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Calidad de Vida


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Vivir tras una coraza
3 Abr
2020
Escrito por juancarlos

Vivir tras una coraza »

Por Borja Vilaseca – Hay personas que tienen tanto miedo a ser heridas que terminan viviendo a la defensiva, mostrándose duras, frías y desafiantes en un intento desesperado de lograr el poder y el control del entorno en el que viven.
Muy pocas personas miramos fijamente a los ojos cuando hablamos con nuestros interlocutores. Debido a nuestra falta de seguridad, o de costumbre, en general solemos desviar la mirada a la nariz o la boca. Sin embargo, hay quienes no saben mirar de otro modo, clavando sus ojos sobre los nuestros de forma directa, franca y honesta. Y cuando nos encontramos con alguien que nos mira así, muchos solemos sentirnos algo incómodos, e incluso intimidados.
No es casualidad que a estas personas les colguemos el san benito de “desafiadores”. Quienes van de cara por la vida suelen irradiar un aura de poder y fortaleza. De hecho, suelen ser individuos que enseguida están al mando de la situación. Nadie pone en duda que son líderes natos. Y que desprenden un magnetismo de lo más seductor. Sin embargo, su liderazgo a menudo deviene en autoritarismo, en especial cuando se sienten amenazados. Es entonces cuando aflora su enorme visceralidad, arremetiendo con dureza y agresividad a quienes se atreven a confrontarlos.
Están tan acostumbrados a imponer su voluntad sobre los demás, que no soportan que nadie les diga lo que tienen que hacer. Poseen madera de jefes y algún que otro rasgo de tiranos. Más que respeto, los demás les tienen miedo.

¿Por qué tu tiempo y el mío no son igual de valiosos?
2 Abr
2020
Escrito por juancarlos

¿Por qué tu tiempo y el mío no son igual de valiosos? »

Dice la socióloga Judy Wajcman, en una cita que usa Julen Iturbe al reseñar su libro “Esclavos del tiempo”, que no será la primera en sugerir que “el concepto de que el tiempo de todo el mundo es igualmente valioso es auténticamente revolucionario”.
La frase subrayada, que suena tan simple y debería ser casi una obviedad, es “auténticamente revolucionaria” porque la mayoría de los mortales no cree en ella, ni la aplica, al gestionar e interpretar el tiempo de los demás. Fue leer a Wajcman y entender de pronto la carga de profundidad que transmite esa idea si nos la tomáramos en serio.
Una forma de hacerlo es preguntarnos por qué mi tiempo y el tuyo no suelen valer igual. Cuestionarse eso es “revolucionario” porque pone en entredicho la creencia general, tan arraigada desde la visión economicista con que esta sociedad juzga casi todo, de que una hora de la persona X vale más que la de Y por la mera razón de que es más cara, o porque sabe más, o tiene más estatus.
Es obvio que esa lectura siempre se puede hacer en términos de costes salariales y es el análisis clásico que cualquier empresa llevaría a una Hoja de Cálculo. Eso es así y punto. El problema viene cuando se extiende a la forma de tratar y valorar a las personas que son, en última instancia, humanos por igual. Que lo seamos significa que el tiempo nos afecta del mismo modo a todo/as.
Lo que quiero decir, o más bien creo que dice (y yo interpreto) Wajcman, es que el tiempo debería ser un factor de equidad, igualador, porque es un recurso finito para todos como la edad, la salud o la mismísima muerte. Pero en la práctica no es así: a más mercado, más desigual es el valor del tiempo de las personas.

