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¿Por qué haces lo que haces?

por Alba Valle

¿Te has planteado alguna vez por qué tomas las decisiones que tomas?

Sí ¿Por qué haces lo que haces?

Con frecuencia queremos hacer algo, pero luego no lo hacemos.

Tenemos sueños e ilusiones, pero en el día a día “tiramos por otro lado”.

¿Por qué? Señalo a la izquierda pero voy por la derecha.

Algo falla.

Te propongo algo: durante dos días pregunta a gente sobre el por qué de lo que ha hecho y el por qué de lo que no ha hecho pero dijo que haría.

Te anticipo lo que vas a ver:

“Pensé que”, “me hacía ilusión”, “no me apeteció”, “estaba aburrida”, “si no me sentía culpable”, “me agobié”, “me encanta”, etc.

Nuestra brújula favorita está estropeada.

Tomamos como empuje de acción nuestras emociones/sensaciones y pensamientos, pero resulta que nadie controla lo que piensa ni lo que siente.

Y así vamos haciendo cosas que no queremos y dejando de hacer cosas que sabemos que son muy buenas y nos harían muy felices, pero por alguna extraña razón, lo dejamos pasar.

Vamos a ver estas razones y cómo podemos enfocar más un rumbo estable que sea coherente con lo que de verdad quieres.

Los dos “yoes” que se pelean en tu cabeza.

En la vastedad del océano confluyen todo tipo de mares y los cambios meteorológicos afectan a que la experiencia de ese mar sea agradable y pacífica o una terrorífica tarde de olas tipo “La tormenta perfecta”.

La experiencia de ese mar cambia, pero no el mar en si, ni el océano que incluye todos esos mares, olas y playas paradisíacas donde no hay atisbos de olas.

El tiempo no afecta al océano, solo cambia la experiencia que se tiene en la superficie.

Detrás de esta profunda y preciosa metáfora budista se esconde una potente enseñanza sobre psicología práctica que te afecta cada día.

Eres un océano y vives enganchado en las olas.

Las olas de ese océano son las emociones, sensaciones, apetencias, antojos, impulsos, pensamientos, etc, que “sin ton ni son” aparecen en tu mente.

La causa de una ola enorme puede ser una buena tormenta en un punto determinado.

Las tormentas ocurren en nuestra vida a modo de rupturas, problemas económicos, enfermedad de algún ser querido, etc.

Esas tormentas generan efectos que pueden llegar a nosotros en la experiencia de una buena agitación mental.

“No podemos controlar las olas pero podemos aprender a surfear”

Esa célebre cita del padre del mindfulness, John Kabat-Zinn expresa los dos “tus” que hay en tu mente:

  1. El que surfea.
  2. El que se identifica con las olas.

Vivimos el 99% del tiempo en piloto automático.

Vamos enganchados a todo lo que nuestra mente nos va lanzando y por eso respondemos “sin querer” en las direcciones que las olas marcan.

Te olvidas de quien está ahí detrás de todo eso. De quién ahí detrás tiene sueños en su vida. Quien se sentirá orgulloso o no de las experiencias que se acumulan con el paso de los años y de los rumbos que se toman en la vida.

El “yo observador”. El auténtico tú.

La psicología ha cambiado mucho en las últimas décadas y las nuevas terapias (Terapias de Tercera Generación) entre la que destaca la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), y los enfoques basados en Mindfulness hablan de dos “yoes” dentro: el “yo observador” y el “yo contenido”.

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El “yo contenido” es todo lo que surge dentro en modo automático sin voluntad alguna. Las olas del océano.

El “yo observador” es el que marca los caminos que después no sigues por el efecto del “yo contenido”. Es el que se machaca una y otra vez por no hacer las cosas que quiere, que tiene deseos y valores que cultivar en la vida. El océano tras las olas.

El “yo observador” es el surfista que puede (y debe) coger la tabla para surfear los obstáculos de nuestros hábitos y pensamientos automáticos.

