genera autonomía, se genera talento.

Que no te la den con queso

Que una formación te reporte buenas sensaciones, buena onda… ‘buenas vibras’, no necesariamente implica que te esté generando aprendizaje. Oye, que está genial. Si vas a un taller “y flipas”, pues guay… te lo pasas bien, vives cosas, conoces a gente interesante, recibes información curiosa que hace pensar… mola. En serio, lo digo sin ironía (aunque te suene a lo contrario… bueno, lo mismo sí que lo digo con un poquito ironía …pero poquita)… si no es malo, oye, pues disfruta…

Pero colega… igual que una persona de las que se dice muy emocional no necesariamente puede tener desarrollada una alta inteligencia emocional, son dos cosas distintas. Un taller o una formación experiencial, vivencial, inmersiva, o divertida… no correlaciona necesariamente con una formación en la que se estimule el aprendizaje. Puede que no estés de acuerdo, que vamos a hacerle, pero soy de los que piensa que “tu vida no va a cambiar en un taller formativo”.

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Remover emociones en una formación, o remover el intelecto… forma parte del aprendizaje, pero no lo garantiza. Adoro las dinámicas de grupo… pero éstas son solo una metáfora que debe servir para algo más que para que vivas un chute de experiencia. La emoción en estos contextos, sin objetivo, sin rumbo… sin estructura que la apoye… es solo eso, una chispa más o menos intensa, con más o menos calor, que puede quemar más o menos.

…en otras palabras… lo que se vive se aprende, pero no todo lo vivencial genera aprendizaje. Que no te la den con queso.

La parte que te toca

Para que el post no quede como una queja colgada en el aire… aunque bueno, ya te he avisado que estoy muy quejoso [insisto, olvidaos de hacerme coaching que a mí las quejas me rentan mucho]… pues eso, para quitarle rollo queja… te propongo que asumas tu responsabilidad en tu aprendizaje, en la parte que te toca.

Si eres quien va a recibir la formación… busca propuestas orientadas a satisfacer tu necesidad, con el objetivo alienado a ella lo máximo posible, y con unos contenidos coherentes que la desarrollen. Mira la temporalización o pregunta por ella, saber cuánto tiempo dedican a cada módulo te va a dar una pista de cuánto van a profundizar en cada cosa, cuánta prisa van a darse, y si le dan valor a los procesos de aprendizaje de los participantes. Pregunta quienes van a impartir la formación, no te guíes solo por si el docente tienen mucha o poca experiencia (es importante pero no es determinante, he conocido a gente con poca experiencia en formación que son unos excelentes facilitadores y le ponen más interés, trabajo y calidad que ‘el experto de toda la vida’), trata de conocer al docente o la docente (personal o virtualmente, e indaga en su propuesta de valor).

Si eres quien demanda la formación o quien la promueve… sé realista. Ajusta tu necesidad a tu inversión. Recuerda que no puedes salvar el mundo en dos días… selecciona la necesidad y no abarques demasiado. Un logro pequeño en este sentido es una forma de generar aprendizajes futuros, de ganarte la confianza de los receptores de la formación… por ello, no pretendas salvar el mundo en diez horas. Ajusta necesidad, tiempo, recursos… y busca siempre a un profesional, ojo, un profesional con habilidades docentes… recuerda que no quien sabe mucho de algo es capaz de enseñarlo.

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Si eres quien imparte la formación… sé honesto. Atiende a las necesidades que te han presentado y al objetivo que te han propuesto. Discútelo si lo crees necesario, es así, recuerda que serás tú quien en última instancia te meterás en clase y es tu profesionalidad la que está en juego (no la de quien promovió esta formación). Diseña bien la secuencia de acciones que vas a desarrollar en clase… deja espacio para la consolidación de lo que digas, facilita que tus alumnos puedan replicar con autonomía lo que le propones. No seas ambicioso… sé ‘efectivamente redundante’ en lo importante… escucha las palabras, las intervenciones y los estados de ánimo que se generan en el aula… y responde a ellos.

…en fin, en la parte que te toque… contribuye al aprendizaje. Sobre todo al tuyo… porque el de los demás, ten por seguro, que no depende de ti.

¿Te formas o te informas? …venga, que a volar no se aprende en dos días…

Fuente: http://www.procesosyaprendizaje.es/formacion-o-informacion/

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