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La vida en el escaparate.

Por Merce Roura

La vida, en realidad, es esto que estás sintiendo ahora… Esa nada, ese todo, ese casi algo… Seguir caminando mientras tanto. Mientras no pasa lo que tanto deseas que pase. Mientras no se arregla lo que estaba roto. Mientras no llega eso que tanto necesitas o crees que tanto necesitas. El recorrido entre meta y meta. Ese instante cuando te levantas por la mañana y descubres que todavía estás vivo y, por un momento, te parece algo mágico y maravilloso… Aunque luego a media mañana, cuando te encuentras con una mirada inconveniente o el tren que estás esperando no llega, decides que en realidad la magia no existe y nada tiene sentido.
Vivimos en provisional esperando a que algo maravilloso suceda sin darnos cuenta de que la vida en realidad son esos cinco minutos antes de que las cosas pasen… De que es tan importante el antes como el después y el durante. De que no sabemos qué va a suceder y malogramos momentos porque no nos parecen perfectos y desdeñamos historias porque no son la historia que queremos vivir. Que nos perdemos esperando algo que tal vez no quiere llegar y no nos damos cuenta de la inmensa belleza que nos está rodeando en este preciso y precioso momento.
Y muchas veces ni siquiera queremos lo que creemos querer. Ni siquiera lo necesitamos. Lo anhelamos porque pensamos que es lo que deberíamos anhelar. Que aquello que perseguimos es lo que deberíamos tener desde hace tiempo para mostrárselo al mundo y hacer que nos valore, que nos dé el respeto que nosotros no nos damos, puesto que pensamos que necesitamos colgarnos medallas para ser respetados. Aunque en realidad nosotros lo que queremos es vivir… Vivir ese tiempo entre meta y meta, sin tener que buscar ni pelear tanto por nada. Sin tener que demostrar a cada instante que lo estamos dando todo para merecer. Sin tener que dejarnos la piel para conseguir créditos ante el mundo y que nos conceda el beneficio de la duda antes de quemarnos en la hoguera de la indiferencia.

Vivimos en un escaparate para el mundo y nos hemos olvidado que en realidad quien tiene que comprar nuestra vida somos nosotros. Somos nosotros los que vamos a vivir en ella y a comernos lo que nos hemos puesto en el plato. Somos nosotros quienes van a seguir adelante a pesar de los inconvenientes y las circunstancias. Somos nosotros los que vamos a vivir este mientras tanto, a veces tan angustioso, porque nos sentimos demasiado provisionales en nuestra piel cuando todavía no hemos conseguido aquello que deseamos… Porque nos juzgamos y maltratamos por no haberlo alcanzado, porque pensamos que el mundo nos va a echar en cara lo lentos que vamos y lo poco eficaces que se supone que somos.
Y vivimos así hasta que un día el escaparate se vuelve insoportable y cerramos puertas al mundo para poder quedarnos a solas con nosotros mismos y notar nuestra propia ausencia. La ausencia de nuestra vida en la que dejamos entrar a todo el mundo, menos a nosotros mismos. En la que dejamos que las opiniones ajenas, incluso imaginarias, hayan tenido mucho más peso que las propias. Ese día dejamos de vivir provisionalmente para vivir de verdad y nos damos cuenta de que solo tenemos un instante de vida y es este.
No hay nada más. No va a llegar nada o puede que llegue todo. Sin embargo, merecemos lo mejor ahora sin tener que seguir esperando. Lo somos todo ahora sin tener que proyectarnos en nada de lo que seamos en el futuro una vez hayamos llegado a ninguna cima.
Justo en ese momento te das cuenta de que si no te valoras en este momento presente, en este camino, no te valorarás al final de ninguna etapa después de haber alcanzado ninguna meta.

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Cada momento tiene un sentido. Saltarnos las etapas no nos lleva a llegar antes… Hace que, en realidad, no lleguemos nunca… O si lo hacemos, no se llene ese vacío insoportable que nos interpela una y otra vez a buscar hitos que cumplir para seguir en el escaparate y demostrarle al mundo que somos alguien…
Algo absurdo cuando, en realidad, nosotros no paramos de intentar conseguir cosas porque sentimos que no somos nada… Mientras que la verdad es que siempre lo hemos sido todo.

Es la manera de dejar de vivir ausente de tu vida… De dejar de tener la mente en lo que va a pasar y notar la vida y los momentos que están sucediendo. Es la única forma de dejar de sentir que tu vida es provisional. Que estás a medio vivir, a medio hacer, esperando siempre algo que no llega y que, cuando llega, no es o ha perdido brillo. La sensación de quedarse corto, a medias, sin propósito, sin ganas, sin sentido… El verdadero trabajo vital, a veces, no es encontrar sueños y enfocarse en conseguirlos, es vivir mientras no llegan y descubrir tu valor pese a no lograrlos… De momento.

Fuente: https://mercerou.wordpress.com/2024/02/19/la-vida-en-el-escaparate/

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