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El valor de las decisiones por consenso.

En el día a día se toman decisiones que encarrilan proyectos que conllevan el seguimiento de un programa. Del mismo modo, en temas de más importancia, unos modelos de decisión rigen el procedimiento de toma de decisión. La continuidad de una empresa puede basarse, en algunos casos, en una simple acción. En otras, un conjunto de decisiones erróneas es lo que le cuesta la vida a la compañía. Entre las más frecuentes se incluyen las decisiones operacionales, al nivel jerárquico más bajo, sobre los empleados o los proveedores. Las de más envergadura consisten en establecer un nivel de deuda sobre el total de la empresa, por ejemplo.

En el proceso de toma de decisiones, lo que se lleva a cabo, internamente o en grupo, es la evaluación de diferentes posibilidades que conducirían a un cierto resultado esperado. Este proceso ha sido estudiado principalmente desde mediados del siglo pasado hasta la actualidad. En la búsqueda de un procedimiento para la elección de la decisión óptima, autores como Victor Vroom o el famoso John Nash han aportado su grano de arena en este estudio tan complejo. Debido a esta complejidad, no es sencillo conseguir que todos los integrantes de la empresa estén de acuerdo con el plan acordado tras un largo proceso de toma de decisión que se deberá seguir en un ejercicio económico.

Un consenso puede parecer la forma más cívica y moral para tomar decisiones, ya que no crearía disidencias entre los trabajadores, comportando un trabajo hacia un objetivo ampliamente reconocido. Sin embargo, no es una fórmula maestra para todas las decisiones, ya que el tiempo requerido y otras desventajas que sufre este método provoca que otros modelos de decisión sean más eficientes.

Todo lo que se debe saber sobre un consenso

Un consenso en una toma de decisión que afecta a todos los participantes del mismo no busca una mayoría para emitir un veredicto a través de un sistema en el que todos hayan podido expresar sus ideas libremente. En ellos no se establece previamente un punto de referencia (un cincuenta por ciento de los votos, por ejemplo), a partir del cual una de las posibilidades se considera como mayoritaria y aplicable. A través de este modelo se busca rebatir o adaptarse a las réplicas de las minorías para conseguir la decisión más satisfactoria. Se persigue la minimización de la objeción por parte de los participantes.

En el Consenso de Washington, término acuñado en 1989, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, con las ideas propuestas por el economista John Williamson, decidieron lo mejor para países en desarrollo azotados por la crisis de la deuda. En este caso, decidieron entre todas estas instituciones llevar a cabo políticas enfocadas a la estabilización económica, la reducción del Estado y la liberalización económica; un punto en el que todos estaban conformes. Otro ejemplo podría ser la Constitución española que, aunque fuera resultado de un referéndum de ratificación, suele ser recordada como un claro ejemplo de consenso.

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La eficiencia de las decisiones por consenso no es la mayor si se aplican a todas las decisiones que se llevan a cabo en una empresa. Sin embargo, aporta buenos resultados en aquellas donde se utilizan sistemas mixtos. Bajo esta sistemática, las decisiones más comunes se realizan normalmente bajo una jurisprudencia, es decir, se tienen en cuenta los procedimientos que se siguieron cuando se produjo una situación idéntica o similar en el pasado. Mientras tanto, las decisiones más importantes y con unas determinadas características se debaten entre todos o la mayor parte de los miembros de la empresa.

Dónde suelen llevarse a cabo decisiones por consenso

La eficiencia de las decisiones por consenso no es la mayor si se aplican a todas las cuestiones que se llevan a cabo en una empresa. Sí es eficaz en aquellas decisiones especialmente complejas, arriesgadas o importantes. También, cuando no se puede implantar a la fuerza el cumplimiento de la decisión, ya que ello provocaría represalias y una disminución de la confianza.

No obstante, uno de los objetivos es hacer desaparecer la actitud autocrática de los que toman la decisión en última instancia. Hay líderes que toman en consideración las ideas de sus seguidores a la hora de llevar a cabo ciertas decisiones, mientras que otros pretenden escuchar. Este tipo de decisión consensuada elimina al líder autocrático, sustituyéndolo por uno que represente las ideas del conjunto.

El tipo de empresa en el que el consenso ha demostrado una de las mayores eficiencias es el de aquella cuyos participantes están distribuidos en áreas de conocimiento variadas, pero trabajan hacia el mismo objetivo. Un ejemplo de este último tipo de empresas son los equipos de diseño de proyectos relacionados con la tecnología. Su carácter innovador y la incertidumbre en su entorno económico provoca que las decisiones deban ser deliberadamente tratadas.