Los héroes no son diferentes a ti
1 Abr
2020
Escrito por juancarlos

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Por Francisco Alcaide Hernandez  – Una de las creencias (siempre creencias) más extendidas entre la población, es pensar que aquellas personas que consiguen resultados, digamos excepcionales o extraordinarios, son ‘mejores’, especiales o que tienen talentos innatos superiores a los del resto.
Te diré que no es así. El problema nunca es nuestra incapacidad sino la creencia de que no somos capaces. No es una cuestión de poder, sino de creer que se puede.
En el Volumen 2 de Aprendiendo de los mejores (Alienta, 2018) se recogen las palabras de Tim Ferriss, quien dice: «Si eres inseguro, ¿sabes qué? El resto del mundo también. No sobrevalores a la competencia y te minusvalores a ti».
Todos tenemos dudas, miedos e inseguridades, aunque no lo creas. Incluso las personalidades más arrolladoras y ‘aparentemente’ seguras que te imaginas también, porque biológicamente estamos programados para la supervivencia y no para el reto. Por tanto, lo seguro y cómodo prevalece casi siempre frente a la incertidumbre y el desafío.
Te pondré un ejemplo que tal vez no sepas y que cuenta Adam Grant, Profesor de Wharton, en su libro Originales: Cómo los inconformistas mueven el mundo. El conocido artista Miguel Ángel, que pintó la Capilla Sixtina en Roma o El David en Florencia, tampoco era un portento de seguridad y hoy día es recordado, admirado y reconocido por la grandeza de sus obras.
Según Grant, cuando el Papa le pidió a Miguel Ángel que pintara la Capilla Sixtina en 1506, éste se sintió tan abrumado por sus inseguridades que huyó a Florencia y se escondió allí porque no se sentía capaz de llevar a cabo aquel encargo. El Papa tuvo que ‘perseguir’ literalmente al artista e insistirle una y otra vez para que aceptara el trabajo hasta que finalmente lo consiguió.

La atención no es un recurso, es nuestra manera de experimentar el mundo – y la estamos perdiendo
31 Mar
2020
Escrito por juancarlos

La atención no es un recurso, es nuestra manera de experimentar el mundo – y la estamos perdiendo »

por Jennifer Delgado Suarez – “Nos estamos ahogando en información, mientras nos morimos de hambre por sabiduría”. Esas fueron las palabras del biólogo estadounidense Edward Osborne Wilson a inicios del cambio de siglo.
No cabe duda de que estamos viviendo la época de mayor acceso a la información, pero esta es más fragmentada, caótica y fugaz que nunca. Navegar por ese mar de información no nos garantiza la sabiduría, sino que nos sume en una especie de sopor inducido por el bombardeo de datos proveniente de diferentes fuentes, un estado de “atención parcial continua” que termina fragmentando y dispersando una de nuestras herramientas más valiosas.
Como dijera el premio Nobel de Economía Herbert Simon: la información consume “la atención de sus receptores. De ahí que el exceso de información vaya necesariamente acompañado de una pobreza de atención”.
La trampa de la “economía de la atención”
La “economía de la atención” es una frase que se usa a menudo para explicar que la atención es un recurso limitado por el que luchan constantemente las noticias, las alertas y notificaciones del móvil, las personas que se encuentran a nuestro lado, los estímulos del entorno…
Sin duda, se trata de una narrativa útil en un mundo marcado por la sobrecarga de información donde los dispositivos y aplicaciones están diseñados especialmente para mantenernos enganchados.

Vayas a donde vayas
30 Mar
2020
Escrito por juancarlos

Vayas a donde vayas »

por Merce Roura – Vayas a donde vayas, hará frío, hará viento, sentirás miedo y a veces dolor… Vayas a donde vayas, pasará el tiempo y el sueño. Habrá recuerdos hermosos y recuerdos tristes. Habrá días de sol y de lluvia, habrá desconsuelo y habrá esperanza, alegría, retos, amigos, caminos que andar y puentes que cruzar de esos que al mirar abajo te harán cantar las tripas y temblar las piernas. Estarás seco y mojado, encogido y libre. Vayas a donde vayas te harás viejo o te sentirás joven. Te sentirás vivo o te sentirás roto. 
Vayas a donde vayas, habrá alguien que llora y necesita de tu abrazo y alguien que camina a tu lado para enseñarte el camino. Habrá risa y llanto. Habrá sed y habrá agua. Habrá amor y habrá guerra. Habrá noche y cuando acabe la noche, amanecerá sin que la noche puede evitarlo nunca. Habrá un ayer y un mañana, pero sobre todo, habrá un ahora, un presente, un momento que se escapa mientras te pierdes contando el dinero que te queda, culpándote por tus errores  antiguos y pensando qué le dirías a esa persona si no tuvieras miedo de hablar con ella.
Vayas a donde vayas, habrá mentiras y verdades maravillosas. Habrá miradas de amor y jueces severos. Habrá muros y montañas por los que trepar y valles tranquilos por los que mecerse un rato escuchando el silencio. Habrá amigos que te den la espalda y desconocidos que te alargarán la mano.