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Aprender no es una habilidad

Por Javier Martínez Aldanondo

Toda vez que los seres humanos sentimos que estamos aprendiendo algo, que nos estamos acercando a un conocimiento, es uno de los placeres máximos” (Ricardo Darín)

Si estás leyendo esto, es porque eres una máquina de aprender. Tampoco te creas un o una superdotado/a, no tiene tanto mérito: el aprendizaje viene de serie.

Dentro de la moda de establecer rankings de todo tipo, uno de los típicos es el de las habilidades más importantes para el SXXI. La clasificación divide las habilidades en 3 bloques, el primero de ellos “Habilidades de aprendizaje e innovación” (que incluye pensamiento crítico, resolución de problemas, comunicación, colaboración, creatividad e innovación). Otros rankings incluyen el “aprendizaje a lo largo de la vida” directamente como habilidad crítica.

¿Qué es una habilidad? Según el diccionario de la RAE, es la “capacidad y disposición para algo” pero también “gracia y destreza en ejecutar algo que sirve de adorno a la persona, como bailar, montar a caballo, etc”. En términos coloquiales, una habilidad te permite lograr un objetivo específico (como disfrutar bailando o pasear montando a caballo). Por ejemplo, soy creativo si soy capaz de escribir artículos o diseñar presentaciones novedosas. Soy buen comunicador cuando la audiencia a quien quiero entregar un mensaje considera que la conferencia que he impartido lo ha transmitido claramente. Esto significa aceptar una premisa fundamental: Todas las habilidades se aprenden.

¿Y por qué aprender no es una habilidad? Porque no necesitas aprenderlo. Aprender es una característica innata de todos los seres vivos. Aprendes desde que naces y lo haces porque necesitas adaptarte al entorno y a sus cambios. No hace falta que nadie te enseñe a aprender. Aprendiste a caminar y hablar sin hacer ningún curso. El año siempre tuvo 4 estaciones y para cada una de ellas, aprendiste que debías hacer cosas muy diferentes. Por tanto, no necesitas aprender cómo se aprende, sino que lo traes de nacimiento. Sin embargo, aprender es lo que permite que todas las capacidades se desarrollen. O dicho al revés: para que puedas mostrar cualquier habilidad necesitas aprenderla. Aprender traduce el potencial, el talento de las personas en conocimiento aplicado, en resultados. Los Resultados que obtienes al realizar una tarea no son otra cosa que Tiempo multiplicado por Conocimiento. Si en el mismo tiempo y las mismas condiciones, tu produces 30 y yo 10, la diferencia radica en que tienes “el triple” de conocimiento que yo. Y el Conocimiento no es otra cosa que Tiempo multiplicado por Aprendizaje. El ser humano es el animal más inteligente porque somos los que mejor hemos desarrollado la capacidad de aprender. Lo más probable es que para obtener ese “triple” de conocimiento, tu hayas dedicado mucho más tiempo que yo a aprender. El tiempo que necesitas para hacer una tarea es proporcional al conocimiento que tienes, es decir, a la cantidad de tiempo que invertiste en aprender. Aprender siempre es un medio para lograr un fin. La inteligencia depende del aprendizaje.

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Aprender constituye entonces el cimiento sobre el que se construye todo lo demás. Es algo previo a la habilidad, una condición basal igual que respirar. Aprender es lo que convierte capacidades (Curiosidad, Imaginación, Creatividad, Resiliencia, Flexibilidad, Empatía, Proactividad o Actitud) en habilidades. La mala noticia es que, aunque aprender es el vehículo que permite que las capacidades se expresen, eso no ocurre de manera automática. Paco de Lucia sostenía que “cualquiera puede ser el mejor guitarrista del mundo si está dispuesto a pasarse los siguientes 30 años practicando 10 horas diarias los 7 días de la semana”. Todo depende de si realizamos o no el esfuerzo de aprender. Demostrar una habilidad es inmediato, se trata de una actividad puntual: Comprobar si sabes bailar o montar a caballo no toma apenas tiempo. Sin embargo, adquirir esa habilidad, es decir aprender, requiere de mucho tiempo porque es un proceso (Malcom Gladwell le puso la cifra redonda de 10 mil horas). Comunicar es una habilidad a la que tuviste que dedicar mucho tiempo para aprenderla y no de cualquier manera. Nadie nació sabiendo hablar ni escribir (ni bailar ni montar a caballo) y tampoco lo aprendió leyendo un libro. Aprender sin hacer no es aprender.

