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Empresa Familiar: Donde comen dos… no siempre comen tres.

por Lic. Adrián Grimberg

En la post guerra, como era lógico que ocurriera, el mundo sufrió cambios notables.

Durante la guerra se desarrolló la industria armamentista, crecieron las industrias que alimentaban y se alimentaban de esa situación mundial.

El mundo en su conjunto no solo sufrió la pérdida de gran cantidad de vidas, sino que gran parte de los que sobrevivieron, debieron soportar ver como se separaban familias enteras con el solo fin de poder dar sustento alimentario a sus descendientes; protegerlos de lo que les podía haber tocado como destino o buscando empezar de nuevo porque habían perdido todo.

En ese empezar de nuevo surgió la inmigración, de la cual países como el nuestro conocemos y mucho. “Argentina, cuna de inmigrantes” es una de las frases que solíamos escuchar y ya no resulta tan común como hasta hace un tiempo hacerlo.

Personas de diferentes lugares de Europa, principalmente, desembarcaron en estas tierras en busca de un futuro, llegaron “con una mano adelante y la otra atrás”, pero las dos dispuestas en todo momento a trabajar para darle fin a ese fenómeno social que se había dado, que era el de separarse de sus familias, que en muchos casos habían quedado en el viejo continente, para poder desde estas nuevas tierras enviar algún dinero para que allí coman mientras el hombre aquí trabajaba con la esperanza de pronto poder “traer” a su familia y recobrar la vida que en algún momento supieron planificar.

Como siempre ocurre y seguirá ocurriendo como resultado de que todos somos diferentes, que hay quien tiene capacidad para emprender, quien la tiene para ejecutar, quien tiene mayor creatividad, quien tiene mayor ductilidad, quien asume riesgos, quien busca la seguridad, quien elige una actividad, quien se apasiona por otra, a quien el negocio le resulta próspero en menor tiempo, quien tiene capacidad para liderar, para proyectar, quienes tienen una enorme capacidad para operar y hacer que, o colaborar en que un negocio crezca. Estas son solo algunas de las características personales de quienes como inmigrantes, sumados a los nativos, supieron desarrollar diferentes negocios e industrias, muchos de las cuales aún continúan vigentes con mayor o menor solidez.

El paso del tiempo, nuestro desarrollo como sociedad, las prestaciones del mundo moderno y la comodidad y holgura que el desarrollo de esas empresas, merecidamente, les dio a sus fundadores, se trasladó, tal como debía ocurrir, a sus hijos.

Esta segunda generación había vivido la cultura del trabajo de sus padres, sabía que trabajando existe futuro posible, pero a diferencia de su anterior generación en términos económicos aprendió a distinguir entre el valor del trabajo y el valor del dinero. Tal como mencioné anteriormente, las virtudes y prestaciones de un mundo más fácil, también llevaron a esa generación a sostener un ritmo de vida menos austero que el de sus padres, brindándole otro nivel de estudios a sus hijos y llevando a que cada vez el desarrollo de la tecnología, la educación, la información, las comodidades de vida y el entretenimiento tuvieran que desarrollarse a mayor velocidad, creando así nuevas industrias. Una de las principales diferencias con la generación fundacional de esas Empresas de las que hoy ya también la segunda generación es dueña, accionista y gerencia, radica en que sus padres sentían, en muchos casos, culpa por haber llegado y recuerdo de los que se habían quedado, en la guerra, mientras sus hijos sienten orgullo de sus padres por lo que hicieron y por lo que pueden ofrecerles a sus hijos.

Si vamos a un ejemplo clásico de desarrollo de empresa, hoy estaremos llegando a una tercera generación, en la cual muchas veces, resulta difícil sostener el legado de los abuelos. Si bien todos consideran que suman a la hora de hacerse dueños de la empresa, nos encontramos con que de una empresa que empezó viviendo como accionista un señor inmigrante austero, hoy deben vivir dos o tres de sus hijos con sus esposas y dos o tres hijos de cada uno de esos dos o tres primeros herederos. En el mejor de los casos deben vivir seis familias del mismo negocio. Tenemos aquí un problema. Generalmente los cargos gerenciales son distribuidos entre la familia, en oportunidades de acuerdo a la formación de cada integrante, pero en otros casos se entregan las responsabilidades por el mero hecho de la “confianza”. Si bien este es un valor en si mismo, no es el atributo técnico que avala una buena gestión.

De manera sabia, muchas empresas deciden que la última generación, previo a tomar cargos en la empresa familiar, adquiera experiencia laboral en otras compañías, aprendiendo códigos, normas, métodos de trabajo y vivencias de la vida corporativa, que posteriormente, una vez formados y cuando la empresa familiar verdaderamente los requiera para agregar valor o cubrir posiciones que generaciones anteriores van dejando tras su retiro, sean convocados.

El criterio y no el ego debe ser el consejero en estas cuestiones. Quiero decir con esto que todo aquel que desde algún lugar dentro de la organización sea capaz de realizar su aporte de conocimiento y buena gestión para el crecimiento de la empresa, debe tener su lugar. Caso contrario, cuando de accionistas hablamos, puede ocurrir que resulte más beneficioso para todos, inclusive para él mismo, que esa posición que hubiera cubierto como “heredero” sea ocupada por un externo a la familia que trabaje para el crecimiento y “tirando del carro” hacia el mismo objetivo esperado por todos, accionistas, directores, gerentes y empleados.

Cuando esto no ocurre y el afán de demostrar es más fuerte que la voluntad de éxito, todos los actores antes mencionados terminan siendo perjudicados.

Como corolario puedo decir que: Cualquiera sea el cargo y el origen de quien lo ocupe, todo aquel que forme parte de una empresa debe preguntarse cuál es el valor que agrega y cuál puede ser la manera de superarse y rendir más, ese es un desafío para el cual hay que formarse día a día.

Lic. Adrián Grimberg

Director de Chaxxel Recursos Humanos

Fuente https://www.linkedin.com/pulse/pymes-familiares-la-profesionalizaci%C3%B3n-adrian-grimberg/

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