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El Valor De Amar La Vida Tal Como Es

Por Juan Núñez

Amar la vida tal como es pasa por aceptar las cosas tal y como vienen, asumiendo que siempre suceden por un motivo, que existen acontecimientos que no podemos ni quizá debemos cambiar, y aprovechando todos estos sucesos como oportunidades que nos brinda el hecho de vivir para evolucionar como seres humanos.

Si te has leído mis tres anteriores publicaciones recordarás que en ellas te he estado hablando de la filosofía estoica y su modo de enfocar la vida en busca del desarrollo personal, dividiendo los aprendizajes que necesitaremos en tres áreas fundamentales que podremos desarrollar mediante una serie de ‘píldoras espirituales’ con diversos ‘principios activos’.

La primera de estas píldoras estaba orientada a conseguir el objetivo de ser feliz por uno mismo.

La segunda al de estar en paz con los demás.

Y hoy le ha llegado el turno a la tercera, esa que nos va a ayudar a descubrir el valor de amar la vida tal como es aprendiendo a relacionarnos con los acontecimientos y las circunstancias que nos rodean.

Empezando por dejar de emitir juicios morales sobre lo que nos sucede y sobre lo que sucede en el mundo, y siguiendo por aceptarlos tal y como se producen.

Con esta saludable medicación descubriremos que la mejor forma que existe de fomentar nuestro desarrollo personal y espiritual consiste en aceptar y aprovechar todas las situaciones, y hasta las circunstancias más chungas, como una oportunidad de evolución y desarrollo, de dar lo mejor de nosotros mismos, y de alcanzar nuestra mejor versión.

¡Empezamos!

El Valor de Amar la Vida tal como Es

Por desgracia para nosotros resulta muy frecuente encender la tele y recibir un aluvión interminable de noticias terribles acerca de lo que sucede en nuestro terrenal planeta, y también, en muchas ocasiones, no podemos evitar disgustarnos y sentirnos mal al recibir una bofetada tras otra de una realidad que no nos resulta para nada amable.

Este emocional comportamiento tiene su origen en nuestra moralidad, en nuestras creencias acerca de lo que es ‘bueno’ y lo que es ‘malo’, de lo que es ‘justo’ y de lo que es ‘injusto’, y es en base a estos conceptos humanos aprendidos que evaluamos y sentimos las situaciones.

El problema se nos viene encima, sube, baja, o lo que quieras, cuando sufrimos por miles de cosas que creemos que no están bien, y que deben ser cambiadas, pero resulta que no podemos hacer absolutamente nada por cambiarlas.

Como bien dice la frase:

Si te preocupas por algo que tiene solución, resuélvelo, y si no tiene solución ¿para qué te preocupas?

Es de suponer que nadie quiere sufrir de forma voluntaria (salvo trastornos y algunos vicios ) pero entonces:

¿Por qué sufrimos?

Sencillamente porque no sabemos la forma de dejar de hacerlo, porque somos unos ignorantes de nuestro funcionamiento y unos esclavos de nuestras reacciones emocionales automáticas.

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¿Y dónde está la raíz de este sufrimiento?, ¿de dónde surge?

Del hecho de que no sabemos aceptar y amar la vida tal como es.

Para alcanzar un estado de serenidad interior que nos permita dar ‘el gran salto’ hacia el saber, necesitamos aprender a estar en paz con nosotros mismos, a estar en paz con los demás, y a estar en paz con el mundo, con lo que sucede.

Resulta bastante arrogante querer cambiar la realidad para adecuarla a cómo creemos que debería ser, ¿acaso no podemos estar equivocados?

Siendo humildes y dándonos cuenta de nuestra enorme ignorancia acerca de cómo funcionan las cosas daremos el primer paso, y el sufrimiento que deriva de nuestra ‘no aceptación’ es precisamente lo que nos dice que todavía nos queda mucho camino por recorrer.

Este ‘darnos cuenta’ es el pistoletazo de salida con el que arrancaremos a recorrer la senda de aprender a relacionarnos de una manera sana con lo que sucede en nuestro querido mundo, obteniendo como resultado el fin de nuestras luchas y conflictos en cuanto a lo que no podemos, ni seguramente debemos, cambiar.

Todo lo que nos sucede, sucede por algo y para algo. Séneca.

La inteligencia Transpersonal

Cómo mencionaba en mi anterior artículo al hablarte de las teorías sobre las múltiples inteligencias, el estar en paz con nosotros mismos cae en el ámbito de la inteligencia intrapersonal, el estar en paz con los demás en el de la inteligencia interpersonal, y lo que hoy nos preocupa, el estar en paz con el mundo, en el ámbito de la inteligencia transpersonal.

La inteligencia transpersonal es aquella que nos permite ir más allá de nosotros mismos, mejorando la relación que mantenemos con la realidad, con los acontecimientos de la vida.

Y para poder explotarla como se merece, debemos aprender a desarrollar y a potenciar unas determinadas cualidades. Yo me he quedado con tres: evolución, agradecimiento y confianza.

¿Me sigues?

1.EVOLUCIÓN

Igual eres de las personas que creen que la vida es un accidente regido por la suerte y las coincidencias, y que da igual lo que decidas hacer, y lo que hagas, que siempre ocurrirá lo que la casualidad elija.