Tu autoestima y tu felicidad depende de que prestes atención al “yo auténtico”.

Vivir en contacto con tu “yo observador” es la única forma de que tu día a día se alinee con tus valores y tenga significado, de que pasen los años por tu vida y ademas de canas acumules sabiduría, autoconocimiento, experiencias dignas de recordar.

Una vida en coherencia contigo mismo, es uno de los pilares de una sana autoestima.

Ejercicio: Volver a casa encontrando al “yo observador”.

Vamos con algo de experiencia porque al fin y al cabo, es lo único que de verdad tiene el poder de transformar las cosas.

Prométeme que vas a dedicar 1 minuto a hacer este ejercicio. ¡Confío en ti!

  • Elige cualquier cosa de la que seas consciente: un sonido, un olor, un pensamientos, un movimiento… Lo que sea.
  • Concéntrate en ello por unos segundos. Te invito a que lo observes con todo el detalle posible, como si fueras un científico curioso que percibe ese sonido o ve ese objeto o percibe esa sensación física por primera vez.
  • Imagina que pudieras acercar la nariz metafóricamente para verlo con todo lujo de detalles.

Esto es cuanto debes hacer.

Y entonces, en este momento en el que alguien ahí está moviendo voluntariamente la linterna que significa la atención, eres tú. El tú de verdad, que necesita que afloje el ruido para poder ver de verdad. Sumergirte bajo las olas para ver toda la vida que hay ahí dentro.

De repente, tras unos segundos, tu “yo contenido” acaba de saltar a comentar lo que está sucediendo y oscurecer la experiencia de este instante presente que estaba siendo auténtico y fresco.

Vuelves a verlo a través de tus juicios.

Sin embargo, resulta reconfortante saber que siempre estás ahí y que eres instantáneamente accesible a ti siempre que lo desees.

Basta con ser consciente de lo que está ocurriendo y de qué elige el jefe en este momento.

Qué eliges tu, aquí y ahora.

Ser el chef del sushi, como muestra Russ Harris con esta divertida metáfora.

¿Cómo fortalecer mi “yo observador”?

La meditación.

Una de las formas tradicionales de fortalecer a ese yo auténtico que está tras las olas de la mente, es la práctica de la meditación y el mindfulness, donde entrenas una y otra vez tu capacidad de observar el infinito bucle de pensamientos y sensaciones que opera 24h/día, mientras lo exploras desde una postura diferente, simplemente observando, conociendo y no reaccionando.

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Meditando entrenas tu capacidad de no engancharte en peleas contra las olas. Vuelves al “yo observador” cada vez que percibes que chapoteas contra lo que surge y que sufres las olas en vez de surfearlas, siendo consciente y experimentando que en realidad, no son nada.

Contenido de tu mente que va y viene.

Si aún no tienes claro qué es meditar te invito a leer este post, y si crees que no puedes dejar la mente en blanco y que ya has intentado meditar pero no puedes, entonces te diré que estás siendo víctima de 2 de los frecuentes mitos sobre la meditación, así que lee este post para dejar de boicotearte. No se puede meditar mal, es imposible. Esos pensamientos se deben a una mala comprensión sobre la meditación.

Una segunda forma de fortalecerte es empezar a jugar con tu experiencia diaria de una forma sutilmente diferente. Es algo práctico y aplicable a todas las áreas de tu vida.

aprender a meditar

Estrategia ACT para que tomes las riendas de tu vida.

La aceptación de que en la vida hay tormentas y tiempos más agradables y menos agradables es fundamental.

También lo es la comprensión de que no hay viento que te saque de tu camino si eres consciente de ti mismo y mantienes tu atención en ti, tus valores y este aquí y ahora, donde tienes las riendas de tu vida.

No es necesario entrar en conflicto contra lo que está siendo y no nos gusta.

