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Cambia lo que nunca cambia.

Más que nunca, si queremos avanzar, tenemos «que cambiar lo que nunca cambia».Anuncio publicitario

No nos damos cuenta de aquello que nos ha dado resultados hasta la fecha o eso creemos. Eso que siempre ha estado entre nosotros y nos parece cotidiano que esté. De esa persona responsable que lleva años liderando la empresa, pero que todo ello hace que la cosas no cambien.

Si realmente queremos avanzar, hay que cambiar las cosas. Y principalmente las cosas que hasta la fecha no han cambiado.

En el constante flujo del tiempo, hay elementos que parecen inmutables, pilares que sostienen la estructura de nuestra realidad. Sin embargo, la esencia de la vida es cambio (por las buenas o por las malas), y en la capacidad de desafiar lo aparentemente inmutable reside la verdadera disrupción. Disrupción, palabra «prostituida» y que está en la boca de muchos pero son pocos los que se atreven a dar ese paso. Cambiar lo que nunca ha cambiado es un acto de valentía, un desafío a la complacencia, a las previsiones, a las expectativas planificadas y una afirmación de que la innovación puede encontrar su lugar incluso en los rincones más arraigados de la tradición.

La disrupción, a menudo asociada con cambios radicales y revoluciones industriales, también puede manifestarse en la transformación de aspectos que consideramos fundamentales e inalterables. No se trata de ser el nuevo Steve Jobs y su Iphone, seguro que tienes pequeños detalles alrededor de ti, que si los cambiases, produciría una disrupción en tu vida profesional. Tomemos, por ejemplo, las estructuras sociales y culturales que han perdurado a lo largo de los siglos. Al desafiar las normas establecidas y cuestionar las expectativas arraigadas, creamos un espacio para la evolución y la reinvención.

Históricamente, las grandes mentes que han cambiado el curso de la humanidad no se conformaron con aceptar las cosas como eran. Un claro ejemplo lo tenemos en la sección «Mentes Creativas» con mentes que han transformado sus mundos profesionales con una mentalidad inconformista desde un principio. Desde Galileo desafiando las nociones geocéntricas hasta Martin Luther King Jr. desafiando la segregación racial, Ferran Adria con la gastronomía, Ángel León con su visión del océano o Margarita Álvarez y su estudio sobre la felicidad, cada acto de disrupción comenzó con el cuestionamiento de lo que se consideraba inmutable. La disrupción no siempre implica crear algo completamente nuevo; a veces, significa cambiar la percepción y el significado de lo existente. Es decir hacer pensar y mostrar otra realidad, aunque sea el mismo tema.

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En el mundo empresarial, la disrupción se ha convertido en un mantra, con empresas emergentes que desafían o eso pretenden, a los gigantes establecidos y cambian las reglas del juego. Sin embargo, la verdadera disrupción no se limita al ámbito empresarial; se extiende a todos los aspectos de la vida. Puede manifestarse en la forma en que nos relacionamos, en cómo abordamos los problemas sociales y en la manera en que concebimos el arte y la creatividad.

Cambiar lo que nunca ha cambiado no significa sacrificar la estabilidad por la novedad sin sentido. Si es lo que pretendes, lo único que conseguirás es ser uno más que se sube a una moda que al igual que ha subido rápido, bajará con más fuerza. Más bien, implica una evaluación crítica de lo que perdura y una adaptación creativa para satisfacer las necesidades cambiantes. Y aunque este de moda, el pensamiento crítico, señores, no lo aceptamos. Pensamos que quien piensa diferente o duda de lo que nosotros pensamos, es poco menos que un «bicho raro». Así que seamos sinceros. La tecnología, por ejemplo, ha alterado la forma en que nos comunicamos y nos conectamos, transformando incluso las relaciones humanas más arraigadas.

La educación, a menudo considerada una institución inmutable, también está experimentando una revolución. O al menos así creo pero todavía se sigue enseñando cosas que luego en la vida real, nunca utilizaremos. La integración de tecnologías innovadoras, la reevaluación de métodos pedagógicos y el énfasis en el aprendizaje a lo largo de toda la vida son ejemplos de cómo podemos cambiar lo que nunca ha cambiado, incluso en el ámbito educativo.

Para terminar , cambiar lo que nunca ha cambiado es un recordatorio de que la adaptación y la creatividad son esenciales para la supervivencia y el progreso, no sólo personal sino también empresarial .

No debemos temer desafiar las estructuras que nos rodean; en cambio, debemos abrazar la oportunidad de dar forma activa a nuestro entorno. La verdadera disrupción no solo está reservada para los innovadores y genios creativos, está al alcance de todos aquellos que están dispuestos a cuestionar, a imaginar y a cambiar lo que nunca ha cambiado. Y de esto último, hay muchos, pero todos ellos les da miedo mostrar lo que sienten , quieren y anhelan.

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¡CUÁNTO TALENTO Y OPORTUNIDADES ESTAMOS PERDIENDO!.

Fuente: https://walkintobusiness.wordpress.com/2023/10/22/cambia-lo-que-nunca-cambia/

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