¿Puedes aprender a aprender? Por supuesto, es algo prioritario porque estarías potenciando tu principal superpoder ¿Cómo se aprende? La paradoja de nuestro tiempo es que sabemos aprender, pero no sabemos cómo aprendemos. Mejorar tu capacidad para aprender implica asegurarte de que dicho proceso pivota alrededor de 2 elementos cruciales: INTENCIÓN (entendido como voluntad de conseguir una meta) y CONSCIENCIA (que te permite evaluar lo que aprendes y también lo que no sabes). De hecho, uno de los principales objetivos de nuestro sistema educativo debiese ser convertir a todos los jóvenes en expertos en aprendizaje. No importa que sepas mucho de una u otra cosa siempre que sepas cómo aprender cualquier cosa. Decía Bernard Shaw que “La vida no es la búsqueda de uno mismo, la vida en más bien la creación de uno mismo”. Hasta hoy, la educación sigue insistiendo en que aprender es sinónimo de estudiar y entregar la respuesta correcta cuando sabemos que aprender depende de hacer las preguntas adecuadas. Las preguntas son infinitas, las respuestas no. La buena noticia es que todo se puede aprender, aunque no todo se puede enseñar. El aprendizaje depende de que alguien quiera aprender y no de lo que alguien quiere enseñar. En un mundo desmaterializado y cada vez más  automatizado, la educación industrializada (café para todos), cada vez más en crisis, tiene que dejar paso a la educación personalizada.

¿Por qué importa aprender? Una respuesta obvia es “para ser cada día un poco menos ignorantes”. Pero si profundizamos, nos damos cuenta de que todo lo que no es provocado por la naturaleza es fruto del conocimiento humano. Y el proceso de producción del conocimiento se llama aprendizaje. Todo lo que no podemos hacer, lo aprendemos ¿No podemos volar? Inventamos el avión ¿Pasamos frio en invierno? Inventamos la calefacción. La tecnología es aquello que es útil y fue inventado por nuestra mente. Toda tecnología es conocimiento. Llevamos miles de años solucionando problemas a base de conocimiento.

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Hay quien define la inteligencia como la capacidad de resolver problemas. Se atribuye a Einstein la frase “no puedes resolver un problema con el mismo estado mental con el que se creó” ¿Qué es un problema? Una situación que no puedo resolver y me impide conseguir un objetivo ¿Por qué algo es un problema? Porque carezco del conocimiento para resolverlo. Cuando mis hijos tenían 1 año, atarse los cordones era un problema mientras para mí era una tarea que requería 10 segundos. Todos los problemas son siempre de conocimiento (y se resuelven con aprendizaje).

Distingo entre 3 clases de conocimiento: 1. Cuando sabes lo que necesitas, en cuyo caso el conocimiento no te importa (ya se atarme los zapatos y por eso el conocimiento es invisible). 2. Cuando no sabes algo que alguien si sabe en cuyo caso necesitas aprender y como ese conocimiento existe, sabes de quién aprender. Cuando tienes un problema, o bien preguntas a alguien o le preguntas a algo (hasta hace poco a Google y ahora a Chat GPT). 3. Cuando no sabes algo que nadie sabe en cuyo caso hay que innovar. Crear conocimiento es un proceso caro y lento como comprobamos con la vacuna para la Covid. Carecer del conocimiento que necesitas te hace sufrir.

