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Decir que no, ¿es tan fácil? ¿Cuándo fue la última vez que lo hiciste?

Por Juan Martinez de Salinas

Hay quien dice que la Covid-19 ha sacado la vena solidaria y generosa de toda la sociedad; sería correcto afirmar, pues, que la gente ayuda más que antes. Este tipo de generalizaciones nunca me han gustado. Soy de la opinión de que el que ya era solidario antes de esta crisis lo seguirá siendo y el que ya era egoísta lo será incluso más que antes. Otra cosa es que los medios de comunicación incidan más en un lado de la historia, porque queda bien. Hoy hablaremos de una labor harto complicada: decir que no. ¿Recuerdas cuándo fue la última vez que lo hiciste?

Decir que no: ¿Cuándo fue la última vez que dijiste que no a alguien?

Esta situación de pandemia me ha dejado ver situaciones y reacciones que me han dado esperanza e, incluso, me han enternecido. Aunque luego en otras ocasiones me he llevado una torta de realidad que me ha hecho sufrir por la deriva social en la que vivimos y por situaciones cotidianas de egoísmo e insolidaridad brutal. Seguramente, estos actos reprochables son minoritarios, aunque se ven de forma habitual, así que son más generalizados de lo que parece.

Es muy normal que a cada uno nos importen más que nada nuestros propios dramas y realidades vitales, aunque en ocasiones comparadas con las del prójimo, son nimiedades sin mayor transcendencia.

Ayudar o no ayudar

No se me mal interprete. Soy partidario de intentar ayudar a los demás dentro de lo que nos sea posible. Al menos de esas personas cercanas o conocidas que sabemos con certeza que lo están pasando mal. La ayuda a veces es escuchar, ofrecer nuestro hombro o ayudar a la hora de dar con la solución. Esto mejorará muchas veces la realidad de esa persona. Evidentemente, no se puede pretender que los demás nos solucionen nuestros problemas. Nos toca adquirir un papel activo y pedir ayuda si no somos capaces de avanzar, sin delegar la responsabilidad en los demás.

Ayudar al prójimo, con independencia de que sea conocido o no, no puede conllevar que nos olvidemos de nuestros objetivos, proyectos y de nosotros mismos. Tenemos que dar máxima prioridad a nuestra persona. Esto no es egoísmo, no confundamos términos. Algunas personas se olvidan de sus necesidades, centrándose exclusivamente en las demandas de los demás. Esto consigue que esas personas se carguen en exceso de problemas de otros, postergando sus carestías. Llegará un día que exploten.

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Sociedad jungla

Vivimos en una sociedad “jungla” muy diversa; esto supone encontrarnos con una flora y fauna humana variada e ilimitada. Tenemos personas de todo tipo. Ayudar no tiene que estar reñido ni anteponerse a tu desarrollo.

Hace un tiempo una amiga me comentaba que, ante cualquier petición de ayuda, era incapaz de negarse y que algunas personas de alguno de su entorno lo sabían y se aprovechaban de ello, porque sabían hacerlo muy bien. Un compañero de trabajo le pedía ayuda en temas que ella controlaba, sin embargo, sin darse cuenta, ese tema, proyecto o problema acababa siendo responsabilidad exclusiva suya. Tenía un gran peligro porque al final, la presión y las discrepancias con los superiores pasaban a ella; llegó un momento en el que se cansó y dijo que no. Por supuesto, se enfadó, no aceptaba de buen grado su cambio de criterio. Se mantuvo firme para que ya no se aprovechara de ella. Ayudar puntualmente, sí, responsabilizarse de sus tareas, un gran no.

Siete claves para aprender a decir que no

En este post os quiero dar claves y recomendaciones para aprender a decir que no y no tener ningún remordimiento a posteriori.

Primero. Analiza qué tiempo disponible tienes para dedicar a otros proyectos y personas. No te olvides de analizar a qué deberás renunciar o, por ende, postergar para ayudar a esas personas que te han demandado su atención. No te dejes llevar por la emoción inicial; decir que sí es fácil, lo complicado es llegar a lo que te has comprometido.

