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4 crisis existenciales a las que declaré la guerra. Y puede que tú también.

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¿Quién no ha tenido crisis existenciales contra las que luchar?

Los que me conocen saben que soy muy crítico. Primeramente soy crítico conmigo mismo y con la forma que en ocasiones opera mi propia mente. También soy crítico con la sociedad e incluso con la humanidad como especie. El problema es que cuanto más crítico eres más riesgo tienes de sufrir crisis existenciales. Sin embargo, sin crisis existenciales ni reflexionaríamos lo suficiente ni podríamos disfrutar de las liberaciones catárticas que experimentamos cuando éstas estallan y nos permiten tomar un nuevo (y mejor) rumbo en nuestra vida.

A continuación expongo 4 crisis existenciales, algunas propias y otras, omnipresentes en la sociedad en general. Las 4 me producen o me han producido verdaderos quebraderos de cabeza pero, por otro lado, también son referencias que utilizo como fuentes de inspiración para mejorar día a día. Enfrentarme a ellas me ha permitido convertirlas en motores motivacionales de mi existencia y, por tanto, en mis amigas, pues estimulan mi crecimiento personal y contribuyen continuamente a que mi vida mejore.

1. El sentido de la vida

“Mi vida no es plena, para qué engañarme. A veces no encuentro los porqués de lo que hago ni veo el verdadero objetivo de mi existencia. Me siento prisionero del camino social preestablecido, ese que nos impone lo que hay que hacer (y lo que no) para triunfar. Desde que nacemos, existe un mensaje subliminal que nos marca la vía a seguir para ser personas de éxito: tener estudios superiores, encontrar un buen trabajo, generar mucho dinero, undar una familia en una cómoda casa con un enorme jardín…

‒¿Con qué derecho pretenden regir nuestro destino?‒me pregunto‒¿Por qué nos limitan psicológicamente desde la infancia haciéndonos creer que existe una receta estándar para llegar a la felicidad?

‒¿Para qué hago lo que hago?, ¿cuál es el sentido de mi existencia ‒me digo a mí mismo con frecuencia..

Cuando intento encontrar una respuesta a veces me desconcierto por no saber responder. A veces vislumbro posibles soluciones pero, automáticamente, se convierten en quimeras inalcanzables u objetivos surrealistas que no tienen sentido en el contexto actual. Es más, a veces mis ideas suelen ser socialmente inadmisibles o incluso objeto de mofa. Entonces, me deprimo y opto por hacer lo más cómodo: continuar con la inercia de mi día a día y seguir el camino programado para las multitudes. Es decir el que dicta la sociedad según los intereses de unos pocos pero sin pensar en la felicidad de la mayoría. Sin embargo, cuanto más me dejo llevar por ese camino mayores son los sentimientos de fracaso y vacío que invaden mi corazón. Y ello me convierte en una persona infeliz.

Siento que mi verdadero camino está lejos de los cimientos que en la actualidad estoy forjando. Siento que en mi vida debe haber un cambio radical que me permita encontrar un camino que me satisfaga. Espero ser suficientemente valiente para ser sincero conmigo mismo, emprender ese arriesgado viaje eligiendo bien mi destino y tener el coraje necesario  para superar los obstáculos que vayan apareciendo durante el camino”

Este texto lo escribí hace tiempo en un momento de angustia e insatisfacción personal. Fue la crisis existencial de no encontrarle sentido a la vida. Por suerte, intentar resolverla me ayudó a encontrar un nuevo rumbo. Creo que cualquiera de nosotros ha tenido, alguna vez, una crisis existencial de este tipo. Si ese es tu caso, probablemente deberías seguir leyendo.

2. La prisión de la mente y la sociedad

No hay nada más asfixiante que verse obligado a estar recluido en una prisión. Cuando estás preso no existe un futuro inmediato, sólo existe un presente desolador del que no podemos escapar y que nos impide realizar lo que anhelamos. Nuestro destino se encuentra bloqueado, nuestras necesidades más íntimas son ignoradas y los placeres de la vida pasan por nuestro lado sin que podamos disfrutar de ellos.

Esta es la vida del prisionero, una vida sin libertad y sin esperanza donde la existencia pierde su chispa, convirtiéndose en algo monótono, gris e indeseable. El no ser dueño de ti mismo ni de tu destino convierte la existencia en algo que no es digno de ser vivido.

Nuestro mundo está lleno de prisiones, pero no de prisiones de piedra y metal sino de prisiones que habitan en nuestra mente. Nuestro entorno y nuestra sociedad nos cargan de obligaciones y trampas para mantenernos constantemente ocupados y preocupados. Luego, nuestra mente acaba por desarrollar de forma constante pensamientos negativos, rutinas inútiles y obligaciones autoimpuestas. Y al final, sin darnos cuenta, nos encontramos con una agenda sin huecos, un ritmo de vida frenético y una existencia monótona, falta de estímulos y sin proyectos a largo plazo que nos ilusionen.

Vivir así perpetúa un estilo de vida que no potencia nuestras cualidades, que nos obliga a hacer cosas que no nos gustan y que impide que persigamos nuestros sueños. Esto no es una vida, es una prisión. Una prisión donde todos nuestros actos están controlados y donde aquello que se sale de los límites establecidos está prohibido. Por tanto, acabamos presos de una vida mediocre que, en lo más profundo de nuestro ser, sentimos que no merece la pena.

Este estilo de vida nos hace sentir vacíos y agotados. Pero, en realidad, ¿para qué tanta prisa? ¿Hacia dónde nos lleva ese ritmo de vida tan acelerado? Estas preguntas me llevaron a la tercera reflexión.

