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¿Te gustaría conocer a tu mejor versión?

por Vanessa Carreño Andres

¿Conoces a tu mejor versión? Sí, la mejor versión que existe de ti misma en este momento, ¿sabes cómo es, cómo siente, cómo piensa y cómo se comporta?

Piensa en una situación incómoda que hayas vivido en estos días, cualquier cosa que te generara un poco de malestar. Desde ir al supermercado a por cinco cosas y olvidarte de la más importante, a quedarte callada cuando alguien te hace un comentario que te resulta ofensivo o no saber si saludar a alguien que hace mucho que no ves.

(Por favor, ¡no sigas leyendo sin pensar en una!).

En cualquier situación de ese tipo que hayas vivido en estos días, ¿cómo se habría comportado tu mejor versión? ¿Qué habría pensado en esa situación? ¿Cómo se hubiera sentido?

Y no me refiero a tu versión más buena, ni la más amable, ni la más generosa, ni la más simpática, ni la más nada. Cuando pensamos en nuestra mejor versión como en alguien perfecto, lo estamos haciendo desde la exigencia.

Pero ser tu mejor versión no tiene nada que ver con ser perfecta o con quedar por encima de nadie. Las mejores versiones también se equivocan, también les afectan las cosas y también se quedan bloqueadas y no saben cómo responder en determinadas situaciones.

Ni tampoco es que tu mejor versión sea la que más agrade o la que más guste a los demás.

Ni siquiera es algo común para todos, porque tu mejor versión es tuya y habla de ti. Ser tu mejor versión en una situación no significa que cualquier otra persona en su mejor versión fuera a actuar igual. No, tampoco van por ahí los tiros.

Tu mejor versión quiere decir la que más te gustaría haber sido en ese momento. La que habría hecho que te sientieras más satisfecha de ti, más a gusto y en paz contigo misma.

Por ejemplo, si alguien te hace un comentario que te duele, tal vez tu mejor versión se sienta mal y ese día no sepa qué decir, pero después no va a castigarse por ello ni a repetirse que tendría que haber dicho esto o lo otro.

O puede ser que tu mejor versión se alegre y se emocione cuando alguien le cuenta lo bien que le va en algo, pero a la vez se sienta removida y triste porque a ella también le gustaría que le fuera así de bien en ese mismo aspecto.

La cosa es que tu mejor versión te guste y te haga sentir bien, sin necesidad de ser ideal de la muerte…

Así que, volviendo a esa situación que pensaste al comienzo del post, ¿qué versión de ti misma te habría gustado más en ese momento?

A esto me refería al principio cuando te preguntaba si conocías a la mejor versión de ti misma.

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Si sabes qué es lo primero que piensa tu mejor versión al despertarse por la mañana…

Si sabes cómo piensa tu mejor versión cuando algo no le sale como esperaba…

Si sabes cómo responde tu mejor versión cuando le molesta algo de alguien…

Si sabes cómo se relaciona tu mejor versión con las personas a las que más quiere…

Si sabes cómo se dirige tu mejor versión a las personas que no le gustan o no le hacen sentir bien…

Y para saber eso hace falta que te observes y que, en cada situación de tu vida cotidiana que te remueva de alguna manera, te preguntes cómo sería ser tu mejor versión.

La brújula de tu mejor versión

Ser nuestra mejor versión está muy conectado con nuestros valores, y no creo que nadie pueda ser su mejor versión si no conoce sus valores y no vive de acuerdo a ellos.

Tus valores son como la brújula que guía a tu mejor versión cuando se pierde…

Por ejemplo, si me lees ya sabrás que uno de mis valores es la autenticidad. Que cada día me ocupo de quitar la paja e ir avanzando hacia una versión de mí un poco más auténtica.

Y si una de las cualidades de tu mejor versión también es la autenticidad, pues eso puede pasar por decirle a una amiga con la que has quedado que hoy no estás de buen humor porque has dormido mal (en vez de forzarte a estar tan simpática como siempre), por darte el placer de mandarlo todo a paseo y no hacer nada de lo que habías planeado (en vez de obligarte a cumplir si no te sientes con ganas), por contestarle mal a alguien y quedarte tan ancha o por no felicitar a alguien a quien, desde otra versión menos auténtica, siempre felicitabas en estas fechas.

Que no digo que tengas que hacer eso, sino que tu mejor versión no se exige estar siempre sonriendo o ser ideal de cara a la galería. Se deja ser como es y se da permiso para ser auténtica, aunque no sea lo correcto o lo que se supone que esperan de ella.

O puede que tu mejor versión sea alegre y apasionada y disfrute de lo que hace. Si es así, entonces tendrás que buscar la manera de conectar con eso, incluso cuando te toque hacer algo que no te guste tanto.

