Tito Loizeau (48) se reconoce como un “fundidor serial”, un emprendedor que creó y quebró varias empresas. Le gusta repasar sus errores, de los que aprendió, asegura, pero también opina que por estos días de charlas motivacionales a la vuelta de cada esquina, hay en la Argentina una suerte de “sobrevaloración” del fracaso. De ese tema, de su “furia” online por los problemas que atraviesa el sector del marketing promocional, uno de sus mercados, y de su reciente libro habló Loizeau con Infobae.

Este emprendedor, contador y economista de la UCA, acaba de publicar “Emprender hasta los 90” (Conecta), un libro con una polémica y provocadora teoría que pone el foco en el devenir de los empresarios pyme.

“En vez de trabajar 200 horas cuando soy joven para retirate a los 50 o 60 años, lo que hay que hacer es pensar en retirarse a los 90. Hay que trabajar mucho para armar las compañías para que después las compañía empiecen a trabajar para vos. De eso se trata este libro”, resume Loizeau, que de entrada avisa que no cuenta su receta desde el lado de los éxitos –que sí los tuvo– sino más bien de los numerosos fracasos que cosechó. Por ejemplo, su primer emprendimiento: salas de cine en canchas de paddle en Gualeguaychú a las que a los pocos meses no iba nadie, ni siquiera si regalaban las primeras 10 entradas.

 Vengo de la burbuja de Internet. Yo quería ser como esos tipos: ganar millones y retirarme. Trabajé mucho para eso, hasta que un día me levanté con media cara paralizada

En 1999 Loizeau creo Promored, un “Groupon anticipado en el tiempo, fuera de timing”, como él mismo lo define, que luego mutó en una de las agencias de marketing promocional más importante de la región, y que vendió en 2013. También hizo Barbie Store, el negocio en cuyo startup todos querían invertir, pero que se fundió antes de cumplir la década.

Hoy, casado y con tres hijos, está al frente de la productora de contenidos infantiles CienPies, que hace la serie “Bubba” para Disney Junior, entre otros; y de Caramba!, con la que volvió al mundo de marketing promocional.

– El título del libro es provocador. ¿Cuál es la idea que te motivó a escribirlo?
– La idea era que tuviera un título provocador. La génesis tiene que ver con una historia personal, tanto mía como de mi papá [Norberto], un  emprendedor y empresario [dueño de una maderera] que a los 65 años vendió su compañía siguiendo el paradigma de retirarse para vivir la vida y hacer cosas que antes no podía porque estaba trabajando. Pero entre los 65 y los 70 tuvo muchas enfermedades y se murió. Yo iba por el mismo camino, pero mucho más joven. Vengo de la burbuja de Internet y veíamos a jóvenes emprendedores de 35 años hacerse millonarios. Yo quería ser como esos tipos: ganar millones y retirarme. Trabajé mucho para eso, hasta que un día me levanté con media cara paralizada. No me funcionaba nada y me di cuenta de que estaba dejando la vida en el trabajo, como mi papá. Había que cambiar el paradigma.

– ¿En qué consiste ese cambio?
– En seguir trabajando y tener una razón para levantarte todos los días, cosa que mi papá no tuvo. Hacerlo menos horas ahora y equilibrar la vida. Eso es lo que yo hice.

 La mayoría de los empresarios pyme del país, muchos de ellos exitosos, trabajan 15 o 16 horas dentro de sus compañías. Se convierten en esclavos de sus propias empresas

– Para eso hay que tener un éxito inicial, una base que permita la solvencia económica para hace posible ese balance.
– Sí, pero antes de tener mi primer éxito tuve cinco fracasos. Hoy, la mayoría de los empresarios pyme del país, muchos de ellos exitosos, siguen trabajando 15 o 16 horas dentro de sus compañías. Se convierten en esclavos de sus propias empresas. El libro propone salir de esa esclavitud y hacer que la empresa trabaje para vos, que no tengas que estar metido ahí desde las 7 de la mañana hasta las 12 de la noche. Algo que le pasa al 80% de los empresarios pyme de la Argentina.

– ¿Se puede?
– Se puede. Definitivamente, sí. Yo lo logré.

