Un espacio para aprender que no es necesario ser una empresa grande para ser una Gran Empresa
Home » Toma de Decisiones » «No se nos enseña a tomar decisiones»

«No se nos enseña a tomar decisiones»

Pablo Maella es Licenciado en Filosofía y especializado en Recursos Humanos por la London School of Economics, es consultor en empresas y formador en escuelas de negocio. Junto a Miguel Ángel Ariño ha realizado un estudio sobre cómo funcionamos las personas en el proceso de toma de decisiones y los errores más comunes al decidir. El resultado de esa investigación lo han recogido en un libro titulado Con la misma piedra (Editorial Empresa Activa).

Entrevista realizada por Rocío Celis. Radio El Día

¿Decidir es, posiblemente, lo más relevante que hacemos en nuestra vida?

Sí, de hecho nuestra vida se va conformando en función de las decisiones que vamos tomando. En el libro decimos que decidir es vivir y vivir es decidir, o sea, en la medida en que tomamos unas decisiones u otras nuestra vida es de una manera o es de otra. Uno decide en un momento dado si continúa estudiando o no, o si vivimos en pareja o no… Esto va determinando mucho la vida, de ahí la importancia tan vital de la toma de decisiones.

En el libro afirman que “somos lo que decidimos”, pero ¿hasta qué punto podemos decidir lo que somos?

Nosotros somos nosotros, más nuestras circunstancias. Las circunstancias habitualmente no las elegimos, pero sí lo que vamos a decidir hacer en esas circunstancias. Podríamos decir que la vida es como una partida de póker, las cartas nos vienen dadas, esas son las circunstancias. Las cartas son las que son y tenemos que jugar con esas cartas, pero cómo jugamos son las decisiones que vamos tomando, qué decidimos hacer con esas cartas.

¿Decidimos sí o sí? ¿No decidir es ya una decisión?

Exactamente, es irremediable. Hay personas que piensan que no decidiendo realmente no están decidiendo, pero eso no es posible porque no decidir es ya haber tomado una decisión. La toma de decisiones es un hecho irremediable, a veces por acción -yo decido proactivamente-, y a veces por omisión –decido no decidir y habrá otros que tomen las decisiones por mí-. En este caso es recomendable que decidas tú mismo, no pospongas las decisiones, no pienses “esto me incomoda”, “no sé qué hacer…” Intenta en la medida de lo posible decidir porque si no otros decidirán por ti. Influimos en la realidad a base de las decisiones que tomamos. En la medida en que seamos nosotros los que decidamos proactivamente podremos dirigir más lo que queremos hacer y a lo que queremos llegar.

“Uno de los fallos más comunes es querer buscar la decisión perfecta”

¿Es difícil tomar buenas decisiones?

Nosotros decimos que es difícil tomar buenas decisiones porque tenemos unos sesgos que nos vienen una y otra vez y nos dificultan mucho la toma de decisiones. Lo que pasa es que, a veces, a la toma de decisiones le pedimos demasiado. Uno de los fallos más comunes a la hora de tomar decisiones es querer buscar siempre la decisión perfecta. Cuando te plantees la toma de decisiones, hazlo desde una perspectiva realista. Muchas veces, buscando esa decisión perfecta, las personas no tomamos decisiones por miedo a equivocarnos.

¿Tratar de no equivocarse al decidir resulta ingenuo?

Equivocarnos nos equivocaremos siempre. No puede ser de otra manera, el error forma parte de la naturaleza humana. Lo que decimos es que hay una serie de errores que se acostumbran a producir habitualmente en la toma de decisiones, y que si los tenemos en cuenta podremos tomar decisiones mejores, con mejor calidad. Y hay un aspecto que para nosotros es importante. Hemos dicho que la toma de decisiones es vital, ineludible y que fácilmente nos equivocamos, sin embargo, no se nos enseña a tomar decisiones. Dentro de nuestra cultura, en los currículos, en las escuelas…, no está el hecho de decir “¿cómo mejoramos la toma de decisión?”. Por eso, muchas veces caemos en los mismos errores. Porque a decidir no solo se aprende decidiendo, se aprende analizando las decisiones que hemos tomado, viendo qué errores hemos cometido y tratando de que no vuelva a pasar.

Oímos hablar de la necesidad de correr algún riesgo cuando emprendemos un proyecto y que ese riesgo es consustancial a la toma de decisiones. ¿Esto es así o a veces corremos riesgos innecesarios?

El riesgo es inherente a una decisión, lo que pasa es que antes de decidir tenemos que ver si los posibles beneficios de la decisión van a compensar los riesgos que puede acarrear. En un documental que vi hace tiempo contaban el caso de gente que se tiraba en un barril por las cataratas del Niágara. Morían muchos, y alguno vivía. Al final, la decisión de si se tiran o no se tiran es asumir un riesgo muy grande por un beneficio muy pequeño. El riesgo es inherente a la decisión, pero a veces se arriesga muchísimo. Eso no es arriesgar, eso es ser demasiado osado. Uno de los errores que cometemos en la toma de decisión es no tener muy claro cuáles son las consecuencias de nuestras decisiones y por tanto, arriesgar más de lo que pensábamos que estábamos arriesgando.

