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3 trampas de la comunicación en las que siempre caemos.

Por Jennifer Delgado.

La comunicación está presente en cualquier relación humana y es una de nuestras necesidades más básicas. Hablar nos permite conocer a otra persona, descubrir un universo diferente del nuestro y, eventualmente, enriquecer nuestra red de apoyo.

Sin embargo, hay ocasiones en que la comunicación afecta las relaciones e incluso las rompe por completo. Hay veces en que las palabras se convierten en fuente de malentendidos y conflictos que nos generan estrés y tensión. Cuando esto ocurre, casi siempre es porque una de las dos personas ha caído en algunas de las trampas de la comunicación.

1. La lectura de la mente

Las mujeres suelen ser verdaderas especialistas en caer en esta trampa; de hecho, tropezamos con ella una y otra vez. El ejemplo clásico es el de la mujer que se enfada con su esposo porque este olvidó algo. Sin embargo, en vez de decírselo, se encierra enfadada en sí misma esperando que el marido lo descubra por sí solo. Cuando este no lo hace, la mujer se enfada aún más y, como resultado, suelen discutir.

Esta actitud se conoce como “lectura de la mente” porque suponemos que la otra persona debe entender lo que estamos pensando y debe saber exactamente qué necesitamos y sentimos sin necesidad de que lo expresemos. Al asumir esta actitud, es como si le pasásemos la pelota caliente a la otra persona, como si nos despojásemos de toda responsabilidad pues adoptamos una distancia emocional del supuesto problema.

Si la otra persona no nos conoce lo suficiente o simplemente está demasiado ocupada pensando en sus problemas, es probable que no se dé cuenta de lo que nos sucede. Como resultado, la comunicación se habrá roto y nosotros nos habremos quedado con esa sensación de insatisfacción.

Obviamente, la solución es bastante sencilla: expresar lo que queremos, pensamos o sentimos.

2. La bola mágica

Las frases ambiguas son unas de las principales fuentes de malentendidos en las relaciones. Cuando las palabras pueden tener diferentes significados, la otra persona puede interpretarlas de manera equivocada, tomando como referencia su contexto.

Uno de los ejemplos más clásicos lo encontramos cuando una persona le dice a la otra: “Sí, tú haces mucho”. Esta frase puede dar pie a diferentes interpretaciones, en dependencia del contexto comunicativo y del tono de voz usado. Podría indicar que la persona se está esforzando al máximo o, por el contrario, que no está haciendo lo suficiente.

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La forma en que asumamos esa frase no solo depende del tono de voz sino también de nuestra historia anterior con esa persona o incluso de cómo nos sintamos ese día. Por eso, la interpretación que hagamos se denomina bola mágica ya que implica que analizamos un mensaje ambiguo desde nuestro punto de vista, dándole una interpretación muy subjetiva que a menudo da pie a discusiones.

La solución es muy simple: pregunta qué ha querido decir exactamente, no saques conclusiones precipitadas.

3. El método indirecto

En este caso, evitamos tocar el tema motivo del conflicto y nos vamos por las ramas, quejándonos de otras cosas, hablando del asunto pero sin nombrarlo directamente o dejando las frases sin terminar o utilizamos frases demasiado generales.

Se trata de una trampa en la que solemos caer con bastante frecuencia, sobre todo cuando no encontramos la manera adecuada de expresar nuestra preocupación o nos da miedo cómo la otra persona la asumirá.

Un ejemplo del método indirecto es cuando utilizamos frases como “nunca me tienes en cuenta” o “siempre sucede así”. Normalmente estas frases surgen en un contexto específico y quieren expresar dos cosas:

  • Que la persona no se siente a gusto con esa situación particular y,
  • Que hechos similares han ocurrido en el pasado y que le gustaría que no se repitiesen.

Otro ejemplo es cuando la persona reacciona de manera exagerada ante un error pequeño de la pareja cuando en realidad, lo que le molesta es otra cosa. Obviamente, cuando alguien recibe quejas vagas o indirectas, siente que está siendo atacado y responde con agresividad, creándose así un contexto de comunicación muy negativo.

La solución consiste en detenernos un momento a pensar en qué es realmente lo que nos preocupa y buscar las palabras más adecuadas para transmitir el mensaje.

Psicóloga: Jennifer Delgado

Soy psicóloga y llevo varios años escribiendo artículos para revistas científicas especializadas en Salud y Psicología, no se las recopilaré en un currículo larguísimo porque, además de aburrido pueden hallarlo en sitios como este. Así, entre el vocabulario científico y el estilo rígido que los editores imponen, he ido acumulando el deseo irresistible de escribir libremente, tanto para los profesionales de la psiquis como para los estudiantes e incluso para aquellos que solo quieren reencontrar su equilibrio.

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Fuente http://manuelgross.bligoo.com/20140820-como-evitar-3-trampas-de-la-comunicacion-en-las-que-siempre-caemos

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