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La inteligencia artificial exige organizaciones inteligentes.

Por Javier Martínez Aldanondo

“Añadir tecnología a un modelo que no funciona no lo mejora, sino que lo empeora”

¿Qué se espera de la Inteligencia Artificial (IA) en tu organización? Pocas personas tienen una respuesta clara a esta pregunta ¿Cuántas empresas han calculado cuál será el beneficio que obtendrán de la IA? La minoría. El título de la columna de este mes se puede dividir en 2 partes: 1. ¿Qué es Inteligencia Artificial? y 2. ¿Qué es una Organización Inteligente? Pero antes, déjenme contarles una historia.

Recientemente escuché una entrevista a Eric Topol, prominente médico especialista en tecnología. Explicaba que un sistema de IA te puede salvar la vida porque es capaz de buscar entre aquellos individuos con tus mismas características y que tengan un diagnóstico similar al tuyo (por ejemplo, cáncer) para recomendarte lo que mejor les funcionó previamente a esos “gemelos” tuyos y así evitar que el tratamiento que te propongan falle en lo que ya se sabe que nunca dio buenos resultados ni que tampoco haya que perder tiempo y recursos probando tratamientos al azar. Para que la IA haga esa “magia”, primero necesita conocimiento histórico acumulado. Durante siglos, ese conocimiento podía encontrarse en diferentes “estados“:

·       Si tenías suerte, podía existir en la cabeza del médico que te trataba (también se encontraba en los cuerpos de cada uno de los millones de enfermos que lo sufrían) lo que lo hacía casi imposible de gestionar.

·       Podía existir por escrito en papel, pero desperdigado por el mundo, así que resultaba muy complicado poder aprovecharlo.

·       Podía encontrarse documentado y concentrado en algún repositorio físico (por ejemplo, en una biblioteca) pero de nuevo era muy difícil sacarle partido porque requería contar con miles de personas leyendo documentos para encontrar conocimiento.

·       Cuando cuentas con el conocimiento digitalizado, solo entonces se abre la posibilidad de explotarlo ágilmente. Para ello, se necesita capacidad de procesamiento, es decir, tecnología que revise millones de datos buscando patrones para después recomendar. Con ese conocimiento, el médico te puede realizar un diagnóstico óptimo y proponerte un mejor tratamiento. Para que eso sea posible, antes han intervenido personas que deciden qué información debe guardarse y cómo, sistematizan esa información, la organizan, la disponibilizan, deciden como buscarla, etc.

Conclusión: la IA gestiona conocimiento. Si no existe conocimiento previo, no hay IA. Ya escribimos que la clave de la gestión del conocimiento son 2 palabras mágicas: ANTICIPAR (cada vez que voy a hacer algo, busco quien ha hecho antes lo que voy a hacer) para REUTILIZAR ese conocimiento existente la próxima vez. Si trato de anticipar, pero no existe pasado (lo que ocurrió por ejemplo con la pandemia) no puedo proveer conocimiento. Exactamente la misma situación que tanto me sorprendió cuando ingresamos a mi padre en un hospital hace 4 años ¿Cómo era posible que no funcionase el ciclo tan natural de ANTICIPAR y REUTILIZAR? La respuesta es simple: si la organización no es inteligente, no puede aprovechar las posibilidades de la IA.

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1. ¿Qué es la IA? es la capacidad que permite a un dispositivo no humano (máquina, software) tomar decisiones y hacer cosas que hasta ahora solo podíamos hacer las personas porque requerían conocimientos que solo tenemos nosotros.

