por Miguel E. Antezana C.

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Un espacio para aprender que no es necesario ser una empresa grande para ser una Gran Empresa
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por Miguel E. Antezana C.

Se acaba el ejercicio económico de la empresa y todas las áreas trabajan presurosas en redactar textos, elaborar cuadros, diseñar gráficos y sacar copias. Todo el esfuerzo administrativo se concentra en la elaboración del próximo Presupuesto Anual y en el Plan de Negocios del siguiente período.

La actividad no tiene nada de extraordinario, a no ser por algunos “detalles” que se han convertido en comunes dentro de la práctica gerencial latinoamericana: dichos documentos, luego de ser aprobados -por la Junta Directiva, la Asamblea de Accionista o el nivel jerárquico “superior” establecido para tal fin en la empresa-, se convierten en mamotretos que adornan las repisa de los encargados de las mismas áreas que los elaboraron. ¿Qué los convierte en inaccesibles para todo el mundo? ¿Qué los convierte en libros sagrados? Absolutamente nada. Es la falta de una cultura comunicacional lo que convierte a ese pesado ejercicio administrativo anual en algo inútil para la gestión empresarial.

Todo lo que se haga en la empresa y no se informe es malo; pero todo lo que no se comunique es inservible. Tanto las cifras (tan celosamente manejadas por Finanzas o Contabilidad) como las políticas, estrategias y acciones puntuales, deben pasar por procesos comunicacionales -previos y posteriores- para que se articulen con el quehacer, con el día a día, de la organización.

Informar es sólo transmitir mensajes y, por ello, es la forma básica, elemental y casi exclusiva de los cargos supervisores para emitir órdenes a sus subordinados. Sin embargo, este proceso -que es unidireccional- acarrea muchas fallas e impide la obtención de materia prima valiosa para perfeccionar los diversos procesos empresariales u organizacionales.

Al limitarse a informar, el supervisor o gerente asume que las indicaciones dadas son correctas, perfectas e infalibles, lo cual es totalmente errado. El limitarse a informar es negar la realidad, es tapar el sol con un dedo y es menospreciar el capital humano con el que cuenta la organización. La limitación a informar es ponerle una barrera a la posibilidad de mejoramiento continuo y es una muestra evidente de mala gerencia.

¿Para qué comunicar?

La comunicación es la actividad humana por naturaleza y es la que mejor realiza el hombre desde que nace. La retroalimentación –o feedback- es la base del proceso mediante el cual las personas adquieren, comparten y generan conocimientos. La comunicación, como proceso bidireccional y hasta multidireccional, permite el enriquecimiento de todos los involucrados, pues ubica los mensajes transmitidos en un paso intermedio y previo a un resultado final mejorado, consensuado y aceptado por los participantes.

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En la empresa u organización, la comunicación genera utilidades tangibles e intangibles, y transforma a los empleados en generadores de valor. Partiendo sobre la base de que el personal contratado se ajusta a las necesidades empresariales (por eso fue seleccionado), impedir que se comunique y participe de los procesos “gerenciales” es desaprovechar una fuente inagotable de ideas, de visiones y de aportes vivenciales.

El gerente debe tener la capacidad y la preparación adecuadas para administrar y utilizar los aportes del personal a su cargo –resultantes del proceso comunicacional- y convertirlos en factores de cambio positivo en la gestión de su respectiva área. Es precisamente éste el mecanismo a través del cual puede validarse que los Planes de Negocios y Presupuestos sean reales, ejecutables y sus metas alcanzables. Sin la participación efectiva de todos y cada uno de los integrantes de la organización, dichos documentos se convertirían en un simple ejercicio teórico y perderían valor estratégico para la empresa.

Gasto frente a inversión

La ausencia de una verdadera cultura comunicacional –pese a que puede existir en la empresa un área de “Comunicaciones”, de “Comunicación Corporativa”, o similares- es la principal causante de que los procesos comunicacionales no sean manejados con criterio gerencial y que se tenga una visión equivocada de los recursos que deben destinarse a ellos.

El hecho de que las actividades de comunicación se realicen en el corto plazo, pero que los resultados reales se perciban en el largo plazo, es la realidad que debe considerarse para entender que se habla de inversión y no de gasto. Por ello, la correcta interacción con los públicos objetivo de la empresa, tanto internos como externos –como dice una conocida publicidad- no tiene precio.

Autor Miguel E. Antezana C. Artículo publicado en el diario “El Mundo” (Caracas, Venezuela),

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