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La agilidad emocional en un mundo interconectado

La agilidad emocional es la capacidad de conectar con nuestro mundo interior; de convivir con nuestros pensamientos, emociones y recuerdos de forma saludable, y en coherencia con nuestros valores. Esta habilidad fundamental ha sido estudiada en profundidad por la psicóloga Susan David, quien plasmó su investigación en el bestseller Emotional Agility, traducido a 30 idiomas.

Abordar las experiencias internas de forma consciente, productiva y fundamentada en valores, en lugar de reprimirlas u obviarlas, es la base para un verdadero cambio de comportamiento. La propia Susan llegó a esta comprensión a partir de una experiencia personal traumática, como fue la muerte de su padre cuando ella tenía 15 años. Durante un tiempo, siguió adelante con su vida cotidiana, como si nada hubiera ocurrido, hasta que una de sus profesoras le pidió escribir sus emociones en un cuaderno. Así empezó un viaje de curación.

“Sin que ella se diera cuenta, me estaba ayudando a entrar en el proceso de pasar de una grandísima tristeza, de un dolor máximo, a empezar a comprender. Ella no solo me invitó a escribir un diario, sino que me llevó a un sitio diferente donde me sentía aliviada, recuperada y curada, a través de ese proceso de escritura. Mientras yo relataba mi vida, ella era testigo de lo que contaba. Mi profesora simplemente creaba el espacio para que yo lo hiciera –por eso ella escribía sus anotaciones a lápiz y apenas marcadas–, porque solo a mí me correspondía contar la historia de mi vida, tal y como me explicó décadas después. Cuando ella participaba de ese proceso de ser testigo, me daba libertar para escribir; y cuando tenemos autonomía, nos conectamos con nuestra motivación”. Por eso, generar espacios de relación con nuestras emociones nos ayuda a progresar. Esto representa un reto no solo para los educadores, sino también para los líderes de cualquier organización.

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Gracias a ese proceso, Susan David se ha convertido en una de las psicólogas más reconocidas del mundo. Realizó su doctorado y posdoctorado en la Universidad de Yale y actualmente es docente de la Facultad de Medicina de Harvard. Lleva décadas estudiando el modo en el que navegamos por las emociones y cómo eso da forma a todo lo que importa: nuestras acciones, relaciones, carreras… Para hablar de ese impacto en el campo del aprendizaje y la educación en la era digital, Susan David fue una de las ponentes invitadas a la quinta edición de enlightED, la conferencia mundial de educación, tecnología e innovación impulsada por Fundación Telefónica, IE University, South Summit y la Fundación “la Caixa”. Tras su exposición, compartió unos minutos de conversación con el doctor Mario Alonso Puig, presidente del IE Center for Health, Well-Being and Happiness.

“SAWUBONA”: TE VEO

“Sawubona” es la forma zulú de saludar en Sudáfrica, lugar de origen de Susan David, y un término al que la autora guarda especial cariño, por el poderoso significado que alberga. “Sawubona significa ‘Te veo, y al verte, te hago existir’. “Imagina que te saludan así todos los días, algo más profundo que el típico “buenos días”, ¿no? Sawubona valida, porque al verte te doy el ser. Hace sentirse visto al destinatario y reconoce el poder de esa visión. Son nuestras relaciones con los demás –nuestros reconocimientos mutuos– los que ‘nos hacen existir”. Son nuestras relaciones con los demás –nuestros reconocimientos mutuos– los que ‘nos hacen existir’. La agilidad emocional está relacionada con querer ver y querer reconocer 

Esto es algo extraordinario en el trabajo como educadores. La agilidad emocional también está relacionada con la capacidad de ver. Querer ver y querer reconocer.

David explicó que esa esencia de “te veo” es tan profunda, que le llevó a preguntarse e investigar como psicóloga “cómo nos vemos a nosotros mismos, qué necesitamos para vernos en nuestras partes más esenciales. Todo está lleno de emociones en nosotros.  La manera en la que nos vemos a nosotros y cómo nos ven otros proactivamente determinada todo: cómo amamos, vivimos, educamos, cómo nos sentimos realizados o cómo lideramos”. Sin embargo, la visión convencional reduce las emociones a malas o buenas, positivas o negativas, “una visión muy rígida, en mi opinión. En nuestras organizaciones, tenemos estas destrezas emocionales, llamadas “blandas”, frente a la lógica, la estrategia o los objetivos que son destrezas rígidas; pero la rigidez es tóxica en un escenario de complejidad. Como humanos, necesitamos mayores niveles de agilidad emocional para seguir actuando. La rigidez es tóxica en un escenario de complejidad. Como humanos, necesitamos mayores niveles de agilidad emocional para seguir actuando 

