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Estrés acumulativo, un enemigo insidioso

Por Jennifer Delgado Suárez

El estrés acumulativo es uno de los enemigos modernos más subvalorados pero que más daño puede hacernos. Suele crecer lentamente, escondido tras las obligaciones y las prisas cotidianas, de manera que cuando nos damos cuenta de su presencia suele ser demasiado tarde pues sus ramificaciones han llegado a afectar nuestra salud y nos han desequilibrado emocionalmente.

De hecho, un estudio realizado en la Universidad de Yale reveló que exponernos a situaciones estresantes continuamente puede provocar cambios a nivel cerebral que, a la larga, terminan aumentando nuestra vulnerabilidad al estrés. Investigadores de la Universidad de California también comprobaron que el estrés acumulativo aumenta nuestra tendencia a la impulsividad, lo cual hace que tomemos peores decisiones y nos metamos en más problemas. Como resultado, nos vemos sumidos en un círculo vicioso estresante mientras observamos con cierto estupor e impotencia como se acumulan la tensión y la angustia psicológica en nuestra vida.

¿Qué es el estrés acumulativo y cómo se produce?

El estrés es una respuesta natural de la mente y el cuerpo ante una situación que percibimos como amenazante o desafiante y para la cual no contamos con los recursos de afrontamiento necesarios. De hecho, existen diferentes tipos de estrés y todos no son negativos. El eustrés, por ejemplo, puede brindarnos una dosis extra de energía para lidiar con una situación nueva y desafiante ayudándonos a movilizar todos nuestros recursos para reaccionar de manera rápida y eficiente.

Sin embargo, cuando no liberamos el estrés, sino que este se mantiene a lo largo del tiempo, se hace referencia a un estrés acumulativo. Este tipo de estrés se suele producir por la acumulación de pequeñas situaciones que generan malestar y tensión emocional, como una gran carga de trabajo sostenida, conflictos familiares o de pareja que no se resuelven, frustraciones personales que se arrastran por años o cualquier otro tipo de circunstancias en las que nos sentimos impotentes o limitados.

No obstante, el estrés acumulativo también puede ser el resultado de situaciones puntuales que generan una gran angustia y que se han producido relativamente cercanas en el tiempo, de manera que no hemos tenido tiempo suficiente para recuperarnos de su impacto. Tal es el caso de la muerte de dos personas significativas, la pérdida del trabajo, una ruptura de pareja o el fracaso de un proyecto profesional. Cuando estos factores confluyen en el tiempo, es normal que el estrés se acumule y nos desestabilice.

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Vale aclarar que las situaciones que generan estrés no siempre tienen una impronta negativa. Por ejemplo, la llegada de un bebé, irse a vivir con la pareja o mudarse a otra ciudad son cambios positivos que también suelen traer aparejada una cuota de incertidumbre o ansiedad, por lo que pueden contribuir al estrés acumulativo.

Los principales síntomas del estrés acumulativo

Lo que puede ser estresante y angustioso para una persona, no lo es necesariamente para otra. Todo depende de la percepción individual, el grado en que nos sintamos amenazados y el control que tengamos sobre las circunstancias. De hecho, lo más estresante para la mayoría de las personas suele ser sentir que no pueden controlar la situación.

Obviamente, cuando nos enfrentamos a situaciones límite, como un desastre natural o la pérdida de un ser querido, es fácil darnos cuenta de que estamos estresados y angustiados. En cambio, el estrés acumulativo va aumentando gradualmente, de manera que no siempre nos percatamos de que nos estamos sometiendo a un gran desgaste físico y mental.

Sin embargo, el estrés siempre desencadena una serie de respuestas fisiológicas mediadas por el sistema nervioso autónomo que termina afectando nuestra estabilidad emocional y desencadena signos físicos. Cuando experimentamos una situación estresante tras otra, nuestra mente y cuerpo no tienen la oportunidad de recuperarse y se ven obligados a trabajar a toda marcha para enfrentar el próximo desafío. Eso merma nuestros recursos de afrontamiento y aumenta el riesgo de somatización.

Por eso, el estrés puede manifestarse en el cuerpo de diferentes maneras. Puede provocar desde náuseas, mareos y problemas gastrointestinales hasta tensión muscular, dolor de cabeza emocional, trastornos del sueño o problemas de la piel y caída del pelo. De hecho, no podemos olvidar que “el aumento prolongado de cortisol, el principal biomarcador de estrés, se asocia con un deterioro de la salud física y cognitiva”, como indicaron investigadores de la Universidad de Yale.

Desde el punto de vista psicológico, el enfado crónico, los cambios bruscos de humor, la irritabilidad, la frustración y la sensación de estar sobrepasados continuamente son algunos de los síntomas del estrés más evidentes.

No obstante, el estrés acumulativo se puede detectar mucho antes prestando atención a otros signos más sutiles que normalmente pasamos por alto, como una sensación de fatiga permanente, incluso apenas nos levantamos de la cama. La sensación de apatía y abulia o un sentimiento de vacío son otros signos premonitorios del estrés acumulativo. Las respuestas exageradas ante el menor contratiempo, los problemas para concentrarnos, la pérdida de motivación o incluso la niebla mental son otros signos del estrés en sus primeras fases.

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¿Cómo prevenir el estrés acumulativo?

La buena noticia es que el estrés acumulativo es evitable y reversible. Para ello, necesitamos partir del autoconocimiento. Necesitamos ser conscientes de nuestros recursos físicos y psicológicos, así como de nuestros límites. Solo así podremos poner en marcha las estrategias de afrontamiento más adecuadas según las circunstancias.

También necesitamos aprender a estructurar nuestro día a día de manera que hagamos espacio al descanso, la desconexión y la relajación ya que esos momentos son los que nos permiten recargar nuestra batería emocional e impiden que el estrés se acumule hasta un punto dañino.

Por supuesto, también necesitamos establecer límites y aprender a decir “no”. Necesitamos aprender a no sobrecargarnos con tareas y obligaciones que no nos corresponden o que no son relevantes porque terminarán añadiendo una tensión adicional que se sumará al estrés cotidiano. Pero, sobre todo, necesitamos aprender a decir “basta” y tomarnos el tiempo que necesitemos. Necesitamos aprender a cuidarse a uno mismo, y tomárnoslo en serio.

Fuente: https://rinconpsicologia.com/estres-acumulativo-sintomas-causas/

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