Esto me recuerda a dos profesores de natación que había en mi piscina. Les veía cada mañana dar clase y alucinaba con la manera tan diferente de hacerlo y de dirigirse a sus alumnos que tenían. A uno se le notaba que le gustaba, que se esforzaba, que se llevaba bien con la gente, que sonreía y estaba presente… Al otro se le notaba que estaba cansado y que no tenía ganas de estar allí. Estaba serio, daba gritos y se ponía a hablar por el móvil durante la clase.

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Además, el primero siempre se metía al agua para corregir a los alumnos y nunca se iba hasta que no se hubieran ido todos, mientras que el segundo dejaba a los alumnos en el agua y se marchaba el primero. Y jamás le vi bañarse.

¿Cuál de los dos crees que estaba más cerca de su mejor versión? No me hace falta preguntarles a ellos para saber que el primero, sin duda.

O puede ser que te des cuenta de que una de las cualidades de tu mejor versión es la humildad.

Pero, ojo, ser una persona humilde no quiere decir que no te valores ni que no puedas decir “qué bien he hecho esto” o “qué guapa estoy”. Simplemente es que no te pones por encima de los demás, ¡pero tampoco por debajo!

Tenemos un concepto muy equivocado de la humildad y la confundimos con minusvalorarnos. Como si ser humilde fuera decir “qué mal he hecho esto” o “qué fea estoy”. De hecho, cuando escuchamos a alguien hablarse así de mal a sí misma, lo vemos como algo normal y no nos extraña. En cambio, cuando escuchamos a alguien humilde que se reconoce y se valora lo que le gusta de sí misma o lo que se le da bien, la tachamos de prepotente, de falta de modestia o de que no tiene abuela.

¿Qué pasa? ¿Qué a ti te tienes que maltratar y a los demás decirles las cosas buenas para que te consideren una persona humilde? ¿Tanta igualdad y tanto feminismo para esto? ¿En serio crees que tu mejor versión es alguien que habla mal de sí misma? ¡Noooo! Sin conocerla ya te digo yo que no ;-).

Ser humilde nunca va a significar desvalorizarte a ti misma ni callarte algo bueno de ti para que los demás no piensen que… Por ejemplo, si yo sé que Amor es un curso de autoestima excepcional y que si lo sigues paso a paso te puede cambiar la vida, ¿por qué no iba a decirlo?

Y, sin duda, mi mejor versión también es compasiva, primero conmigo misma y después con los demás (ni te esfuerces en querer serlo con los demás si no lo eres antes contigo, porque por algún lado te estarás dando gato por liebre).

Mi mejor versión no me juzga, porque entiende mi dolor. Y, aunque a veces no lo consiga, tampoco juzga a otros, porque entiende su dolor aunque no lo conozca.

Es capaz de comprender que detrás de una mujer borde, fría y seca que siempre está a la defensiva, hay una niña muerta de miedo a que le vuelvan a hacer daño o a que la vuelvan a rechazar…

O que debajo de alguien que siempre tiene que tener la razón, que siempre tiene algo que decir sobre cualquier tema y que nunca te deja acabar una frase, hay alguien que necesita quedar por encima para no conectar con su sentimiento de inferioridad.

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O, con los profes que te contaba, ser compasiva me sirve para que, en vez de juzgar al profe amargado, sea capaz de entender que lo que proyecta hacia afuera es parte de lo que lleva dentro, y que a quién más le debe estar haciendo sufrir es a él.

Por eso ser compasiva con otros pasa por entender que esa persona tiene sus fantasmas, igual que yo tengo los míos. Y si puedo serlo conmigo en los momentos en lo que actúo de una forma que no me gusta, porque no sé o en ese momento no soy capaz de hacerlo mejor, también podré serlo con el otro (compasiva, ojo, ¡no quiere decir ser permisiva ni dejar que te hagan daño!).

Y así puedes ir haciéndolo con cualquier valor que se te ocurra que te acerca a ser tu mejor versión: el compromiso, el cariño, la pasión, la disciplina, la alegría, la gratitud, la coherencia, la serenidad… Reflexionando sobre cómo sería actuar desde ese valor para ser tu mejor versión.

Entonces, ¿te animas a definirla? ¿Te atreves a tenerla presente y a estar conectada con ella, al menos durante un día desde que leas esto?

Empezando por celebrar lo que eres en este momento y por honrar la mejor versión de ti que puedes ser hoy.

Y, desde esa aceptación que siempre es el punto de partida, enfocándote en cómo sería en esa situación ser la mejor versión de ti misma. ¿Qué pensarías? ¿Cómo te sentirías? ¿Cómo actuarías? ¿Qué dirías? ¿Cómo te dirigirías a los demás?…

Puedes estar segura de que tu mejor versión la creas y la decides tú. Tú le das forma en cada instante, y sólo tú puedes hacerlo.

Fuente https://coachingtobe.es/te-gustaria-conocer-a-tu-mejor-version/

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