Segundo. El tiempo es limitado, por tanto, debes responderte por qué motivo han pensado en ti para pedirte ayuda, qué te aporta a ti y qué ganas tu por participar en ese proyecto. Es decir, cuál es exactamente tu papel en el mismo. En alguna ocasión te piden ayuda exclusivamente porque saben tu debilidad de no saber decir que no y dan por hecho que realizarás una labor gratuita, es decir, que se ahorrarán el dinero de contratar a alguien para hacerlo. Tampoco pierdas detalle a la forma en que te piden esa ayuda; esto es significativo.

Tercero. Plantéate que haría esa persona que te solicita ayuda, colaboración o participación en algún proyecto o tarea, si fueses tú el/la que le solicitarías a él/ella contribuir o cooperar en algo similar a lo que él/ella te ha solicitado. Lógicamente, la ayuda debe ser desinteresada, aunque también debemos tener memoria. Las personas somos seres de hábitos, es decir, reflexiona sobre las veces en que alguien se acuerda de ti. En mi caso, cuando me escribe o llama alguna persona, tengo asumido que es para pedirme algo (No se me vea como negativo). Se trata de tener identificada a cada persona de cara a darle la prioridad que merece.

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Cuarto. No cedas al chantaje de los demás. Tienes que sentirte libre de decir que no a lo que no llegas, para lo que no tienes tiempo y para lo que no te aportará nada; es más, esto es lago que te puede desviar de tu foco. Algunas personas son especialistas en hacerte sentir culpable. De la misma forma, te dicen que a ti no te cuesta nada hacerlo. Efectivamente, cuando el otro no hace las cosas, a esa persona no le cuesta nada. Al final, la responsabilidad de participar en algo debe estar equilibrada y repartida.

Quinto. Potencia tu capacidad asertiva, es decir, defiende tu decisión para hacer respetar tus derechos. Esto supone explicar los motivos por los que dices que no, de forma objetiva, con tranquilidad, educación y respetando a la otra parte. Tienes que saber mantenerte firme en tu postura y que el otro la acepte, aunque no la entienda o comparta. Todo se puede decir; no debes tener miedo a la reacción de la otra parte. Tú, mejor que nadie, conoces tus necesidades y prioridades. No permitas que otros decidan el devenir de tu vida.

Sexto. Decir que no no conlleva quedar mal con nadie; es cuestión de ser coherente con uno mismo. Es mucho peor comprometerte a cosas para las que no tienes tiempo; esto conlleva que luego no lo puedas hacer y quedes mal porque ya te habías comprometido a ello. Es evidente que la otra parte insistirá; debes agradecer que pensaran en ti. Sin embargo, ahora mismo ese tipo de proyecto, colaboración o tarea no es relevante para ti. Por supuesto, le estás diciendo no a eso pero no supone que en un futuro no puedas decirle que sí a otras colaboraciones.

Séptimo. Aprender a decir que no es algo que se aprende con práctica. Es decir, la primera vez te costará una vida, la segunda ya será más fácil y después te saldrá de serie. A lo largo de nuestro día a día, vamos a tener muchas peticiones de todo tipo; esto supone saber cribar y priorizar. Empieza por cosas más livianas y después ya pasarás a temas de mayor responsabilidad.

En resumen, no te sientas culpable por decir que no a determinadas colaboraciones o personas. Tú mejor que nadie sabes y tienes libertad de decidir con qué te comprometes y con qué no. Tu tiempo es tuyo y de nadie más.

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Déjate llevar también por tu intuición, por lo que te pide el cuerpo en esa primera petición. Eso sí, no debe influir en tu decisión de rechazar algo, que te exija evolucionar o aprender otras cosas. Céntrate en lo que es mejor para ti, aunque en ocasiones no sea lo más cómodo.

¿Cuándo fue la última vez que dijiste que no a alguien?

Fuente: https://blogzac.es/decir-que-no-es-tan-facil-cuando-fue-la-ultima-vez-que-lo-hiciste/

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