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El realismo como recurso para tu efectividad

La efectividad es la combinación óptima de eficiencia y eficacia.

Según Drucker, eficacia es «hacer las cosas correctas». Para poder hacer las cosas correctas, antes hay que tomar las decisiones correctas y, para tomar las decisiones correctas, la información tiene que ser correcta.

Como explicaré en las próximas líneas, la actitud con la que una persona se enfrenta a la realidad condiciona de manera muy significativa la calidad de la información que recibe y que maneja.

Por este motivo, una de las formas más sencillas de mejorar la efectividad personal es mantener la actitud óptima que permita acceder a la información de mayor calidad con el mínimo esfuerzo.

El pesimismo desinforma

Una persona pesimista es una ingenua desinformada y desengañada por la realidad.

En su mundo infantil y «de color de rosa», las cosas «deberían ser» de otra manera. Por eso cree que determinadas cosas son «injustas», como si en alguna parte existiera un código universal de qué es «justo o injusto».

Esta persona vive permanentemente desengañada, ya que hay muy pocas coincidencias entre cómo son las cosas en su mundo ideal y cómo son en el mundo real.

Fruto de este desengaño, la persona pesimista adopta una postura negativa y, por lo general, pasiva. Por eso el pesimismo suele con frecuencia ir asociado a vivir en la «zona de preocupación».

Por otra parte, el Sistema de Activación Reticular (SAR) es un mecanismo de nuestro cerebro que controla la atención selectiva, filtrando la mayoría de los estímulos que nos rodean para dejar paso solo a lo relevante.

El SAR presta atención inconsciente a las mismas cosas a las que tú prestas atención consciente, ya que, como les prestas atención, entiende que te interesan.

Cuando tu atención está dominada por los obstáculos, las dificultades y los problemas, tu SAR se centra en detectar aún más obstáculos, más dificultades y más problemas, en lugar de centrarse en detectar qué recursos tienes disponibles.

Resumiendo, desde el punto de vista de la efectividad, el problema al que se enfrenta una persona pesimista es la escasez crónica de recursos.

El optimismo desinforma

Una persona optimista es una ingenua desinformada y aún por desengañar.

La única diferencia entre una persona pesimista y una optimista es el tipo de realidad imaginaria que consideran «ideal».

Mientras la persona pesimista tiene unos estándares muy estrictos y difícilmente alcanzables, la persona optimista tiene unos estándares mucho más relajados y accesibles y, en consecuencia, su riesgo de frustración constante es incomparablemente menor.

Pero, en el fondo, el problema que tienen las personas optimistas es muy parecido al de las pesimistas, solo que de sentido contrario.

En lugar de creer que las cosas «deberían ser» de color de rosa, como ocurre con las personas pesimistas, las personas optimistas creen que las cosas «son» de color de rosa y que nada puede ir mal.

Centrar la atención únicamente en lo positivo está muy bien, y desde luego ayuda a identificar y aprovechar al máximo los recursos disponibles.

Por otra parte, es muy arriesgado, ya que trabajar con una versión edulcorada de la realidad impide poder prepararse para cuando surge un problema.

Resumiendo, desde el punto de vista de la efectividad, el problema al que se enfrenta una persona optimista es la infraestimación crónica de riesgos.

El realismo informa

Una persona realista es una persona bien informada.

Por una parte, a diferencia de las personas pesimistas, la persona realista no cree que las cosas «tengan que ser» de ninguna manera determinada, sino que acepta que las cosas simplemente «son» como son.

Evidentemente, aceptar que algo «es como es» no significa ni que te guste, ni que te parezca bien ni que renuncies a cambiarlo. Significa simplemente que manejas información objetiva sobre lo que hay.

Por otra parte, a diferencia de las personas optimistas, la persona realista tampoco cree que todo «vaya a ir bien», sino que es plenamente consciente de la existencia de riesgos y de que las cosas podrían perfectamente «ir mal», por lo que se prepara para esa posibilidad.

Ser conscientes de que las cosas son como son y de que los riesgos existen permite a la persona realista aprovechar los recursos disponibles a la vez que estar preparada para afrontar los riesgos que surjan.

Su SAR detecta tanto las oportunidades como las amenazas, y permite equilibrar los esfuerzos para maximizar las primeras y minimizar las segundas.

Resumiendo, desde el punto de vista de la efectividad, la persona realista está en óptimas condiciones para «hacer las cosas correctas», ya que maneja la información correcta para tomar las decisiones correctas.

Conclusión

Las personas realistas tienen mucho más fácil ser personas efectivas.

En lugar de centrarse en problemas que escapa a su alcance resolver, o ignorar los riesgos existentes, centran sus esfuerzos en su «zona de influencia», aprovechan al máximo sus recursos y prevén qué puede ir mal para estar preparadas.

Ser realista es la actitud más inteligente. A fin de cuentas, si algo tiene solución, ¿por qué preocuparte? Y si no la tiene, ¿por qué preocuparte?

Preocuparse no cambia nada, hacer algo sí cambia las cosas.

Por eso, como dice David Allen, «no hay problemas, solo hay proyectos».

Si algo no es como quieres que sea, y está en tu mano cambiarlo, lo único a tener en cuenta son dos cosas: ¿qué quieres conseguir y qué puedes hacer?

Como puedes comprobar, la técnica es sencilla. Además, y sin la menor duda, ser una persona realista funciona, así que hazme caso, practica el realismo y mejora tu efectividad.

Fuente: http://www.optimainfinito.com/2019/04/el-realismo-como-recurso-para-tu-efectividad.html

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