Con el modelo de Vroom-Yetton-Jago se pueden definir unas situaciones en las que el consenso es la opción adecuada. El líder debe responder a unas preguntas para saber cómo actuar. En total, hay catorce situaciones entre las que se reparten cinco tipos de proceso de toma de decisiones. En tres de estas situaciones la toma de decisión por consenso es la más apropiada. Estas son, teniendo en cuenta que en cualquier caso los participantes tienen que estar de acuerdo con la decisión:

  • No hace falta una decisión con la mayor calidad, pero si el líder toma una decisión de forma independiente, no hay seguridad en la aceptación de los participantes.
  • Es necesaria una decisión de calidad y se tiene información suficiente para tomar la decisión por uno mismo, aunque, si se toma de forma independiente, el grupo no la aceptaría. Además, los miembros del equipo comparten los mismos objetivos que el líder.
  • A diferencia de la situación anterior, los miembros del equipo no comparten los mismos objetivos que el líder. Adicionalmente, el problema no está formalmente definido ni organizado y no se conocen soluciones con carácter previo. Por último, la probabilidad de que haya posiciones contrarias entre los miembros es elevada.
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Desventajas y peligros de las decisiones por consenso

Los directivos de una empresa en algunas ocasiones asisten a reuniones que resultan poco productivas, porque son innecesarias o, en general, no aportan valor para la actividad de la empresa. Sumado a esto, en ocasiones la dificultad de ponerse de acuerdo provoca que se acabe por tomar una decisión por el cansancio y la dejadez. Esto último ocurre hoy en día, y no solo en las empresas, sino en la vida personal. Un consenso sencillo conduce a la mediocridad.

Puede que esta dejadez puede que haya tenido lugar porque el tiempo ya perdido era demasiado elevado y debía acabarse antes de perder más tiempo. Así que, aunque un acuerdo sea real, el esfuerzo empleado puede exceder la utilidad de dicho consenso. Es esta la razón principal por la que los consensos son utilizados con poca frecuencia en una empresa media.

Cómo organizar un consenso de la mejor manera

Antes de adoptar diferentes metodologías para llegar a un consenso, se debe tener en cuenta el tipo de decisión al que se está haciendo frente. Es la mejor opción si se trata de una de las tres situaciones que Vroom clasificaba para emplear esta alternativa de decisión. Tras situarse entre una de estas circunstancias, el método Delphi es una buena elección para realizar una decisión por consenso. A través de este método, se obtiene información cualitativa en la mayor parte.

Este método tiene el objetivo de la previsión del pensamiento grupal. Se elabora en primer lugar un cuestionario que debe ser rellenado por todos los miembros. De él se obtiene eventualmente una opinión global que representa cercanamente la del grupo. Seguidamente, los miembros son expuestos a otro cuestionario cuyo objetivo será reafirmar el pensamiento del grupo en su conjunto. En este cuestionario, y en los posteriores si fueran necesarios, se pretende reafirmar el sumario de las ideas en su conjunto, realizando preguntas dirigidas a aspectos de interés como los disentimientos entre las ideas del líder y las del grupo.

Por supuesto, existen otras maneras de llegar a un buen consenso. Dependiendo del tamaño de la empresa, unas reuniones en las que intercambiar ideas a través de una comunicación fluida y no excluyente pueden ser una buena forma de llegar a un acuerdo entre menos de diez participantes. Además, la figura del facilitador puede ser importante cuando el tamaño es mayor. Este se encarga de poner orden y de transmitir las ideas de forma clara, además de moderar debates entre los participantes.

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A modo de conclusión, las decisiones tomadas por consenso aportan un gran valor a la empresa, aunque no siempre es el caso en términos relativos. Es cierto que la consulta con todas aquellas partes interesadas de la empresa es la manera democrática de tomar decisiones. Además, no se trata de conseguir una mayoría, sino de minimizar las diferencias con las minorías. Esto conlleva un gran valor para la decisión final, reforzada en todos los sentidos. Sin embargo, el tiempo y el esfuerzo empleados siempre tienen que ser deliberadamente calculados, ya que en ocasiones resulta más eficaz una decisión apresurada pero a tiempo que una decisión acertada pero tardía.

Fuente: https://www.cerem.es/blog/el-valor-de-las-decisiones-por-consenso

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