O puede que seas de las que piensa que el futuro está ya escrito, con un destino prefijado por vete a saber qué o quién.

Pues deja que te diga que ambas posturas me parecen perjudiciales por limitantes, y me explico.

Pensar que la vida se rige por la suerte, las casualidades o el destino refuerza tu acomodamiento y tu victimismo, convirtiéndote en una persona carente de iniciativa propia que se cree una víctima de lo que sucede, alguien sin poder o capacidad para influir en nada de lo que pasa, y eso de por sí me parece bastante perjudicial, sobretodo en cuanto al desarrollo personal se refiere.

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La razón de ser de este tipo de creencias (creer que tu vida no depende de ti) está en evitar enfrentarte a dos de tus mayores temores: el miedo a la libertad y el miedo al vacío existencial.

Porque mientras sigas creyéndotelo podrás seguir esquivando cualquier tipo de responsabilidad acerca de lo que haces o dejas de hacer, denotando con esta actitud una carencia de evolución.

¡Espabila!

Lo que verdaderamente rige la vida y el universo no es la suerte, la casualidad o el destino, sino una serie de leyes universales que tienen que ver con el concepto de causalidad.

Resumiendo: todo efecto tiene su causa, y toda causa es un efecto de una causa anterior. Pero mejor te lees el artículo que he enlazado porque ‘la causa’ tiene su miga .

No existe el caos, no existe el azar, no existe la suerte, y no existe el destino.

Como escribe rayando en una mesa con un cuchillo el personaje de Sarah Connor en la película Terminator II: ‘No hay destino, solo existe el que nosotros construimos’.

Esta es la creencia que verdaderamente te permitirá enfocar la vida como un proceso de aprendizaje constante, un desafío en el que aprovechar las experiencias que vivir te ofrece para evolucionar como ser humano, y no como un camino predeterminado sin posibilidad de elegir ni cambiar nada.

El libre albedrío no es más que una facultad que te da la oportunidad de cometer errores de los que aprender, y la facultad de acertar por supuesto.

El equivocarte es la herramienta principal que tienes para evolucionar, pero para enfocarlo de esta manera has de empezar por aceptar la realidad y tu grado de responsabilidad en lo que sucede.

Puedes seguir cometiendo los errores que quieras y no aprender nada de ellos, de ti depende, como también puedes elegir evolucionar obteniendo las lecciones que esos errores pueden enseñarte.

Tú decides como quieres vivir, pero ten en cuenta una cosa:

La vida siempre te ofrece aquello que necesitas para evolucionar como ser humano.

De ti depende tomarlo.

2.AGRADECIMIENTO

Si hay alguna constante muy presente en nuestras vidas es que siempre estamos deseando algo diferente de lo que tenemos. Estoy seguro de que habrás oído al casado desear la libertad del soltero y al soltero desear la intimidad del casado, por poner un ejemplo. Pues ni más ni menos que esto mismo lo hacemos con todo lo demás.

Querer algo implica un deseo de posesión de eso que queremos y lo peor de todo es que, si lo conseguimos, enseguida querremos otra cosa, entrando así en un círculo vicioso y vacío. Ese Gran Osqueroso que es el EGO nunca se sentirá satisfecho por mucho que consiga, siempre querrá más o distinto y eso, me parece a mí, es garantía de una insatisfacción permanente.

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La felicidad y la plenitud no son sensaciones que vayamos a encontrar fuera, por mucho que busquemos entre méritos y posesiones, porque resulta que están y nacen dentro, dependiendo únicamente de nosotros mismos.

Entender que en realidad no necesitamos lo que queremos, porque lo que necesitamos ya lo tenemos, es lo único que conseguirá que dejemos de estar permanentemente insatisfechos e infelices.

Tenemos todo lo que necesitamos para vivir, el problema es que no vivimos como queremos.

Cuando nos quejamos por no conseguir lo que deseamos, cuando somos avariciosos intentando retener lo que poseemos, y cuando codiciamos queriendo más y más, mostramos una carencia de agradecimiento.

¿Cuanto tiempo tardarías en quejarte si, como me ha pasado a mí hoy mismo varias veces, se te reinicia el ordenador sin avisar y pierdes una gran parte de lo que has escrito?, ¿o si no se calienta el agua de la ducha?, ¿o si te quedas sin suministro eléctrico?

No creo que mucho ¿no es cierto?

Y sin embargo ¿cuantas veces agradeces tener un ordenador con el que trabajar o divertirte?, ¿o tener disponible una conexión a internet las 24 horas que te permite navegar por la red?, o sencillamente ¿cuantas veces agradeces tener tus necesidades básicas cubiertas?

Tú dirás.

Cómo propone mi colega Miguel Gómez: ¿podrías aguantar 24 horas sin quejarte?

Y aunque él se refiere a expresar la queja con palabras, yo iría más allá añadiendo también los pensamientos e incluso las acciones.

¿Difícil no?

Practicar la gratitud es la mejor manera de centrarnos y apreciar lo que tenemos o hemos conseguido, valorándonos a nosotros mismos y a los que nos rodean en vez de enfocarnos en lo que creemos que nos falta, que es la fuente de la que bebe la insatisfacción permanente.

Fuente: https://aprendizajeyvida.com/2015/03/09/amar-la-vida-tal-como-es/

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