¿Para qué nos sirve la IA en la empresa? El objetivo es tomar mejores decisiones y por tanto obtener resultados superiores que si la tarea la ejecutásemos nosotros con nuestro propio conocimiento. Tiene sentido apoyarse en la IA para hacer aquello que no queremos hacer, aquello que no podemos hacer (la IA tiene mayor capacidad que nosotros) o para hacer mejor algo que ya hacemos y que la IA nos complementa con sus capacidades únicas. Si queremos delegar en la IA tareas que no queremos realizar (por peligrosas, complicadas, rutinarias, sucias, aburridas…), entonces necesitamos entrenarla, es decir “inyectarle” el conocimiento que se requiere para que las pueda hacer. Si queremos que nos ayude a tomar mejores decisiones en tareas que debemos seguir haciendo, necesitamos explotar aquellas características con las que no podemos competir con ella como almacenar y procesar información, extraer patrones, establecer relaciones… Como el mundo está en permanente transformación, estamos obligados a alimentar a la IA con el conocimiento que requiere permanentemente.

Es importante desmitificar el poder de la IA. Hay mucho que agradecerle a la IA pero es mucho más lo que todavía le falta por aprender. Que una máquina realice una tarea no significa que sea inteligente. Para eso, se necesita automatizar conocimiento, es decir, entender qué conocimiento se requiere para tomar una decisión o ejecutar una acción y trasladarlo a la máquina para que sea capaz de ejecutarlo.

La IA, igual que la innovación, el marketing o las finanzas no son un fin para la organización, sino que son un medio. Se trata de una herramienta al servicio de un objetivo. Por esa razón, una empresa que no comienza a trabajar desde sus objetivos y que desconoce los conocimientos que son imprescindibles para alcanzarlos, no puede aprovechar la IA. Meses atrás, apareció un artículo de periódico con el título “La neurociencia desembarca en el fútbol: el cerebro también se entrena”. Sabemos que la IA (en concreto el Big Data) se basa en capturar innumerables datos. Pero ningún dato te va a dar respuestas inteligentes si no sabes hacer las preguntas adecuadas. Concluir que un jugador ha dado el “90% de los pases bien” aporta muy poco valor ¿Cuántos pases son hacia adelante? ¿en qué parte del campo se dieron? ¿liberan espacio? ¿dejan en mejor posición al compañero?… Necesitas conocer el proceso para hacer las preguntas correctas y a medir las variables que importantes. Es decir, no es un asunto de IA sino de conocimiento

2. ¿Qué es una Organización Inteligente? Hace ya 12 años definimos inteligencia como la capacidad de tomar buenas decisiones y aprender rápido. Para esta columna y a propósito, me refiero a inteligencia sin apellidos (emocional, espiritual, racional, colectiva, competitiva…).  Una organización inteligente utiliza su conocimiento de manera consciente y planificada para cumplir sus objetivos y al mismo tiempo, aprende todo lo que no sabe y necesita. Por ejemplo, durante la pandemia, usamos el conocimiento que teníamos de manera bastante acertada, pero fuimos lentos y torpes para aprender. Usar el conocimiento requiere contar con un mapa muy detallado de lo que haces hoy: tus objetivos, tus procesos, tus productos y servicios, tus clientes y lo fundamental: tu conocimiento crítico (por qué te paga un cliente cuando te compra). Aprender exige disponer de un sistema que actualiza los conocimientos continuamente. Una organización inteligente:

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a. Sabe qué hace: todos los integrantes tienen claro su modelo negocio y los procesos.

b. Sabe cómo hacerlo: todos los integrantes cuentan con el conocimiento necesario y son conscientes de ello, lo que permite gestionarlo de forma proactiva. Para que la IA haga lo que hacemos nosotros, primero necesitamos saber qué conocimiento hace falta, quién lo tiene, en qué estado de riesgo se encuentra, de qué tipo de conocimiento se trata y cómo se lo vamos a trasladar de las personas a la IA.

c. Sabe cómo aprender de lo que hace. Posee mecanismos para asegurar que se crea el conocimiento que no se tiene y se incorpora como parte de los procesos. Eso implica reconocer e incentivar a que todo el mundo, todo el tiempo, aprenda y enseñe. Una organización es inteligente cuando tiene claro lo que debe aprender, es consciente de que siempre se puede mejorar y sabe en qué debe hacerlo.