¿Qué papel juega la intuición en nuestras decisiones?

En principio la contemplamos como algo positivo. La intuición la conforman aquellas razones sin razones que nos llevan a pensar que una decisión es la adecuada, sin embargo, no le podemos atribuir un proceso de análisis acerca de por qué hemos llegado a esa decisión, y muchas veces es correcta. Esta intuición que llamamos “intuición del experto” es algo que nos ayuda a tomar decisiones. El problema está cuando la gente se ampara en la intuición para decidir cosas que no tienen ningún fundamento. El otro día en un caso de selección de personal, un profesional me decía que era muy intuitivo con la gente y seleccionaba muy bien. Cuando estuvimos viendo sus procesos de toma de decisiones resultó que fallaba más que una escopeta de feria. O sea, la intuición nos ayuda a tomar buenas decisiones cuando es la intuición del experto, pero cuando es una manera de ocultar un razonamiento entonces nos perjudica.

Ustedes dicen que somos prisioneros de nuestras ideas, de nuestras propias convicciones que a veces pueden no ser tan buenas, como el caso que nos ha contado. ¿Por qué cuesta tanto cambiar de idea?

Porque emocionalmente nos comprometemos con algo. Primero tendemos a posicionarnos emocionalmente y cuando ya hemos puesto toda la emoción, nos cuesta mucho cambiar esa posición. A un conocido mío le oí decir: “toda mi vida votaré a este partido, hagan lo que hagan”. Eso no es una decisión racional. Se había posicionado emocionalmente y a partir de esa emoción, no la quería cambiar. Otras veces también ocurre que ya hemos invertido. Por ejemplo, yo desarrollo un proyecto empresarial y me está yendo mal. Muchas veces, el motivo para continuar es todo lo que ya he invertido anteriormente. Sin embargo, cuanto más futuro pase más me costará y peor me irá, pero como ya me he posicionado… Y luego también puede haber un aspecto de ego. Cuando nos hemos manifestado en público y nos hemos definido por una idea, igual pensamos que cambiarla significa que no somos consistentes, que somos veletas, etc. Pero la verdad es que nos cuesta cambiar de idea, eso muchas veces nos perjudica y es uno de los errores al decidir.

“Para decidir bien hay que generar alternativas y analizarlas”

¿Por qué cree que el consenso está sobrevalorado en la toma de decisiones?

Muchas veces en entornos de empresas se busca más el consenso que una buena decisión. Habitualmente las personas queremos pertenecer al grupo, estar bien considerados por lo demás y, a veces, tenemos dificultades en decir lo que pensamos cuando intuimos que la mayoría va por otro lado. Muchas veces estamos en una reunión con cinco o seis personas pero no hay nadie pensando, todo el mundo está intentando ver por dónde se posiciona el jefe. Hay veces que no es así y las personas decimos lo que pensamos, pero muchas veces te encuentras a personas intentando llegar a un consenso en vez de a una decisión que pueda ser la óptima.

Cuando se cae en la cuenta de que esa o aquella decisión no ha sido la mejor, ¿qué se hace?

Primero, vivirlo con mucha naturalidad. Hay muy pocas decisiones que causen un impacto irreversible en nuestra vida, y si es alguna de estas, asumiremos las consecuencias. Lo segundo es gestionar proactivamente las consecuencias. Si hay algo que hemos decidido y no ha funcionado bien, a partir de ahí analicemos qué es lo que no ha funcionado bien y tratemos de ver qué es lo que podemos mejorar.

¿Y para dejar de tropezar con la misma piedra?

Lo primero es reconocer, conocer estos errores. Los errores más comunes que recogemos en el libro tienen unas estrategias para salir de ellos. Por ejemplo, hay un aspecto que suele ir muy bien que es pedir opinión a los demás. No solo centrarnos en cómo nosotros vemos las cosas o las focalizamos. Y si sabemos que es gente que piensa distinto a nosotros, mejor todavía. Otra manera es pensar en las consecuencias y los riesgos que puede tener la decisión. O si falla, qué otros escenarios habría, qué otras alternativas. Muchas veces pensamos que estamos decidiendo, pero si no tenemos una alternativa no estamos decidiendo, estamos haciendo lo único que podemos hacer. Por tanto, para decidir bien hay que generar alternativas y analizarlas.

Fuente https://foroe.es/no-se-nos-ensena-a-tomar-decisiones/

Si quieres ver más posts de la misma categoría, haz click aqui:


Suscríbete a Nuestro Boletín

Suscríbete a nuestro boletín y únete a nuestros suscriptores.
Si te gustó el artículo y la temática del Blog por favor sería muy interesante para todos que nos dejes tu comentario. Además puedes recibir todos los artículos completos en tu buzón de e-mail

Suscribiendote a nuestro boletín

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.