En los últimos dos años, inmersos en la enfermedad y la muerte como hemos estado, también podíamos conectarnos online, incluso hacer centenares de cursos digitales; y sin embargo, había gente que estaba deprimida, ansiosa, que no era vista y que no tenía los mismos recursos que el resto. Estas habilidades no se han puesto por igual al alcance de todos, y por consiguiente algunas personas han sido excluidas, apartadas. Hemos pasado de una economía de lo físico, de lo que se podía hacer físicamente, a una del conocimiento; pero no llegamos a un verdadero reinicio de la economía del corazón, que es la que debe primar. Los modelos educativos, hasta ahora, se han centrado únicamente en las destrezas técnicas, en detrimento de la empatía, de la compasión, de ver, de cómo conectarnos a través de la alineación con los valores, sin prestar atención a cómo podemos tener –para con uno mismo y para con los demás–esas habilidades que nos van a ayudar en el futuro”.

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ENFRENTAR LA RIGIDEZ EMOCIONAL

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“No debemos permitir que la rigidez emocional –contraria a la agilidad emocional– nos domine. En mi caso, empecé a reconocer que llenar esa hoja en blanco me permitía llegar a viejas emociones, entenderlas, expresarlas en un contexto de valores, e identificar qué cosas eran importantes para mí. Son las destrezas emocionales las que constituyen la base de todo lo que hacemos.

Incluso el World Economic Forum considera la agilidad emocional como una habilidad determinante para el futuro. Dificultades psicológicas, como la depresión, la ansiedad, etc., son las causas principales de discapacidad, por encima de las enfermedades cardiovasculares o el cáncer. Por eso hay que prestar atención a estas destrezas emocionales en todos los ámbitos, pues no habrá innovación empresarial si no hay capacidad en la organización para ayudar a quienes atraviesan por emociones difíciles. La compasión es no dejar abandonado a nadie, sino el reconocimiento de protegernos a nosotros mismos y a los demás. Cuando los otros sienten que les estamos protegiendo, es cuando brota la innovación, la creatividad, el aprendizaje, cuando florece el crecimiento en nuestras escuelas y organizaciones. Cuando los otros sienten que les estamos protegiendo, es cuando brota la innovación, la creatividad, el aprendizaje, cuando florece el crecimiento en nuestras escuelas y organizaciones.

Cualquier proceso de reskilling y upskilling necesita inyectar esperanza en las personas para que entiendan sus propias emociones y aprendan a usarlas y regularlas de manera eficaz para llegar a los valores.

Debemos acepar que la única verdad es que la belleza de la vida es inseparable de su fragilidad. Un día somos jóvenes y otro no, un día caminamos por las calles de Madrid sintiéndonos sexis y delgadas y al otro ya no los somos y pasamos a ser invisibles… Luego irrumpió el Covid, y nos hizo ver que todo nuestro control era solo una ilusión. Todos nosotros sabemos cuándo alguien enfrenta complicaciones en el lugar de trabajo, sabemos cuándo está atravesando una mala época, y en ese momento la tendencia es encerrarnos en nuestra rigidez. Por el contrario, la investigación demuestra que cuando esas emociones difíciles se suprimen, se niegan o se eliminan ellas, se refuerzan. Es como poner una tarta de chocolate en la nevera, cuando más la escondemos más pensamos en ella”.

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“Tenemos que reconocer que no podemos forzar a las personas a que sientan ciertas emociones. Casi todas las organizaciones que conozco han pasado por cambios extraordinarios y los líderes se sienten “obligados” a permanecer positivos –cuando sabemos que las cosas no siempre suceden como nos gustaría–, y esta positividad forzada no es la adecuada”.

CÓMO LLEGAMOS A LA AGILIDAD EMOCIONAL

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“Todos nos preguntamos cómo podemos avanzar de una forma en la que sintamos estar conectados con nuestros valores. Solo cuando podemos vernos mejor somos capaces de ver mejor a los demás; es un modo de correspondencia con nuestro corazón”. La dificultad radica en llegar hasta ahí. Cada emoción lleva asociado un valor. Según sostiene Susan David, aunque los valores puedan parecer algo abstracto, a diario llevamos a cabo cientos de elecciones que nos acercan o alejan de ellos. Son guías de conducta a las que acogerse, son los que rigen la actuación de cada individuo frente a sus emociones.

La agilidad emocional es la capacidad para obtener información cuando enfrentamos situaciones en las que emergen sensaciones y sentimientos que nos lleven a tomar buenas decisiones. Según la psicóloga, “las emociones son datos, indican el camino hacia las cosas que nos importan. Alguien puede sentirse solo en una llamada de Zoom o en una multitud, y eso indica que necesita más conexión con la gente; eso es una parte de la agilidad emocional. No es solo que las emociones sean útiles porque están aquí, sino que son datos, apuntan a nuestras necesidades, a nuestros valores. ¿Cuál es la emoción que nos indica cuáles son nuestros valores? Solo descubriéndolo podremos crecer”.