3. El estrés, la enfermedad de los tiempos modernos

En nuestra sociedad “moderna” solemos empeñarnos por hacer el máximo número de actividades posibles en un tiempo limitado: estudios, trabajo, cursos de idiomas, un segundo trabajo de fin de semana, tener hijos…Eso nos lleva a ir constantemente al límite y con la agenda continuamente apretada. Siempre estamos lamentándonos de lo ocupados que estamos y del poco tiempo del que disponemos para nosotros mismos. En estas circunstancias no tenemos margen de maniobra, estamos siempre al filo del colapso y cualquier imprevisto, contratiempo o circunstancia que altere nuestra rutina hace que nos sintamos sobrepasados.

Este modo de vida acaba calando tan hondo en nosotros que terminamos siendo incapaces de vivir tranquilos para relajarnos y poder recuperarnos. De esta forma, cuando acabamos unos estudios, empezamos otros o comenzamos un trabajo que requiere aún más dedicación. Cuando tenemos vacaciones llenamos el día con infinidad de visitas turísticas. Y cuando dejamos de tener un hobbie es para tener un hijo, y luego otro…Y así seguimos escalando en una espiral sin sentido de estrés y ansiedad hasta el fin de nuestros días.

Finalmente, acabamos nuestra vida eternamente ocupados, angustiados y estresados por tareas absurdas. Y cuando ya es demasiado tarde, nos damos cuenta de que hemos dejado pasar las actividades que realmente importan: aquéllas que nos hacen sentir bien, aquéllas que nos ayudan a cumplir nuestros sueños y aquéllas que nos permiten hacer algo por los demás y por hacer del mundo un lugar mejor.

Ser consciente de que llevas una vida frenética y sin sentido es el primer paso a la hora de crear un estilo de vida “diferente” que se ajuste más a aquél que siempre deseaste.

Por último, voy a centrarme en la humanidad en general para realizar mi última reflexión. De hecho, si analizamos fríamente nuestra especie, no podremos negar que dejamos aún mucho que desear.

4. La crisis espiritual de la humanidad

Observo una curiosa paradoja en la forma de actuar de las personas. Aquéllas que tienen dinero, poder y recursos no son felices en su vida porque se sienten vacíos, solos o porque no tienen tiempo para sí mismos. Por otro lado, las personas que no disponen de dinero, poder y recursos tampoco son felices porque, aunque puedan disponer de tiempo para sí mismos, no disponen del confort y la tranquilidad necesaria para disfrutar de lo poco que tienen.

Así pues, parece que nadie es ni puede ser feliz o, mejor dicho, que nadie sabe ser feliz. De esta situación derivan muchas de las crisis existenciales que atormentan las personas de nuestros tiempos. Crisis que tienen origen en cuestiones de naturaleza filosófica, moral y espiritual. Muchos no estarán de acuerdo conmigo en esta última afirmación pero, decidme entonces por qué el desarrollo (tecnológico, económico, ecológico, médico e intelectual) es cada vez mayor y, en cambio, somos cada vez más infelices a causa del modo de vida que acabamos desarrollando. ¿Cómo es posible si no que cuantas más comodidades y posesiones materiales tenemos más vacíos e insatisfechos nos sentimos? ¿Por qué no usamos los avances tecnológicos para mejorar la ecología y el medio ambiente en lugar de fabricar armas y obtener un mundo cada vez más deforestado, más contaminado y más cercano a la desaparición de la vida? ¿Por qué el desarrollo de la economía genera cada vez más hambrunas y desequilibrios entre las personas y sociedades?

Nuestra especie está avanzando a pasos agigantados en todos los niveles excepto en aquéllos que pueden equilibrarnos para que no acabemos destruyéndonos a nosotros mismos. Hoy día los temas relacionados con la filosofía, la moral y las cuestiones trascendentales están mal vistos y son percibidos como algo tabú que logra incluso incomodar a los demás. Intenta hablar de estos temas en público o con otras personas y verás como, casi siempre, tu interlocutor te mirará mal, te acabará calificando de persona extraña o incluso te tratará como si estuvieras chalado. Sin embargo, sólo profundizando en lo espiritual, creando una sólida filosofía personal y encontrando tus propias respuestas a nivel metafísico es posible encontrar el camino hacia la autorrealización. Y sólo desde la autorrealización podemos ser felices. Y, obviamente, sólo con personas felices la humanidad podrá encontrar el equilibrio necesario para seguir existiendo como especie.

Creo fírmemente que el ser humano es capaz de crear un mundo mejor. Con nuestras decisiones y acciones podemos hacer que este planeta sea un paraíso o un infierno. Pero hoy en día, si deseamos tener una existencia feliz y queremos que nuestra supervivencia como especie siga siendo viable, nos hace falta dar un giro radical en nuestra forma de actuar, de pensar y de ver la vida. Es por ello que he escrito este post o he creado este blog, porque espero y deseo que sus líneas os inspiren y os motiven a encontrar vuestras propias respuestas y vuestro propio camino. Cada persona tiene el potencial de vivir una vida plena. Cada persona tiene la capacidad de cambiar su pequeño y propio universo. Hacerlo es la mejor forma de hacer del mundo un lugar mejor. Porque cada persona es importante, y cuando alguien mejora su vida, ese cambio es algo que nos acaba afectando a todos. Así que, ¡Sed felices!

¿Y tú? ¿Te has enfrentado alguna vez a una de estas crisis existenciales? ¿Cómo las has superado o gestionado? ¿Has tenido otras inquietudes o reflexiones parecidas que quieras compartir?

Fuente: https://viajealaesencia.com/4-crisis-existenciales/

 

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