Basta con tener la fuerza suficiente y el contacto contigo como para poder retirarle la atención y seguir tu camino en lo que merece la pena.

Te propongo algo:

Cuando sientas que te atrapas en algún bucle en piloto automático, que tu mente te ataca con cosas desagradables o que te enganchas en alguna emoción, párate y hazte una pregunta:

¿Este pensamiento es útil? ¿Me está diciendo algo interesante o de lo que pueda aprender?

Si sí, perfecto. Presta atención a ver qué puedas extraer de esa situación. Puede ser desagradable, pero te ayudará a conocerte y tomar buenas decisiones.

Frecuentemente no es útil, por lo que toca poner en marcha otro plan: Aquí el plan se reduce al acrónimo “ACT”.

Vamos paso por paso:

  • A= acepta tu experiencia interna.
  • C= conecta y elige una dirección significativa.
  • T= Toma las riendas y actúa.

A= La aceptación.

Lo primero es aceptar los pensamientos, sentimientos y sensaciones que están aquí y ahora. Hacerles hueco tal y como son en la experiencia de este momento sin entrar en guerra contra ellos ni tratar de quitarlos.

Al fin y al cabo, se irán si no batallas. ¿Algún pensamiento ha estado presente en tu mente por la eternidad?

Podemos ayudar a la experiencia de aceptación haciendo unas respiraciones lentas prestando especial atención a la exhalación y tratando de alargarla uno o dos segundos más que la inhalación.

Con esta respiración un poco más lenta, ayudamos a nuestro sistema nervioso a volver a su equilibrio y no tensarse de más. De esa forma, facilitamos a nuestro cuerpo y nuestra mente no entrar en ataque contra esas emociones o pensamientos que no queremos y a seguir en contacto contigo mismo.

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A más tensión cargas, más estrechez habrá en tu perspectiva y más difícil será “volver a ti”.

Puedes practicar esta respiración lenta y la meditación con este ejercicio de mindfulness diseñado para reconectar contigo y aflojar la tensión para facilitar la apertura:

C= La conexión contigo y tus valores.

El segundo paso es hacerte una pregunta:

¿Qué puedo hacer en este momento con esto que hay que sea significativo?

Si no ves con claridad una respuesta puede ayudarte una visualización:

Imagina que tienes 95 años y estás en una mecedora recordando este momento. ¿Qué te gustaría recordar de cómo has gestionado esta situación o este momento de tu vida?

Esa abuelita de 95 años te ayuda a estar en contacto con tu yo auténtico.

Cuando no encontramos la respuesta a la forma de gestionar una situación de forma significativa es porque el “yo contenido” nubla nuestro contacto con nosotros mismos. Entonces ir a la abuela del futuro que no está cegada por este estado emocional, es una buena ayuda.

En definitiva: ¿Qué haría si no estuviera bloqueada por alguna emoción?

C= Toma la iniciativa y actúa en compromiso contigo mismo.

La magia y la transformación en tu vida llegarán en el momento en el que des este paso de la acción utilizando tu propia brújula interna y no la de tus emociones gamberras.

Cuando una y otra vez actúes desde ese “yo auténtico” sentirás cómo el ruido de las emociones y pensamientos boicoteadores disminuye, beneficiando tu vida con el mindfulness de muchas formas. Hay beneficios ampliamente conocidos como la la prevención y resiliencia frente al estrés, la ansiedad, el miedo, las obsesiones, los problemas psicosomáticos, etc, y otros beneficios no convencionales, como la resiliencia o el desarrollo de la empatía.

Practicando mindfulness para fortalecer tu “yo observador” cada vez tendrás menos cháchara, porque no detienes tu paso para discutir con ellos.

Este compromiso contigo mismo traerá una sensación de estabilidad, confianza y autoestima.

La experiencia de la aceptación es liviana y desde esta paz y compromiso con tu vida, estás más fácilmente ahí, accesible para ti.

A un gesto en este aquí y ahora.

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