La investigación de David propone cuatro pasos para aprender a ser emocionalmente ágiles. En primer lugar, exteriorizar las emociones. “Cuando un profesor permite que el niño muestre sus emociones, inmediatamente hay una disminución de la intensidad de las mismas”. El segundo paso es alejarse, distanciarse de ellas para verlas de forma más objetiva e intentar identificarlas con mayor detalle. El tercer punto es preguntarse los porqués. “Se trata de averiguar cuáles son mis valores y quién quiero ser en esta situación”; para finalmente llegar al último paso que es avanzar, decidir “qué cambios profundos voy a hacer”.  

ETIQUETAR CON PRECISIÓN

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Como seres humanos, etiquetar o nombrar nuestras emociones con mayor precisión ayuda a activar nuestro potencial de disposición; y eso permite entender por qué sentimos lo que sentimos y decidir qué podemos hacer al respecto. Susan David se detuvo en este punto en su conversación con Mario Alonso Puig. 

“Hablamos de las emociones como habilidades llamadas blandas, y eso sugiere que pueden ser poco importantes, pero son difíciles de desarrollar; o que son intangibles quizás, pero hay un gran número de habilidades blandas que son escalables, que se pueden aprender. En este sentido, es fundamental la granularidad emocional. 

Muchas veces decimos estar estresados, pero hay mucha diferencia entre el estrés o no sentirte apoyado, o sentirte defraudado, o sentir que te has equivocado de carrera o de profesión… Cuando pones etiqueta a una emoción, literalmente permites que tu psicología identifique la causa de esa emoción. Cuando pones una etiqueta a una emoción, literalmente permites que tu psicología identifique la causa de esa emoción.

Al usar grandes etiquetas para describir lo que sentimos, nos quedamos atrapados en esa emoción. Pero si llegamos a ser más granulares y profundizamos en qué otras opciones existen para lo que estamos sintiendo, podremos avanzar de una forma más ágil. Si eres un líder y todo tu equipo te dice que está estresado, puedes llegar a tener una sensación de inmovilización, de parálisis; pero si puedes ayudar a tu gente a identificar de dónde viene ese estrés (si es una preocupación por el cambio, o por la forma de implementar algo, etc.), será mucho más fácil salir de esa situación.

Otro de los temas abordados por la autora y Mario Alonso Puig fue la compasión, uno de los valores que –según el doctor– más hay que trabajar en el liderazgo. Tal y como ha expresado en otras ocasiones: “Cuando hablamos de compasión, no hablamos de algo blando y lleno de sensiblería, sino de la voluntad real de ayudar a alguien que está pasando por una situación complicada. Si la empatía nos permite conocer el sentir de otra persona, la compasión nos mueve a ayudarla a recuperar la serenidad, la alegría y la confianza. Cualquier palabra o acción que esté movida no por lástima, sino por compasión, puede tener un impacto extraordinario en la vida de otras personas. El valor de una sonrisa sincera o de una palabra de ánimo para alguien que está pasando por un momento difícil puede ser enorme”. Si eres un líder y tu equipo te dice que está estresado, puedes llegar a tener una sensación de inmovilización, de parálisis; pero si puedes ayudar a tu gente a identificar de dónde viene ese estrés (si es una preocupación por el cambio, o por la forma de implementar algo, etc.), será mucho más fácil salir de esa situación.

En 2009, las biólogas Elizabeth Helen Blackburn y Carolyn Widney Greider merecieron el Nobel por sus descubrimientos de la telomerasa. Mario Alonso Puig aludió a cómo el “impacto sobre los telómeros está vinculado con la duración de nuestra vida”. Se ha demostrado que todo acto de bondad, de compasión, ayuda a mantener bajos los niveles de estrés, y en consecuencia afecta a la longitud de los telómeros (indicadores de la edad biológica), reduciéndose el envejecimiento. 

Al respecto, Susan añadió que “la idea de compasión puede verse como algo débil o ser un concepto del que raramente hablamos en la sociedad, pero es la esencia de nuestra capacidad para desarrollarnos como humanos”. La agilidad emocional consiste en estar abiertos a nuestras emociones, aceptarlas y ser compasivos con nosotros mismos. “Otorgarnos cierto nivel de compasión a nosotros mismos es uno de los primeros pasos para poder generar un cierto nivel de autoaceptación”.

Susan David, psicóloga, Harvard Medical School y autora de Emotional Agility, en enlightED 2022.

Artículo publicado en Executive Excellence n183, diciembre 2022

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Fuente https://www.eexcellence.es/expertos/la-agilidad-emocional-en-un-mundo-interconectado

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