Así como el aprendizaje tiene componentes, el conocimiento tiene tipos. La mayoría de la gente asocia conocimiento con lo técnico (las asignaturas y materias intelectuales que se estudian). Sin embargo, además del conocimiento “documentable”, existe conocimiento en forma de metodologías, de habilidades, de experiencia, de relaciones e incluso de talento natural. Aunque suene extraño, la actitud es uno de los conocimientos más valiosos.

Eso significa que la vida es un asunto de conocimiento, de saber hacer. Y si eso es cierto, entonces tu vida depende de tu capacidad de aprender y de tu conocimiento crítico porque el conocimiento es el resultado del aprendizaje. Aprender es la fuente de la vida, el manantial del que brota todo.

Conclusiones

Todo hombre puede ser, sí se lo propone, escultor de su propio cerebro (Santiago Ramon y Cajal, Premio Nobel de medicina en 1906).

Aprender no es una habilidad, es lo que necesitas para desarrollar una habilidad. Los seres humanos hemos evolucionado gracias a nuestra destreza para aprender y hacerlo en comunidad.  Aunque el aprendizaje es un proceso personal (pero no individual), el secreto radica en la colaboración. Estamos diseñados para relacionarnos y establecer conexiones, aunque nos cuesta aprender colectivamente como lo demostraron las 7 olas de la Covid. Nacemos como un prototipo y a partir de ahí, aprendemos y desaprendemos. Si todo cambia a nuestro alrededor y el conocimiento caduca, entonces aprender es más importante que saber.

Para producir cobre, oro o hierro, un país necesita minas. Para producir petróleo necesita yacimientos. Pero para producir conocimiento, lo que necesita son neuronas, es decir, personas. No todos los países tienen materias primas, pero todos tienen personas.  Si un Estado tiene como una de sus prioridades ayudar a quienes más lo necesitan, la mejor estrategia no es entregar recursos (subvenciones, bonos, etc) sino conocimiento para hacer cosas, es decir, buena educación. El conocimiento es como una mochila que llevas siempre contigo, que no pesa nada pero que contiene las herramientas que te permiten resolver problemas.

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Aprender es un asunto muy serio. En realidad, no hay nada más importante que aprender. Hay cosas que son igual de importantes y que son las que nadie puede hacer por ti: si no comes, no bebes o no duermes te mueres, pero si no aprendes, también te mueres. El conocimiento es lo que te permite vivir. Aprender es lo que produce conocimiento. Por eso debiésemos considerar el aprendizaje como algo sagrado. Si estamos automatizando la vida (trasladando conocimiento de la mente humana a las máquinas) entonces la clave es aprender lo que no es fácil ni posible de automatizar. La pregunta decisiva entonces es qué uso le debiésemos dar a nuestro cerebro.

No hay excusas, aprender siempre depende de ti. Ahora bien, aprender toma tiempo, no hay atajos. Aprender no es una metodología, sino que es un modelo mental, una forma de vivir. Instaurar una cultura de aprendizaje exige cambiar nuestra forma de pensar, anclada en creencias ancestrales. Eso obliga considerar el aprendizaje como parte de los procesos y reservar tiempo (como la regla de las 5 horas) para aprender. El éxito es como una capa de bronce que te va rigidizando. El conocimiento te puede inmovilizar mientras que aprender requiere movimiento porque cuando te desplazas, el contexto cambia, aparecen cosas nuevas que necesitas aprender. Por ejemplo, una hipoteca te impide moverte, te “encadena” a un lugar fijo y, “metafóricamente”, te restringe la posibilidad de aprender. Cuando dejas de aprender, dejas de vivir. El gran peligro es que hay demasiadas cosas por aprender. Aprender es adictivo y cómo confiesa Darín en la cita inicial, es un placer difícil de rechazar.

Fuente: www.javiermartinezaldanondo.com

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