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Para triunfar en los negocios hace falta la capacidad de hacer lo que uno no quiere

Hoy me gustaría hablar de una de las cualidades más importantes en un emprendedor y, de paso, comentar cómo creé un sistema de ingresos pasivos online al principio de mi andadura.

En todo este tiempo, una de las cosas que he visto que tienen aquellos que consiguen sus objetivos es la habilidad de hacer lo que no les gusta, pero que sin embargo es lo mejor para su negocio.

Porque lo cierto es que, cuando tienes una empresa, lo que te gusta y lo que necesitas hacer suelen coincidir poco en el día a día.

A mí me gustaría ahora mismo estar tomando una cerveza en un lugar agradable, con buenos amigos y una conversación. Pero estoy escribiendo esto.

La realidad es que uno puede empezar un proyecto con ilusión, casi siempre pasa y empezar es fácil, empezar lo hace todo el mundo y los amateurs se caracterizan por empezar mil cosas.

Los profesionales, sin embargo, se diferencian por lo contrario, en que terminan cosas porque hasta que no terminas algo no es real y, la verdad es que son las labores aburridas las que te van a llevar lejos y hasta el final.

No hay grandes secretos ni genialidades a la hora de tener un negocio y que sea rentable, si acaso este es el «aburrido» secreto.

Miras la biografía de todos esos Bill Gates, Elon Musk y similares y, al final, detrás de las historias coloridas con las que se han adornado para no aburrir, lo que hay es mucho trabajo a oscuras.

Miles de horas de apretar los dientes en vez de soñar despierto o hablar de lo que vas a hacer y nunca haces.

Las tareas aburridas son las más importantes

Siempre comento que una actividad necesaria, en cualquier empresa, es tener siempre unos indicadores clave básicos. Así sabremos con claridad qué está pasando y dónde estamos en cada área importante.

Pero claro, no voy a negar que, especialmente la recogida de datos necesarios para eso cada semana, es una de esas tareas tediosas que no hay modo de hacer más entretenida.

Así que al principio empiezas diciendo que es lo que debes hacer, y recoges datos. La segunda semana aprietas los dientes, pero lo haces, la tercera resoplas y dices que ya la semana que viene recoges los datos de quince días y, a la cuarta semana…

A la cuarta ya no te acuerdas ni de qué tenías que hacer, es algo nebuloso que flota ahí. Y te ocupas con cualquier cosa, o con responder el email de turno hasta que llegue la hora de irte, en vez de hacer lo que debes aunque no te guste.

El año en que me escribió el «gran gurú» del marketing

Al segundo año de mi andadura como emprendedor me ocurrió algo curioso…

Una mañana recibí un email de un (por entonces) conocido gurú del marketing online. Me escribió de la nada para decirme de buenas a primeras que estaba quemado y para preguntarme que cómo lo hacía yo para tener una iniciativa rentable basada en la venta de productos de información digital.

Y más en una época donde la gente no tenía ni claro aún qué era eso de que un producto fuera descargable y no físico.

Y le dije la verdad. Aquella mañana, contradiciendo todo lo que he escrito hasta ahora en este capítulo (soy humano, ¿qué puedo decir?) dejé de hacer lo importante para mi negocio y me dediqué a escribirle un extenso correo porque el hombre parecía desesperado de veras.

Aunque sus métodos y su marketing no me parecían gran cosa (demasiadas promesas exageradas, demasiados términos como «catarata de clientes» y demasiada excitación en sus incipientes vídeos de baja resolución, porque eran otros tiempos) le conté mi «secreto».

Por aquel entonces me había pasado algo así como tres meses aprendiendo con los mejores, e invirtiendo un buen dinero en ello, sobre Adwords, el servicio de publicidad de pago por clic de Google.

Había optimizado docenas de anuncios, había optimizado docenas de páginas, ofertas, etc. No fue bonito ni fue divertido, de hecho la mayoría de veces resultaba algo tedioso, pero conseguí pujar sistemáticamente a menor precio que mis competidores, obtener más ratio de clics y más conversión de la habitual.

Por aquel entonces monté un sistema de marketing automatizado en base a Adwords, más un marketing de contenido y un marketing por email que me funcionaba.

Y de veras que incluso le comenté lo que había descubierto más importante para los anuncios, ventas online, etcétera. Me pasé tres horas escribiéndole en detalle para ayudarle. Por aquel entonces, Google Adwords era mi principal fuente de clientes, pero al igual que ahora, era ya una competición dura donde tenías que estar batiendo a tu competencia y era un trabajo poco agradecido. Sin embargo, pensé que debía intentarlo, antes de que desembarcaran los grandes ahí, como pasó unos años después.

¿Su respuesta tras aquel email en el que empleé la mañana? Algo así cómo:

«¿Adwords, contenido y marketing por email? Venga ya, tiene que haber algo más y no me lo quieres decir».

Así, como si albergara algún secreto milenario. Como si él, tras tantos años en Marketing y siendo el «experto de expertos», aún creyera que existen los secretos mágicos y las fórmulas infalibles que te traen una «catarata de clientes».

Lo cierto es que haber montado aquel sistema de obtención y conversión de clientes fue un soberano aburrimiento y me llevó bastante tiempo, ¿qué puedo decir? Todo fue mediante prueba y mejora, prueba y mejora y vuelta a empezar. Me ponía lo primero en la mañana, veía que todo estaba en orden, analizaba nuevos competidores, recogía datos, aplicaba soluciones y pruebas nuevas si tocaba… y así.

Las tareas desagradables y aburridas te llevan a la meta

La pasión y la ilusión dan la señal de salida en la carrera, pero si de verdad uno piensa que actividades agradables o «secretas» son las que van a llevarle a cuestas hasta la línea de meta, vive en esa incomprensible ilusión humana de creer que hay balas de plata o soluciones arcanas, descubiertas por un genio que no quiere decirlas.

De hecho, en la respuesta a aquel email que me tomó la mañana, había un cierto resquemor por debajo, como que yo era alguien que no quería revelar la verdad a alguien que se confesaba desesperado.

Un negocio rentable no es terreno de genios. No hay nada más común que un genio fracasado cuya cabeza está siempre llena de grandes ideas que se quedan en eso.

El superpoder del emprendedor de verdad está en ser capaz de hacer todas esas cosas que los demás no quieren hacer. Y que cuestan de hacer y no son agradables, sino aburridas.

Si yo tuviera que ir a la batalla, escogería a mi lado a todos esos que tienen esta habilidad de hacer lo que los demás evitan hacer, porque si no, voy a acabar peleando a solas, ya que los que levantan el puño con ilusión y gritan mucho, abandonan enseguida.

Se me ha ocurrido mirar ahora mismo si este gurú todavía existe. Parece estar, aunque ya dedicado a los servicios de consultoría tradicional. Hace bien, muchos creen que el medio online es la tierra de la leche y la miel, pero es un campo de competición muy duro, que requiere de muchas tareas aburridas.

Fuente: https://recursosparapymes.com/triunfar-los-negocios-falta-la-capacidad-lo-uno-no-quiere/

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