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Deja atrás la esperanza de una vez por todas

por Esteban Owen

¿Te has puesto a reflexionar alguna vez acerca del sentido de algunas de las frases de la “sabiduría popular”?

Una de las que a mí me resultan más curiosas es la famosa “lo último que se pierde es la esperanza”. Muchos pretenden animar a sus amigos y seres queridos, en medio de alguna situación difícil, diciéndoles cosas como “nunca pierdas la esperanza”.

La palabra “esperanza” tiene la misma matriz que “esperar”. Entonces, ¿cuál es la propuesta de aquellos que invitan a no perder la esperanza? La imagen que surge es la de alguien que permanece en una actitud quieta, aguardando que algo o alguien venga, o que un acontecimiento advenga. Es una actitud pasiva.

Habitualmente estas expresiones tienen el sentido de una invitación a mantener la fe y la confianza, ya sea en un Ser o una Inteligencia trascendentes, o en las “vueltas de la vida” que traen tiempos más calmos al cabo de una tormenta.

Pero la esperanza, en tanto actitud de espera, suele ser una trampa. La fe que obra “milagros” es aquella que moviliza a los héroes cotidianos detrás de objetivos y metas, animándolos a atravesar los desafíos que se cruzan en sus caminos.

“La esperanza no es una estrategia”, es el título de un libro (en inglés) que aborda la cuestión de las ventas.

La esperanza no es una estrategia

Efectivamente, una “estrategia” es un plan, con un objetivo a alcanzar y acciones a realizar para lograrlo. La “esperanza” o, mejor dicho, la fe y la confianza, pueden formar parte de tu estrategia si eres un creyente o una persona con conciencia espiritual.

Esta cuestión se me hizo muy clara con un libro que leí hace unos años: “Sincronicidad: El camino interior hacia el liderazgo”. Allí Joseph Jaworski, un “exitoso” abogado norteamericano (“exitoso” de acuerdo con los paradigmas dominantes) describe las sorprendentes “coincidencias” que comenzaron a sucederle después de su “despertar” y el giro de 180 grados que le dio a su vida y su carrera profesional.

Lo que Jaworski nunca explica –seguramente porque él mismo no lo quiere ver– es que su “éxito” fue, en un sentido, el mismo después del cambio de rumbo en su vida que el que tenía antes. Que quede claro, aquí estoy usando la expresión “éxito” estrictamente en el sentido del logro de resultados, o sea, alcanzar en muy alto grado los objetivos que se proponía.

Lectura relacionada  Ben Horowitz: La deuda de gestión. 

La espera(nza) nunca formó parte de su estrategia. Sí, por supuesto, una muy alta dosis de fe, confianza y optimismo como combustibles que lo animaban a tomar acción detrás de cada uno de sus objetivos y propósitos.

Esperar que tu negocio finalmente comience a crecer no es una estrategia. Plantearte objetivos y tomar acción con un claro propósito y un camino en mente, eso es confianza y es clave para que este año comiences a tener resultados acordes al bienestar y la prosperidad que anhelas.

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