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Y los millennials…, ¿qué?

Por Ignacio Iglesias Lozano

Creo sinceramente que les estamos dando una relevancia mucho mayor de lo que se merecen, sin que eso suponga que quiera subestimarlos. Voy a intentar explicarme buscando ser ecuánime.

Para empezar, me parece lineal y simplón unificar a toda una generación entre 20 y 35 años, como personas que “están cortadas todas por el mismo rasero”.

Afortunadamente, pese a estar entrando en la era de la robótica y de la AI (Inteligencia Artificial), todavía somos personas, cada una con su ADN, sus particularidades, vicios, manías, virtudes y esa es la mayor riqueza del género humano.

¿Qué es lo único que podrían tener en común estas personas? La respuesta podría ser tan simple como que han crecido en la era de la información, de la inmediatez, de la interconexión permanente.

Sin embargo, este hecho de calendario no da “autoridad”, a aquellos dentro de este grupo que así piensan, a creer que lo saben todo, a cuestionar, descalificar e incluso mofarse del trabajo y de la cultura de muchas organizaciones, que han sobrevivido a muchas generaciones y que, sin duda, sobrevivirán a la suya.

Les falta, entre otras cosas, la experiencia, palabra que no se debería olvidar nunca. Estar conectados e informados no significa en absoluto que sepan y que estén “sobre preparados” para afrontar cualquier reto laboral que les pongan por delante, en un tiempo mínimo.

No señor. La capacidad de crecimiento profesional se basa tanto o más, en el esfuerzo, en la perseverancia, en el trabajo diario…, que en el “supuesto” conocimiento (muchas veces, mera información). Incluso, teniendo el verdadero conocimiento, este es condición necesaria, pero no suficiente para crecer.

Está más que demostrado que el desempeño es cuanto mejor en la gente constante y enfocada, que en aquellos talentosos (por estar informados) y dispersos.

Se crece profesional y personalmente “haciendo” y relacionándose con la gente que nos rodea. Hablo de relaciones que se basan en la colaboración, el trabajo en equipo, en el “contacto”.

Por eso, el ensimismamiento de muchas personas de esa generación que viven por y para la tecnología, buscando más relaciones virtuales que reales, no les va a generar más que carencias en todos los sentidos.

¿Significa esto que todos los Millennials son dispersos y poco constantes, como muchas veces se les cataloga?

En absoluto. Hay dentro de este grupo, personas comprometidas, talentosas (de conocimiento, no de información), respetuosas (que palabra tan importante y a la que cada vez se le da menos valor), que saben que los tiempos que se necesitan para alcanzar ciertas metas, son los que son y que “no quieren correr, cuando todavía están empezando a andar”; saben que hay que lograr un objetivo, para ir a por otro y que todo llega a su debido tiempo; priorizan y saben ser previsores.

Estos son los que realmente interesan a las empresas, porque aportan frescura, nuevas ideas, alegría…, pero respetando lo que existe.

Con estos “Millennials 2.0”, es con los que hay que contar y mucho, para mejorar, para crecer, para adaptar la cultura empresarial a la nueva realidad. Los otros, los “1.0”, los caprichosos, los ansiosos, los que se lo saben todo, que sigan en su mundo irreal.

Por todo lo anterior, es por lo que creo que no debemos dar a este grupo de nuevos profesionales más importancia que al resto de las generaciones de los últimos cincuenta años, porque no dejan de ser eso; una nueva generación. Y como en toda generación, habrá Millennials “confiables” y otros no tanto.

Conversando estos días con amigos y colegas sobre el artículo de la semana anterior, salieron a la palestra una serie de temas que han dado pie a esta columna.

Al parecer, en muchas universidades se está poniendo de moda “meter el gusanillo” a los alumnos para que enfoquen su carrera profesional por el lado del emprendimiento. El argumento que aducen para ello, de manera generalizada y simplista, es que emprender es la única manera de ser disruptivo, de hacer cosas diferentes e innovadoras y de contribuir a hacer un mundo mejor. Esos argumentos me parezcan absolutamente “peregrinos” y sinceramente no creo que sea la mejor manera de contribuir al desarrollo profesional de las personas. ¿Por qué?

• No todas las personas tienen el ADN o talante que se requiere para ser emprendedores. Es una habilidad que está al alcance de muy pocos

• Ser emprendedor exige un nivel de constancia, responsabilidad, trabajo, claridad mental, inteligencia …, que puede chocar con lo que puedan pensar ciertas personas; los denominados millennials 1.0, que basan su filosofía de vida laboral en la inmediatez, poca paciencia y puro capricho. Demanda mucho SACRIFIO. ¿Estarán dispuestos?

• ¿Quién ha dicho que en una empresa “normal” no se pueda ser disruptivo, innovador? Hay miles de ejemplos de compañías con decenas de años en el mercado que han sido capaces de reinventarse, adaptarse e incluso adelantarse a la realidad cambiante en la que estamos inmersos. Hay que dejar de lado “los clichés” de que solo las denominadas “start ups” son capaces de innovar y que deben ser el feudo “natural” de los millennials. Sin duda que hay multitud de “star ups” que son realmente magníficas y dignas de admiración, pero hay muchas más que se han quedado en el camino. De esas no se habla. No aparecen en las revistas de economía o en las páginas “salmón” de los periódicos. Pero como diría aquel, “haberlas, haylas” y ¡muchas!

• ¿Se han parado a pensar que una gran parte de las personas que llegaron a ser emprendedores de éxito y marcar el camino del progreso en ciertos sectores, empezaron trabajando en empresas más o menos “convencionales? ¿Se han parado a pensar que es muy probable que su experiencia en esas empresas les haya ayudado a posteriormente ser exitosos en sus emprendimientos? ¿Es posible que en estas empresas aprendieran a convertir una gran idea en un gran proyecto/negocio? Las ideas suelen ser magníficas, otra cosa es hacerlas viables en todos los sentidos

• ¿Quién puede asegurar que trabajando de manera organizada, con procesos, en un ambiente de trabajo en equipo, con gente entusiasta (también los hay en organizaciones al uso), no se ayuda a que la gente potencie la capacidad para trabajar “out of the box”?

• ¿Hay alguien que pueda asegurar que en una gran parte de esas organizaciones no haya un componente social en su ADN que busque contribuir a un mundo mejor? ¿Es también algo exclusivo de las “nuevas empresas”?

Estas son algunas razones que me hacen concluir que no hay nada mejor que pasar por una organización establecida antes de convertirse en un potencial emprendedor con ciertas garantías de éxito. Incluso, puede servir para darnos cuenta de que no tenemos ese ADN o que puedo desarrollarme personal y profesionalmente trabajando “por cuenta ajena” y ser disruptivo-innovador-diferente y, además, ¡muy feliz!

Pensemos y no prejuzguemos de manera tan simple.

Fuente: https://www.larepublica.co/analisis/ignacio-iglesias-lozano-2561915/y-los-millennials-que-2598699

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Comentarios (1)

  1. Federico Sanchez dice:

    Excelente artículo, pleno de sentido común y de realidad. Es cierto que cada generación aportar grandes cosas y hay que aprender de cada una, pero sin despreciar ni mitificar ninguna. De la diversidad la riqueza. Enhorabuena

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