Loizeau hablando en una gala de Endeavor

Loizeau hablando en una gala de Endeavor

– ¿Cómo?
– Hay seis cosas que me funcionaron a mí. La primera es emprender. El libro no se llama “Trabajar hasta los 90”: si trabajás en relación de dependencia no podés trabajar cuatro o cinco horas, salvo que seas Gardel. No te van a dejar. Después si, tu emprendimiento tiene que haber levantado algo de vuelo, y no es fácil. Emprender es muy difícil, requiere mucho de cada uno, muchas horas. Pero cuando arrancó la clave es ver qué se hace. Hay que formar equipos y empoderarlos. Luego hay que crear una cultura para que ese equipo haga las cosas como las haría el dueño. Después, hay que saber administrar la plata que se empieza a ganar, algo que no te enseñan en la facultad, nunca. En quinto lugar, hay que administrar el tiempo, sacarse la culpable de no ir a la empresa todos los días. Y, finalmente, cuidarse. Hay mucha gente exitosa que está hecha bolsa. ¿Qué sentido tiene ser exitoso si no podés disfrutarlo? Yo era preso de mis compañías y empecé a hacer todo esto. Todo sin meter un gran gol: no es que vendí la empresa y después me relajé. Lo hice con Promored: trabajaba 18 horas por día y un año después, cuatro o cinco. Con la misma compañía y la misma situación. Se puede, pero es una decisión que uno tiene que tomar.

 Está pasando. Todos salimos del closet del fracaso ahora. No está bueno fracasar. Lo que pasa es que si te pasa, aprendés de una manera distinta a cuando no fracasás

– ¿La teoría funciona tanto para las empresas de internet como para otras pymes, industriales, por ejemplo?
– Cuando yo hice este cambio tenía Promored, que empezó siendo una empresa puntocom, pero terminó siendo una agencia de publicidad y promociones, una empresa de la economía real y de servicios, que es más complejo aún. ¿Cómo hace el dueño de una agencia de este tipo para irse de la empresa y que siga funcionando? Es muy difícil, pero hay que hacerlo. En el medio, además, tuve Barbie Store, un negocio 100% retail. Y la productora CienPies, haciendo ZTV en Telefé. Tres empresas del mundo real, a la vez, y pude. Con una solo es mucho más fácil.

Enojo en las redes

Luego de pasar por los estudios de Infobae, Loizeau hizo esta semana catarsis en las redes. Por medio de un largo posteo en su cuenta de Facebook, titulado “Me cansé de trabajar gratis”, hace un repaso por la actualidad “ingrata” y ciertas malas prácticas -desde falta de respeto hasta demoras innecesarias en la aprobación y pago de los trabajos- que ve últimamente en uno de sus negocios, el marketing promocional. “Siempre esta industria estuvo ‘prostituida’. Y nosotros, las mismas agencias, somos en gran parte responsable de ello. Obviamente es una ‘lucha’ de David (agencias) versus Golliat (anunciantes –empresas– corporaciones), y eso pone las cosas mucho más difíciles de resolver”, escribió.

“El posteo, además de demostrar mi descontento con esta situación, tiene el objetivo de invitar a repensar este contexto en el cual nos enfrentamos, y tratar desde distintos lugares de contribuir a que se busque una solución“, explica luego por WhastsApp. “El emprendedor es alguien que busca cambiar los estados permanentemente, no se queda quieto en situaciones sin buscar una salida. Mi expresión pretende transformar algo que no tiene que pasar más, por algo mejor. Algo más constructivo para todos”, asegura el Loizeau, quien además es vicepresidente de la Fundación Discar y director y miembro de Endeavor

Loizeau en los estudios de Infobae

Loizeau en los estudios de Infobae

– ¿Cuál fue tu mayor fracaso?
– Barbie Store. Hicimos el primer Barbie Store del mundo. La idea era una tienda de 500 metros donde las nenas pudiera divertirse y tomar el té o celebrar su cumpleaños. Mattel Argentina me dijo que estaba loco, pero insistí, llegué a Mattel Internacional y les gustó. Me dijeron que lo probara en la Argentina, otra locura. Pero fue un éxito muy rápido: todo el mundo quería abrir uno, nos llovían las oferta de inversión y franquicias. A todos les gustaba la idea, pero nueve años después tuvimos que cerrar. Cometimos todos los errores que se puedan imaginar. Yo, sobre todo. De locación, de velocidad de crecimiento: abríamos locales y multiplicamos errores. Delegué muy rápido, a un año y medio de comenzar. Está mal no delegar a tiempo, pero hacerlo temprano es muchísimo peor. Fue un decálogo de errores.