¿Qué tenemos actualmente? Organizaciones que no saben bien lo que saben y no lo pueden gestionar de manera rigurosa. Los individuos siguen siendo más inteligentes que las empresas para las que trabajan. La buena noticia es que tienen lo más difícil (el conocimiento) y por eso existen ya que no es posible no gestionar conocimiento. La mala noticia es que se han olvidado de hacerlo consciente y gestionarlo como un activo y por eso resultan ineficientes. Tampoco se han preocupado de desarrollar la capacidad de aprender entendida como habilidad de interrogar al futuro, modificando y actualizando el conocimiento presente. La inteligencia requiere aprendizaje y los mecanismos de aprendizaje de las empresas suelen ser muy precarios. Aprender no puede depender únicamente del área de RRHH. El organigrama de una empresa representa cómo se gestiona el poder en una organización mientras que el futuro demanda un organigrama que represente la distribución de conocimiento.

La inteligencia en el ser humano está gobernada desde el cerebro. Si a un ser humano le quitas el cerebro, no puede sobrevivir ¿Puede una organización existir sin inteligencia? ¿Puede una organización aprender sin cerebro? La mayoría de la inteligencia de la empresa se marcha cada noche a su casa y regresa al día siguiente. Como las empresas carecen del órgano, tienen que crear la función de la inteligencia. Un avión necesita impulsarse para volar y dado que no puede usar las alas igual que un pájaro, desarrolla el motor para que cumpla esa función crucial.

Conclusiones

¿Por qué es importante ser una organización inteligente? Porque es la única manera de sobrevivir. Peter Drucker sostenía “El conocimiento tiene que ser mejorado, desafiado e incrementado constantemente, o se desvanece”. Las empresas actuales funcionan como máquinas (procesos, tecnologías, roles, resultados, etc) pero con poca inteligencia. Son como un cuerpo con músculos, pero sin cerebro y carentes de algunos hábitos esenciales para el futuro ¿Necesitamos IA para que mi organización sea más inteligente? Más bien al revés, la IA requiere organizaciones inteligentes y no puedes tener una empresa inteligente si los individuos no tienen un cierto nivel de inteligencia ¿De qué tipo? Inteligencia colectiva más que individual. Si nos ha ido bien hasta hoy es porque tenemos mucho conocimiento y por tanto el siguiente paso es compartirlo. Una organización inteligente sobre todo gestiona su conocimiento. Si la inteligencia consiste en la capacidad de tomar buenas decisiones, la IA es una apuesta por máquinas tomando mejores decisiones que nosotros o nosotros tomando mejores decisiones apoyados por conocimiento que nos proveen las máquinas. IA implica más inteligencia humana y no menos. Incorporar más inteligencia a la vida solo puede ser positivo (como en este caso de Mercedes en que la IA apoya a los mecánicos).

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Siempre podemos poner límites a la IA como hemos hecho con la energía nuclear, la clonación, los procesos productivos que contaminan o las condiciones de trabajo inhumanas. La diferencia es que la energía nuclear no se puede salir de sí misma (carece de autonomía y consciencia para funcionar por si sola). Una de nuestras obsesiones más recientes consiste en dotar de inteligencia a los objetos. Para ello, buscamos incorporar inteligencia a las cosas (un coche, un refrigerador o un puente colgante) para que no dependan de nosotros, sino que puedan decidir y actuar de manera autónoma, liberándonos de responsabilidades y haciéndonos la vida más fácil. El problema que nos espera con la IA es el de la voluntad. No puedes controlar algo verdaderamente inteligente porque toma sus propias decisiones con independencia de otros. Por eso históricamente nunca hemos educado para la libertad y sino para la obediencia. Mientras no tengamos organizaciones más inteligentes, no podemos soñar con aprovechar la IA.

Fuente: https://knowledgeworks.cl/wp-content/uploads/2022/11/newsletter_198.htm

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