– Hay colas de emprendedores desesperados por contar cómo fundieron sus compañías. ¿No hay un regodeo excesivo con el tema del fracaso?
– Sí, está pasando. Todos salimos del closet del fracaso ahora. No está bueno fracasar. Lo que pasa es que si te pasa, aprendés de una manera distinta a cuando no fracasás. Cuando te va bien aprendés a hacer las cosas bien, lo que es muy importante, pero no te marca tan a fuego. Está sobreexpuesto el tema del fracaso por estos días y es algo natural: el 80% de los que emprenden van a fracasar, aunque hay distintos niveles. Pero es verdad, además hay una sobrevaloración del fracaso.

 Hay que administrar el tiempo, sacarse la culpable de no ir a la empresa todos los días. Y, finalmente, cuidarse. Hay mucha gente exitosa que está hecha bolsa

– ¿Cómo ves al ecosistema emprendedor local?
– Argentina es un país que históricamente tuvo desarrollo emprendedor, pero mucho desarrollo por necesidad y no por motivación. Emprender en este país no es fácil, cambian la reglas de juego y con cada gobierno cambia todo. Pero esa problemática hace que muchos emprendedores sean como “salvajes”, y que por eso sean exitosos afuera. En los últimos años hay incentivos mayores para emprender, como las leyes Pyme y Emprendedores, que hicieron un poquito más fácil la historia. Pero hay tantas cosas para resolver, como las leyes laborales que son el gran problema para emprender en la Argentina. También está la presión impositiva y la estabilidad de las instituciones.

– ¿Cómo se consigue plata para un emprendimiento?
– En casi todos mis emprendimientos tuve que conseguir dinero y siempre hay plata y gente dispuesta a poner dinero. Pero no siempre las ideas que creemos que son muy buenas son vistas de esa manera por los demás. Hoy los inversores buscan que los proyectos no dependan de la Argentina, que puedas exportar o hagas una plataforma digital para la región o el mundo. No depender del ‘riesgo país’, devaluaciones, instituciones. Que el emprendedor esté acá, pero que su proyecto trascienda al país.

Loizeau en una de sus charlas TED

Loizeau en una de sus charlas TED

– Otros tres consejos para emprendedores que están empezando…
– El que está trillado pero es un consejo que siempre doy es tener pasión por lo que hacés. Cuando las cosas se ponen turbulentas, si no tenés pasión tirás la toalla muy rápido. Visión global, pasión y saber rodearse. Yo no supe rodearme bien, y no porque haya estado con malas personas. Casi todos los negocios los hice solo. Después buscaba inversores que pusieran plata, pero yo remaba todos los días. Eso es un error: vas más lento. Saber rodearse no es asociarse con el primer amigo que te encontrás: ahí la probabilidad de que te vaya mal es muy alta.

 En Barbie Store delegué muy rápido, a un año y medio de comenzar. Está mal no delegar a tiempo, pero hacerlo temprano es muchísimo peor

– ¿Conocés a alguien que haya emprendido hasta los 90?
– Sí, hay muchas historias en empresa familiares. Nunca las segundas generaciones tienen que decir “papá, jubilate”. Jubilar a tu viejo en la empresa es lo peor que se puede hacer. Tu viejo tiene que seguir yendo todos los días. Está perfecto que la generación que sigue tome el control de la compañía, pero ves la vitalidad y la cabeza que tienen estas personas. Sin ir más lejos, una persona famosa que no emprende… bueno, sí emprende, es Mirtha Legrand. La ves en la mesa y te preguntás cómo puede tener 90 años. Tiene un proyecto, su programa. Eso te cambia tanto. Te extiende la vida en cantidad de años y en calidad. La cantidad te la da el corazón y la calidad la cabeza.

– ¿Te ves hasta los 90?
– Me veo hasta los 100, a full.